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Victoria pírrica

Ronal Tineo 11/3/2021 05:00

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El triunfo electoral alcanzado por el señor Luis Fernando Camacho no fue tan contundente como pronosticaron sus electores y los grupos de poder que lo apuntalaron antes y durante la campaña que se caracterizó por la guerra sucia de ida y vuelta con el candidato del MAS, a tal grado que los debates semejaban un careo entre sindicados, como si sacarse mutuamente los trapos sucios fuera más importante que exhibir y defender sus proyectos de gobierno. Pese al papelón que hicieron, la preferencia electoral se inclinó por uno de ellos, habiendo otros candidatos con mejor perfil y sin cola de paja que le pisen, lo cual demuestra que al pueblo lo único que parece importarle es el espectáculo.

Contundencia hubiera sido sacarle al contrincante más de cincuenta puntos, por lo que el nuevo gobernador bien podría hacer suya la famosa frase: “Con otra victoria como esta estamos perdidos “, pronunciada por el general Pirro de Epiro (318-272 a.C.), después de derrotar a duras penas al ejercito romano. La leyenda cuenta que Pirro no murió en combate sino por el golpe de una teja que cayó accidentalmente (¿) sobre su cabeza. Consiguientemente, la victoria pírrica del 7-M debe ser considerada provisional si se tiene en cuenta que vendrán otros ‘careos’ electorales en los que la correlación de fuerzas podría invertirse. En cada elección que se realiza en Santa Cruz, el MAS cosecha los puntos que pierden sus adversarios en forma progresiva.

En el pasado quien lideraba a los movimientos sociales y los condujo a la toma del poder el 9 de abril de 1952 fue el MNR, en realidad unos pocos dirigentes revolucionarios porque muchos defeccionaron cuando los tiros arreciaban. Hoy toca al MAS ser la vanguardia al haberlos dotado de poder de decisión dentro del Gobierno gracias al llamado ‘proceso de cambio’. En el futuro, como todo evoluciona, tocará a otro partido político tomar la posta; la cuestión es que, más temprano que tarde, se producirá la transferencia total del poder político en favor de la “muchedumbre cobriza” como peyorativamente la tipificó don Hernando Sanabria Fernández, conspicuo representante de la élite pensante de la época. Pero otros vivirán para contarlo puesto que nosotros estamos pronto y prestos a cumplir ciclo.

En nuestro departamento, sobre todo en la ciudad capital, la andinofobia es “tan fuerte como el odio de Dios..”, que muchos cruceñazos no han podido sacudirse del trauma síquico, no obstante que los migrantes de occidente están entre nosotros desde que fueron convocados por el Memorándum de 1904 a unirse (anastomosis fue el término empleado) al proyecto de desarrollo de la ciudad que entonces era una aldea grande, y estos acogieron la convocatoria con algo de retraso dando inicio a la gran marcha hacia el Oriente. Dicen algunos tergiversadores de la historia que Santa Cruz forjó en solitario su actual desarrollismo, desconociendo el aporte efectivo de otra gente y, sobre todo, del MNR cuando estuvo en función de gobierno. Sobre el tema mucho han escrito historiadores cruceños de la época, excepto los de última promoción que siguen con el libreto de que Santa Cruz no debe nada a nadie, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver o porque solo alcanza a mirarse el ombligo.

Hay que recordar a ciertos cruceños que padecen amnesia que los migrantes fueron los ‘tatuses’ que agarraron pala y picota para excavar las zanjas para el tendido del agua potable y el alcantarillado pluvial y cloacal. Fueron los que colocaron la primera loseta mientras las autoridades miraban de palco cómo hacían el trabajo. Fueron los zafreros que cortaban la caña de azúcar para alimentar los calderos y lo siguen haciendo. Fueron los que junto a nuestros albañiles construyeron viviendas sociales y actualmente son la principal mano de obra que construyen las torres de cristal de los enormes condominios, o sea que son corresponsables de cambiarle la cara a la amable ciudad vieja. Fueron los picapedreros y los que construyeron carreteras para unirnos entre nosotros y con el mundo. Fueron los primeros vivanderos de los mercados y los primeros transportistas. Fueron los que llegaron para quedarse con sus usos y costumbres para hacer realidad el desiderátum de poblar y decantar la tierra virgen. Y toda esta contribución al progreso logrado les da pleno derecho a coparticipar del control del poder, además que ya es tarde para dar marcha atrás la rueda de la historia.



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