Impreso

OPINIÓN

Víctima de sus propias bajezas

Carlos Federico Valverde B 23/8/2020 03:00

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Debo ser uno de los periodistas que más ha escudriñado en los oscuros vericuetos en los que se ha movido y se sigue moviendo Evo Morales; decidí hacerlo al ver que se construía tras de él (más bien bajo sus pies) un despreciable relato que lo presentaba como un hombre bueno y humilde con una tremenda vocación de servicio cuando en realidad todo ello configuraba un descarado intento de construir primero y agigantar su poder después.

Lo investigué más de 7 años hasta que escribí el libro Evo, mito y engaño; en ese libro denuncié que se pretendía construirlo como una especie de Mesías. Como ellos decían, este debía ser “el” especial, el que llegaba después de los Katari, con los que lo hermanaban en su lucha “social”, que no era otra cosa que la defensa de la hoja de coca. Luego, cuando se les encaramaron los García Linera y los ‘Comuna’ (que lo abandonaron al poco tiempo), devino en líder de “lo indígena”, cuando es fácil hacerle un seguimiento y constatar que hasta antes de que estos (Comuna) lleguen a su lado nunca se refirió a los derechos de los indígenas ni a la izquierda a la que dice representar quien nunca jamás leyó una línea de lo que significa ser de izquierda, peor del devenir de la misma en la construcción de una democracia en la que él no cree. Sostuve entonces y lo seguiré haciendo que a Morales la democracia le sirvió para llegar al poder, esa misma democracia lo sacó tras del fraude.

Pero no escribo para hablar del fraude electoral de Morales, sino del fraude que es este personaje que comienza a ser conocido en su verdadera expresión, o sea, como lo que es, un sátiro, un hombre deshonesto, obsceno, lujurioso, lascivo obsesionado por niñas/jóvenes, apenas púberes a las que, desde hace años, antes de ser presidente, cuando apenas era un dirigente cocalero, seduce con su poder de liderazgo; y digo liderazgo porque jamás se me ocurriría negar que el hombre es un líder que se distinguió siempre en ese campo, desde que, expulsado de Orinoca en busca de mejor futuro, su padre lo llevó con él al Chapare cochabambino.

Mi estudio sobre el personaje de marras es detallado porque merecía ser así; descubrir que Iván Canelas (Mi vida, de Orinoca a Palacio Quemado) lo dibujó como un Mesías al que “los ancianos” de un pueblo le pidieron a su padre que lo había extraviado y lo encontró jugando futbol que no lo regañe porque niños como él “llegaban a ser presidentes” o que la partera le hizo oler a su madre harina mezclada con agua y un poco de alcohol y lo parió enseguida, con la intención de emular los pasajes bíblicos de Jesús en el tempo, discutiendo con los sabios o que nació gracias al pan (Yo soy el pan de la vida) y ponerlo en evidencia fue parte del trabajo.

Así como se publica, se desecha mucho material. Eso pasó con Morales cuando se encontró mucha información (que está saliendo ahora, como los certificados de nacimiento de varios supuestos hijos suyos) que no pudo ser corroborada porque en ese tiempo nadie se atrevía a reconocer haber sido engañada, abusada o seducida por el presidente más poderoso del que tenga memoria este país; además del miedo, no me queda duda, que Morales repartió una buena cantidad de dinero y amenazas para mantener bocas cerradas y víctimas calladas, por eso no publiqué, porque si no hay constancia de ello, un libro o una publicación no debe especular.

El libro desnuda a Morales en otras facetas de su vida; su modo corrupto de manejar el poder fueron el objetivo, aunque está la parte de su negativa a reconocer a sus hijos, Eva Liz y Álvaro, ambos reconocidos al final por presiones de las madres, hecho que, en el caso de Eva Liz Morales Alvarado casi lo deja fuera del Parlamento porque su madre inició acción legal para tal reconocimiento; lo mismo pasa con su hijo Álvaro, que no se sabe qué hace; al menos Eva Liz consiguió que la hagan abogada los que le tuvieron miedo al presidente con rasgos de dictador.

