Opinión

Velocidad de vacunación para ganarle a la cuarta ola

Editorial El Deber 9/10/2021 05:00

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Desde marzo del año pasado la pandemia azota al país, y antes también al mundo. La llegada de las vacunas fue aliviando el padecimiento que había producido crisis en todas las altitudes. Desde la semana que viene Bolivia habrá recibido 14.221.880 vacunas de cinco farmacéuticas para inmunizar a su población vacunable que se estima en poco más de 7.190.000 personas.

Detrás de estas prácticas de las que hubo que aprender casi desde cero, no se vieron coordinaciones efectivas entre el poder nacional y las gobernaciones para llevar adelante un plan riguroso y efectivo. Se actuó muchas veces al calor de los acontecimientos, a los humores vernáculos y a una férrea decisión de distribución por población. Desde el principio fue tomando un tono centralizador y político ante un clima de carencias y necesidades, que no provocó más que aceptar las reglas del juego.

La vacunación comenzó con entusiasmo a pesar de la falta de información y campañas efectivas. Los cambios sobre la marcha causaron mejor impacto gracias a los jóvenes que se apuntaron rápido a poner el brazo. Pero a medida que las rispideces aumentan entre las instancias encargadas de llevar adelante el plan, la población se ve afectada, disminuye la asistencia a los centros, descuida el autocontrol y un leve aumento de contagio parece asomar en las recientes estadísticas.

De acuerdo a cifras oficiales se han colocado 6.915.000 dosis anticovid en todo el territorio boliviano. En el país la población vacunada ronda el 60% con primera dosis y poco más de 40% con el esquema completo de vacunación. Lentos y casi últimos en la región.

La falta de diálogo y unidad por causas comunes provoca de nuevo acusaciones y disputas absurdas de quién hizo o dejó de hacer una cosa o la otra. De nuevo la política mal entendida contamina la salud de todos. Es tarea de los protagonistas, en todo caso, restaurar el camino de la vacunación masiva, de los controles exhaustivos y del cumplimiento de las normativas protocolares para lograr antes que sea tarde el porcentaje deseado de la inmunidad colectiva.

Faltan varios millones de personas por vacunar. Las cifras son claras. De las que casi 3,5 millones de salubristas, maestros, personas de la tercera edad, mayores de 18 años y mujeres en gestación, recibieron la primera dosis de la vacuna contra el covid-19, por su parte se aplicó a más de 2,5 millones de personas la segunda y a 888.981 la dosis única.

También hay discrepancias en el criterio de ampliar el espectro por edades. El Gobierno decidió sin explicación alguna vacunar a mayores de 16 cuando lo que se estaba haciendo desde el inicio era a solo mayores de 18 años. Pero el anuncio vino de la mano del arribo de 1.008.102 dosis de vacunas Pfizer donadas por el mecanismo Covax, destinadas a vacunar a medio millón de estos nuevos y jóvenes brazos disponibles.

La falta de amplitud etaria obedecía entonces a la falta de vacunas, sin embargo y ante el pedido de continuar ampliando la vacunación para jóvenes de 12 o 14 años en adelante, el silencio se hace más mustio. Ni hablar de la posibilidad de la tercera dosis.

Cuando se trata de salud pública los debates parecieran ser una mala idea, así como también la libre exposición de juntas médicas y la argumentación de colegios profesionales para que se los tome en cuenta, porque la comunidad científica no está exiliada dentro de sus mandiles blancos y puede aportar su energía y experiencia.

Es que la pandemia le enseñó al mundo, sobre todo en los países más receptivos, que la voz de los que saben se escucha con más fuerza para poder tomar mejores decisiones políticas en beneficio de todos. Es mejor apurar la vacunación y lograr la inmunidad colectiva que seguir prediciendo la cuarta ola como si fuera el apocalipsis.

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