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Vergüenza, mentiras y estupidez

Carlos Federico Valverde B 15/3/2020 03:00

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Algún día la historia recordará que Santa Cruz de la Sierra fue la primera ciudad y Bolivia a continuación, el primer país en el mundo, que se opusieron a que los enfermos de Covid-19 (coronavirus) tengan atención en algún establecimiento de salud.

Se dirá que vecinos, médicos y trabajadores del campo de salud entraron en histeria colectiva e impidieron que una mujer sea internada en un centro de salud; que apedrearon la ambulancia que la trasladaba; que secuestraron al personal de la ambulancia y del Gobierno Departamental; que la intolerancia y la insolidaridad se adueñaron de gran parte de la población que, sin haber participado, se sumó militantemente a la idea de que no se tenía nada preparado para enfrentar la pandemia mundial.

Llamados de todo tipo a copar las puertas de los lugares donde posiblemente se dirigiría la mujer, mensajes de wasap, redes sociales en alerta mostraban un alto porcentaje de la población cruceña dispuesta a lo que haya que hacer con tal de evitar que la mujer esté en cercanías de sus viviendas.

¿Qué significaba “últimas consecuencias”? ¿Estaban dispuestos a lapidar a la mujer con jones y cascotes, para defender una especie de derecho individual/vecinal por encima de la racionalidad y la legalidad?

Esa es la vergüenza.

Que empleados del sistema de salud argumenten que no iban a permitir el ingreso de una persona enferma/infectada del mal que azota al mundo al Hospital San Juan de Dios, bajo el argumento de que no estaba preparado para tal situación fue y es una mentira muy grande y perjudicial. En efecto, los trabajadores del Hospital San Juan de Dios se plantaron en una vigilia para rechazar la internación de la primera víctima conocida en el país como portadora de coronavirus.

La “razón” de los trabajadores fue que: ese hospital no contaba con condiciones para la atención de pacientes con coronavirus, mentira grosera y probablemente cargada de motivaciones políticas que hace daño a un trabajo de años llevado adelante por el sistema departamental de salud que hizo lo posible para que el mismo sea considerado un “Hospital Centinela” (junto con otros 3) para infecciones agudas graves, convirtiéndose en un hospital de referencia en Sudamérica.

Tal condición de “centinela” no fue trabajada pensando en el coronavirus, sino para otras situaciones anteriores como el chikunguña, zika e influenza, emergencias y eventualidades en las que Santa Cruz tuvo un rol interesante en la contención de tales enfermedades que azotaron a muchas ciudades de Sudamérica , sin que en este departamento se haya llegado siquiera a la media de otras ciudades con mayores capacidades económicas e infraestructurales del continente.

Esa es la mentira del título

Y esa mentira se convierte en estupidez cuando los sindicatos en la mañana del viernes 13 de marzo reiteraron su oposición “hasta las últimas consecuencias” y que se sentían apoyados por la población (cuál?) en su negativa, porque no estaban preparados ni capacitados para tal eventualidad sin detenerse a pensar que entre la influenza y el coronavirus hay una semejanza en patrones y que una emergencia es igual a otra, así los grados de contagio varíen y que la experiencia de los trabajadores en salud no necesita entrenamientos muy especiales porque se supone que están preparados para atender enfermos de epidemias infectocontagiosas; desde mi punto de vista, lo que los dirigentes sindicales ensayaron fue un boicot político en cercanía de elecciones, sin considerar la gravedad de sus actos, situación que cambió a las pocas horas, cuando la Gobernación reiteró que de ser necesario se usaría la fuerza policial para abrir hospitales y se respaldó la acción de la fiscal departamental que avisó el inicio de acciones legales.

Así, en pocas horas los sindicatos cambiaron de posición y resultó que “el San Juan” está preparado “y el sistema también” para recibir a las víctimas de la enfermedad que, como dice la señora Angela Merkel (canciller de Alemania), mucha más gente (60-70%) de la población podría verse afectada.

Pensá mal que acertarás, dice el dicho y creo que no estoy lejos si pienso (para mí nomás) que el objetivo de más de uno del sector salud era “un nuevo bono” o… política buscando dañar a alguien sin entender que en esto estamos juntos todos.


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