Esto que está pasando ahora, el tema de Noemí Meneses, es simplemente la consecuencia del “animal sebado”. Me explico: Morales se creyó tan impune con su poder que no se dio cuenta de que al salir de huida ya no lo tenía y no supo frenar a su manceba (concubina ocasional, amante) que creyó que seguía teniendo poder y andaba en un vehículo de la Gobernación de Cochabamba, seguramente otorgado por la autoridad de ese tiempo por instrucción del “Jefe” (nunca se denunció el robo) y tras de haber sido detenido el vehículo, el tema se destapó: Ese es el asunto que en verdad va a acabar con Morales: el de su debilidad por las niñas/jóvenes, apenas púberes.

La declaración que Meneses hizo hace unos meses en la Policía es muy interesante porque es la única que se ha presentado como “la mujer” de Morales, la que vivió con él unos días en México y luego en Buenos Aires. Esa declaración es muy interesante porque ella busca tapar el delito al manifestar que si bien lo conoce de antes, desde sus 16 años y sugiere alguna relación más allá de la amistad, recién se reconoce como su pareja cuando cumplió 18. No importa si se desdice en una carta a la Defensora del Pueblo (en realidad defensora de Evo Morales) donde asegura haber sido presionada y maltratada por la Policía, declaración que envía con su firma recién en agosto de este año; es decir, meses después de haber dado detalles de su relación con el abusador de menores, habiendo tenido tiempo de hacerlo apenas llegó a Buenos Aires, habida cuenta que, salvo su hermana que está detenida y enjuiciada por terrorismo en el caso de “cierren las ciudadaes, que no entre comida” (a Faustino Yucra), toda su familia (de ella) está fuera del país. Vaya uno a saber si ellos también y por extensión, bajo protección del Estado Argentino, cuyo presidente en algún momento deberá responder a su país, si Morales, con su conducta es merecedor de semejantes cuidados.

Para mí la declaración no tiene mayor importancia que la constatación de la relación entre la joven víctima (aunque no lo parezca, lo es) y el abusador, porque los chats (WhatsApp) tienen como fecha el año 2020; es decir cuando ella ya tiene mayoría de edad. Pero hay indicios y se puede ir para atrás, buscando legalmente otras conversaciones, otras líneas telefónicas, otras fotografías (hay algunas que tienen más importancia como las del Dakar 2017). En fin, hay mucho aun para armar el caso legal, el que, de ser bien trabajado, va a terminar con Evo Morales detenido por corrupción de menores y por violación y estuprador; ese es un hecho.

Por el momento, lo único que hay en claro es que Morales ya ha sido puesto en evidencia y se demuestra lo que mucha gente dice; es cuestión de darle tiempo al tiempo. Mientras, en su partido ya se plantean la necesidad de que el hombre se mantenga al margen de la campaña y hasta que cierre su cuenta de Twitter para no perjudicar más la candidatura de Arce Catacora, que seguramente será el blanco que deberá decir algo sobre ello cada vez que abra la boca, situación que lo va a llevar a no salir a medios que no sean los de su partido, pero, hasta los cocaleros terminarán abandonándolo. Al final nadie querrá tener relaciones con un delincuente que arrastra tras de sí uno de los delitos más aberrantes y perseguidos por la ciudadanía mundial.

A ver si se entiende que éste ya no es el tiempo en el que gente como Evo Morales pueda seguir cometiendo sus tropelías; es necesario que se entienda eso como que, desde la vereda del frente se evite publicar cosas inexactas que hagan daño a la investigación que busca información cierta.

Morales es culpable y ya está declarado culpable en ciudades y pueblos del país; el único que no se ha enterado de eso es él y es tiempo que en Argentina se lo sepa también, así se le aplica el repudio correcto.