Edición Impresa

Vivir sin aire

Pablo Mendieta 27/5/2021 05:00

Escucha esta nota aquí

El 31 de diciembre de 2019 despedimos el año y preparamos la bienvenida al 2020. Ese día, los médicos en Wuhan (China) alertaron varios casos de una neumonía de origen desconocido; y el 11 de enero se reportó la primera muerte debido a esta enfermedad.

Posteriormente el 15 de enero se difundió el “Reporte Mundial de Riesgos 2020” del Foro Económico Mundial. En orden de importancia, el primer riesgo identificado fue el cambio climático y el décimo, una enfermedad infecciosa.

Casi un año y medio después vemos que la pandemia era el primer riesgo que provocó “una crisis como ninguna otra”. Salvo quienes produjeron la película Contagio en 2011 o aquellos que en 2019 escribieron el libro Mapeando la siguiente pandemia, junto a los que realizaron el documental Pandemia en Netflix, no nos percatamos de este riesgo.

La pandemia ha sido dura: en términos sanitarios porque robó y frustró vidas; sociales porque quitó empleos y horas laborales; económicos porque redujo la producción y el gasto; y sicológicos por las tensiones en millones de hogares.

Esta crisis tuvo un efecto muy agudo en Bolivia porque llegó en la peor situación posible: I) en medio de una crisis política y alta polarización; II) bajas capacidades sanitarias; y, III) con desequilibrios económicos que ya requerían medidas correctivas.

En este entorno, las familias del área urbana habrían perdido más de $us 4.500 millones en 2020, que con la ayuda estatal pudo ser paliada parcialmente, de tal forma que la caída neta fue de alrededor de $us 3.000 millones.

Eso significa que, si quisiéramos reponer los ingresos perdidos de las familias, requeriríamos un monto de esa magnitud para reactivar la economía. Si a eso le sumamos las necesidades adicionales del sector público, el valor es por lo bajo más del doble que lo señalado.

En casi todos los países los gobiernos fortalecieron los sistemas sanitarios, apoyaron las familias y auxiliaron a las empresas, con un enfoque pragmático por la naturaleza del shock.

En Bolivia lo sanitario y social fue parcialmente cubierto, mientras que el apoyo a empresas y empleos casi inexistente. Esta última ausencia se explica por la no implementación de un plan de reactivación en 2020 dada la fuerte disputa entre los órganos Ejecutivo y Legislativo que impidió la entrada de recursos externos para la reactivación. Actualmente el apoyo es considerablemente menor a la magnitud de la caída de ingresos.

Necesitamos un plan contundente y urgente de salida de la crisis. En vez de un plan de estabilización como los que teníamos en el pasado, requerimos una estrategia de recuperación que implique la rápida y masiva entrada de recursos a la economía, como su veloz retiro cuando la pandemia finalice en los meses siguientes.

La discusión sobre si debe ser gradual o de shock es inapropiada porque la actual crisis no es similar a las de décadas pasadas, donde el objetivo era el ajuste fiscal y externo. En cambio, el “gran confinamiento” ha sido una crisis aguda y abrupta, pero también breve en su duración, como lo muestra la evolución del resto de los países.

Al igual que en el campo sanitario, la crisis ha dejado al país en “estado de shock”. Y, la lógica sanitaria más simple señala que, si el enfermo está muy debilitado, se requiere una estrategia rotunda y rápida para reanimar al enfermo y recién proveerle medicinas y alimentación gradualmente.

No podemos recurrir al financiamiento monetario. Aunque en otros países se podría utilizar un enfoque heterodoxo, como el de la “Teoría Monetaria Moderna”, de más emisión monetaria para respaldar el gasto, en nuestro caso eso es casi imposible porque se plasmaría en pérdida de reservas internacionales.

Necesitamos una bocanada profunda de aire fresco, en este caso, recursos externos frescos, siguiendo la normativa pertinente.

Como la banda mexicana Maná nos lo recuerda, “vivir sin aire” es un hermoso deseo, pero desafortunadamente una simple quimera.

El covid-19 asfixia a las personas; la falta de recursos frescos a los empleos y las empresas.



Comentarios