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Valores

Juan José Toro M 24/12/2020 05:00

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Fue un mal año. Esto, que decimos en las horas precedentes a la Noche Buena, lo vamos a repetir dentro de una semana, cuando estemos esperando la Noche Vieja.

Y es que lo fue. Y no necesitamos decir por qué. El 2020 tuvo un nombre: pandemia.

Pero… en una fecha como esta, ¿no cabe la reflexión?

Buscar culpables por los efectos que ha dejado el confinamiento es labor de políticos. Ellos están acostumbrados a echarle la culpa de todo al enemigo. Quienes no lo somos, tenemos que buscar otras explicaciones.

Bolivia tuvo que encerrarse, para evitar más contagios y mortandad, debido a que la gente no sabe, o no quiere cuidarse. Todavía hoy, con la segunda ola ingresando a nuestras casas, existe gente que no cree en el coronavirus, lo considera un invento —para colmo, “de la derecha”— o parte de una conspiración. Se descalifica los pedidos de uso de barbijo y se les otorga otra connotación. En La Paz encontré una pintada que resumía toda esa estupidez: “la nueva normalidad es la vieja sumisión”.

¿Por qué llegamos a esas conclusiones? El último sábado, cuando Bolívar y The Strongest volvieron a enfrentarse, las insufribles redes sociales se llenaron de mensajes al respecto, así que hice un pequeño experimento: pregunté a mis contactos, a los que no viven en el planeta fútbol, si sabían qué era la Memoria del Mundo. Obtuve buenas respuestas, pero no faltó uno que, pese a la claridad del pedido, “le metió nomás” su comentario futbolero: “Perdió el papá”, gimió y, por si fuera poco, me dijo que debía leer, ilustrarme, analizar las razones, supongo que de esa derrota.

La Memoria del Mundo es un programa de la Unesco destinado a preservar los documentos y objetos que constituyen testimonios del pasado, es el equivalente documental del programa Patrimonio de la Humanidad, e inscribió en estos días hasta 11 de ellos, todos bolivianos, con miras de preservación.

El fútbol es importante y también ha pasado a formar parte de nuestra historia —ahí está el caso The Strongest en la Guerra del Chaco—, pero no puede tener más importancia que el patrimonio documental. Uno de los grandes problemas de nuestro país es que mucha gente pone al fútbol por encima de las cosas y, por eso, se construyó canchas en lugar de hospitales y, recientemente, se nombró viceministra a una atleta de ese deporte.

Y es que los valores han cambiado tanto que hoy nadie tiene vergüenza de chuparle las tetillas a un político para conseguir un cargo.

Con las escalas de valores alteradas, la salud importa poco y las muchedumbres pueden llenar estadios. En medio, el virus hace su agosto en diciembre.



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