Opinión

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Virus cosmopolita y globalizado

Fernando Prado Salmón 23/4/2020 03:00

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El virus que nos ataca es muy especial. Normalmente en la historia, los virus, las plagas y las pestes estaban ligadas a las bacterias de la pobreza y a la falta de higiene: falta de alcantarillado, agua no potable, alimentos contaminados. Por eso las ciudades reaccionaron con lo que se llama el urbanismo higienista; agua potable, alcantarillado, control de emanaciones industriales y como fase final, control de los alimentos.

Este virus, al contagiarse por el aire, no tiene nada que ver con las plagas de la pobreza del pasado y más bien se ha difundido prioritariamente en las ciudades de los países industriales mas avanzados. Nace en una ciudad tecnológica china de vanguardia, de allí pasa a Japón y Corea del Sur, de ahí a Europa y luego Estados Unidos; o sea, al conjunto del mundo globalizado. Es decir, la pandemia llega de inmediato a copar toda la red mundial globalizada estudiada por Saskia Sassen. No olvidemos que la característica de la red mundial globalizada es su altísima conectividad. Todo sucede casi contemporáneamente en los centros de la red mundial.

Esta vez y en este caso nuestro aislamiento y nuestra pobreza nos han favorecido… momentáneamente. A esta red global rápidamente contaminada no pertenecen los países pobres que, coincidentemente, son los pueblos no globalizados, periféricos, menos conectados. Por eso no es raro que en Africa y América Latina esté penetrando más lentamente y a partir de sus ciudades y áreas metropolitanas, penetrando lentamente a los centros intermedios. 

En Bolivia, Santa Cruz como área metropolitana obviamente es la región más golpeada: no es porque los cambas sean mas indisciplinados, es porque la región tiene fuertes vínculos económicos con el mundo, por ser una economía abierta y exportadora. Ahora pagamos las consecuencias de esa vinculación. En conclusión, el virus llegará a velocidades distintas hasta donde llega la globalización.

Otra característica, que se deriva de su contagio aéreo, es su potencial para cambiar rasgos culturales seculares. Los pueblos orientales y anglosajones no tendrán problema porque pertenecen a una cultura que ya mantenía una distancia social: los japoneses saludan con una inclinación de cabeza, no dando la mano y peor abrazándose. Igual sucede con los anglosajones. 

Quien ha estado en Londres queda asombrado ante la vergüenza y el azoramiento que demuestra un ingles si en la calle apenas roza su ropa con la nuestra. Se ponen rojos, se avergüenzan: “I am sorry”, mascullan casi como si nos hubiesen querido acosar. 

En cambio, los latinos y en el medio oriente hasta exageramos con los abrazos, besos y hasta manoseos. Pues bien, parece que eso se acabará si el coronavirus no desaparece por completo de la faz de la tierra, cosa que los expertos dicen que no sucederá.

Los cambios que se vienen a nivel de vida urbana también son enormes, pero ya no me dio el espacio para comentarlos. Será en otra.





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