Opinión

Viene el coco

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31 de agosto de 2017, 4:00 AM
31 de agosto de 2017, 4:00 AM

No sé si son infantiles o nos creen niños a los demás. El remedio para todos los males del país es asustarnos. ¡Viene el coco! Tienen cuatro o cinco cocos que usan como mentisán contra todos los males. Nos asustan con el imperio, con la derecha, con el neoliberalismo, con Goni. Veinte veces al día nos aseguran que nos van a comer patas y todo.

¿Cree usted que hace falta que vaya el personal de la embajada americana a Camiri para que los camireños se harten de su alcalde? ¡Ni a Achacachi! El desastre de las autoridades masistas es suficientemente grave para desatar por sí solo todas las iras. Pusieron a cualquier mediocre, como si el carné del partido fuera varita mágica que lo convierte en inteligente ejecutivo. Ellos nombran a inútiles y cuando la gente no soporta más culpan a unos marcianos que ha enviado el imperio para boicotear al Gobierno, a su revolución y a sus incomprendidos dirigentes.

No justificaré nunca los golpes de Estado, ni siquiera en las alcaldías. Pero las razones para impedirlos no pasan por ninguna embajada ni por sigla de ningún partido. Menos por la intangibilidad de los ineptos.

Lo que necesitamos es que desde el presidente hasta el último masista dediquen algunas horas para analizar qué pueden haber hecho mal para que se conviertan en enfurecidos enemigos los que hace poco eran sus fanáticos defensores. Quizás prometieron lo que nunca pensaron hacer. Quizás juraron virtudes, principios y correcciones que no intentan mostrar. Quizás el pueblo se cansó de esperar por 10 años un cambio que no llega. Quizás permitieron demasiadas veces que sus seguidores fueran solamente buscapegas y cazafortunas. Quizás nunca tuvieron muy claro el cambio que anunciaron, ni conocen bien el camino. Quizás el permiso para la arbitrariedad, que fueron los 2/3, les han hecho más daño que bien. Quizás la borrachera de poder no les permitió conservar la claridad ni la coherencia necesarias. En fin, fuera lo que fuera, no sirve de nada que se lo digamos desde lejos. Tienen que descubrirlo en el mismísimo Gobierno, si es que les queda algún resquicio de honestidad intelectual.

Si la culpa de todo la tiene Washington, no hay esperanza de que aquí arreglen nada. Solo cuando descubran claramente las auténticas causas del descontento podrán cambiar la realidad que les duele. Si lo que quieren son pretextos para llorar su fracaso sin reconocerlo, que sigan culpando a los demás.

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