Opinión

¡Violencia y muerte en Santa Cruz!

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19 de julio de 2017, 4:00 AM
19 de julio de 2017, 4:00 AM

Un doloroso hecho ocurrió el 13 de julio del 2017: vidas inocentes fueron segadas por el mal. Salieron de sus casas sin imaginar la fatalidad, se vieron en medio de un asalto con armas de grueso calibre, sufrieron la angustia como rehenes y escudos humanos frente a la acción policial y fueron inmolados en una infernal balacera nunca vista entre un puñado de maleantes y uniformados.

Terroríficas imágenes invadieron las redes sociales en tiempo real, mostrando el fatídico desenlace: primero, amenazas y desesperantes gritos; luego, disparos de revólveres y metralletas, y la nefasta muerte cobrando vidas de gente de bien. Nunca supieron que no volverían a sus casas. Seguramente aquella mañana se despidieron de sus familiares como siempre, sin imaginar lo que les sucedería.

Juan Carlos Gutiérrez, joven cochabambino, teniente de la Policía Boliviana, dio su vida cumpliendo su deber -loable acción en beneficio de la ciudadanía- a costa de dejar huérfana a una hija pequeña. Dios lo tenga en su gloria y dé consuelo a los deudos. Pero, hubo más víctimas. Ana Lorena Tórrez era una joven profesional cruceña formada en el exterior, que volvió para trabajar en su país. Era gerenta administrativa en la importadora de joyas y relojes EuroChronos, que fue asaltada. Se iba a casar en agosto soñando formar un hogar. Murió también.

Finalmente, tres de los cuatro asaltantes fueron abatidos en su ley: ellos provocaron su muerte. ¿Alguien debería alegrarse por esto? No, pues así murieran por el daño causado, eso no devolverá la vida a los inocentes asesinados.

Así es la muerte, nos golpea y sorprende. Y ¡cuánto duele! Me dolió ver el inconsolable sufrimiento de las personas al perder a sus seres queridos. Me dolió también la desesperación generalizada al divulgarse una noticia falsa de que había más cruentos asaltos. Me dolió esto y mucho más, recordando lo efímera que es la vida y lo frágil de nuestra humanidad. Luego vino la bronca e impotencia de muchos, al ver cómo unos cuantos perversos -por su egoísmo- hicieron tanto daño. ¡Piedad y misericordia para Bolivia! Piénselo: cualquiera de las víctimas pudo ser usted, yo, nuestras parejas o hijos…

¿Por qué pasa esto? Porque no hay temor de Dios. No hay amor a Dios y tampoco nos amamos, ni amamos a nuestro prójimo -unos a otros- como Jesús nos amó. Hoy estamos, pero ¿mañana? Nadie tiene la vida comprada y la muerte no avisa, que no le sorprenda su llegada. ¡Es hora de buscar a Dios! 

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