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¿Viejos o jóvenes en la política?

Miércoles, 29 de abril de 2026 a las 04:00

En mucho países -incluyendo el nuestro-, se ha generado un debate que va más allá de una discusión real; es decir, no es solo “jóvenes vs. viejos”, sino “experiencia vs. renovación”, o si se quiere: “legitimidad vs. desgaste”.

¿En qué se basa esta discusión?   Hay quienes apuestan por un cambio generacional argumentando desgaste de las dirigencias políticas. Señalan que son los mismos líderes que rotan en el poder por más de 20 años. Y se han desfasado de las nuevas realidades tecnológicas y demandas sociales. Otro justificativo utilizado hace énfasis en que los jóvenes tienen menos compromisos con viejas redes clientelares, algunas incluso heredadas, y pueden romper la tendencia a mantener la situación actual.

Por otro lado, tenemos en el país una población que tiene menos de 35 años que entiende las urgencias laborales o educativas, con más propiedad que uno de 70. En Bolivia, en política se considera “joven” a un menor de 50 años. 

Es trampa cuando se grita: “renovación”, pero se pone a un joven que obedece a un viejo y avezado caudillo. Ahí no se cambia nada, solo se rejuvenece la foto.

Quienes defienden la oportunidad de los “viejos líderes” a continuar en la actividad política, esgrimen el hecho que “la experiencia no se improvisa”. Manejar conflictos sociales, crisis económicas y negociaciones internacionales requiere oficio; de modo que, un mandatario inexperto puede cometer errores muy perjudiciales para el país.

Se ha advertido que la edad no es garantía de buena administración; se ha visto a jóvenes aplicar las peores mañas y también a viejos que se reinventan para continuar sirviendo al país, con muy buena aceptación.

Generalmente se usa el discurso de “dar paso a los jóvenes”. Esta exigencia surge también al interior de las organizaciones políticas. No se trata de renovación real, es recambio de líderes. Se saca a los viejos y se ponen jóvenes leales al mismo proyecto.

En nuestro país, la idea del “aplazo” viene de la crisis 2019, el estancamiento de la economía post-gas, justicia envilecida, y la sensación de que los conflictos de 2024-2025, son prácticamente los mismos de hace 20 años. Podemos emitir un juicio político, no técnico, respecto a si se “han aplazado los viejos líderes”. 

Podríamos hacerlo; pero para ello previamente debemos medir la pobreza, la industrialización, la justicia, la estabilidad, la inclusión y en estos aspectos el rol que les ha tocado desempeñar y si la gente siente que las promesas de hace 20 años no llegaron, dicen que “están aplazados”. De todo ello concluimos que el aplazo es parcial y depende de la expectativa que tenga cada sector. 

Además, que la edad no es óbice legal para hacer política, siempre que cumpla con la norma reglamentaria. O que, por otra parte, que la energía y salud, dada su avanzada edad, no le permitan desarrollar esta actividad.  Otro aspecto es la conexión cultural a través de memes, TikTok y otras plataformas, que si no se saben manejar será complicado poder comunicar.  

Lo que sí afecta la credibilidad de un líder de avanzada edad es ofrecer propuestas a largo plazo, más allá de su expectativa de vida. Sin embargo, la experiencia en crisis, redes internacionales y manejo de la cosa pública, difícilmente podrán ser administradas por un joven que no tiene activos en ese sentido y puede ser títere de poderes viejos.

En resumen:  La edad no debe ser el filtro principal. El impedimento debería ser: la trayectoria, la transparencia, la capacidad de articular equipos y dejar el poder cuando le toca a otro. El “cambio generacional” se vuelve trampa y es una mentira cuando es solo de caras y no de prácticas. Y se vuelve óbice cuando usamos la edad para descalificar sin mirar la hoja de vida.

Al final, un país no cambia porque el presidente tenga 35 o 75 años. Cambia cuando las instituciones funcionan sin depender del caudillo de turno, sea joven o viejo. En Bolivia no faltan jóvenes. Faltan personas jóvenes con poder, que no deban su carrera a un viejo líder. Y mientras el ascenso dependa de la bendición de un caudillo, la edad es lo de menos. Y el óbice real es que los jóvenes con votos propios, no tengan aparato político.

(*) Jorge Landívar Roca es expresidente del Comité pro Santa Cruz

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