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En marzo, el presidente Donald Trump anunció que reduciría la brecha comercial entre Estados Unidos y China en $us 100.000 millones, mediante la aplicación de aranceles de un 25% a la importación de productos chinos. Los tambores de guerra comercial sonaban fuertes. Trump había ordenado imponer gravámenes a los paneles solares, lavadoras de acero y aluminio.

Dos meses después, la amenaza de Trump funcionó. El mundo se ha sorprendido ante el anuncio que las hostilidades se suspendían. Estados Unidos y China han decidido rebajar la tensión en el frente arancelario y, tras dos días de intensas reuniones en Washington, han cerrado un principio de acuerdo. Pekín aceptó reducir el déficit comercial de EEUU (cifrado en $us 375.000 millones en 2017) y ambas superpotencias han dejado sin efecto las subidas tarifarias que amenazaban con desencadenar una guerra sin precedentes con dimensiones planetarias. En todo caso, Donald Trump ha logrado, de momento, una victoria insospechada.

La prensa mundial tomó esta noticia hasta con cierto recelo ya que el pacto no ha sido presentado con las habituales fanfarrias. Trump se ha mantenido en silencio y los negociadores han evitado cualquier triunfalismo. Todos saben que el camino aún es largo. Pese a las buenas intenciones, no se ha hecho pública ninguna cifra y la petición del director del Consejo Nacional de Economía, Larry Kudlow, de que China reduzca el déficit estadounidense en $us 200.000 millones al año, tampoco ha sido aceptada. 

Más que la paz final, lo que se ha pactado en Washington son las condiciones de un armisticio. El diálogo continúa y ahora un equipo estadounidense, liderado por el secretario de Comercio, Wilbur Ross, viajará a Pekín para trabajar en los detalles y resolver los problemas comerciales y económicos de forma proactiva. Se ha llegado a un consenso y no habrá una guerra comercial. 

Aunque el pacto es todavía difuso, tiene una base sólida. China ha cedido públicamente a la presión de Trump y ha reconocido que tendrá que aumentar las importaciones de EEUU. Para satisfacer las crecientes necesidades de consumo del pueblo chino y el requisito de un desarrollo económico de alta calidad, China incrementará sus compras de bienes y servicios estadounidenses. Esto ayudará al crecimiento y al empleo en EEUU. Ambas partes también han acordado incrementos sustanciales en exportaciones agrícolas y energéticas estadounidenses. 

Incrementar las importaciones estadounidenses calentará la economía americana, generará más empleos y seguramente reposicionará a EEUU en las alicaídas relaciones que viene teniendo con la Unión Europea. Esta noticia, aunque pareciera muy distante a la economía y al comercio exterior boliviano, no deja de ser alentadora y seguro beneficiará a las exportaciones bolivianas, pero como siempre en casa aún hay muchos temas que resolver. Se guarda esperanza de que las autoridades bolivianas liberen las exportaciones y promuevan inversiones, asignatura pendiente desde hace 12 años.

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