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En su constante búsqueda de mé- todos para conquistar el poder político, el MNR llegó a promover dos alzamientos armados que fueron intentos serios para cambiar el orden de las cosas: La guerra civil del 20 de agosto de 1949 y la revolución del 9 al 11 de abril de 1952.

“Nos habían cerrado el camino legal que era el del sufragio –recuerda Paz- y no quedaba otro modo de llegar al Gobierno que a través de la revolución”.

En ambos eventos el ‘jefe’ fue el gran ausente, mientras sus correligionarios se batían contra el ejército patiñista en las calles y barriadas de las principales ciudades del país, jugándose la vida en el intento por desplazar del poder a la oligarquía minera-feudal como la denominó Augusto Céspedes.

El doctor Paz pasó esos acontecimientos asilado en Montevideo y Buenos Aires, impedido de sumarse al esfuerzo de sus compañeros. De las citadas capitales no podía salir y al país no podía ingresar porque el asilo político se lo impedía.

Al extremo que, para salir de Montevideo a Buenos Aires, para asistir a su hija enferma, tuvo que realizar un trámite burocrático de nunca acabar.

Con relación a la guerra civil, él mismo declara en una entrevista en 1973, que del conato y su preparación no estaba enterado por efecto de la incomunicación, apenas logró conocer sus resultados adversos por los nuevos desterrados del régimen de Mamerto Urriolagoitia. Consultado sobre si sabía pormenores de la revolución de abril, responde: “Yo no tengo un conocimiento personal porque me encontraba en Buenos Aires”.

Ni siquiera se enteró de que la Revolución estuvo a punto de fracasar en el tercer día de combate sostenido, solo supo de las ‘incomodidades’ que le deparó el vuelo largo de retorno al país en un avión carguero sin asientos. Pero otra cosa fue cuando pisó suelo boliviano y fue llevado en andas por el pueblo como un gran héroe hasta el Palacio Quemado (hoy convertido en museo histórico) donde juró poner en vigencia las medidas sociales prometidas durante el sexenio (1946-1952).

Dicen que el doctor Hernán Siles Zuazo, “el hombre de abril”, intentó suplantarlo pero sin éxito, y tuvo que conformarse con ser la piedra en el zapato, al grado de que, cuando fue el golpe militar del 4 de Noviembre, y antes de abordar el avión que lo llevaría a Lima-Perú, el doctor Paz, lo sindicó de haber tramado el golpe. Textualmente dijo: “Siles también participó del derrocamiento del MNR, tanto que Barrientos en una oportunidad lo consideró gran artífice del 4 de Noviembre”, pero omitió decir que el principal conspirador fue el Tío Sam.

Le faltó decisión para defender la revolución que recibió en bandeja de plata para en la misma forma entregarla en manos de la reacción. Un grupo de civiles intentó la defensa en el cerro de Laicacota, pero todo fue vano, porque ahí “se disparó sobre el cadáver de la revolución”, al decir del escritor Sergio Almaraz Paz (+).

Nosotros, siguiendo el sentido figurado, agregamos que el cadáver insepulto buscará en las elecciones de octubre, renacer de sus cenizas o desaparecer para siempre sigla y todo, y en el mejor de los casos quedar como dato histórico, lo último parece lo más probable.

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