Opinión

Volvió el sheriff

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17 de abril de 2017, 4:00 AM
17 de abril de 2017, 4:00 AM

Entre el gas y el petróleo que Rusia necesita vender a Europa para sobrevivir, y los cálculos chinos de mantener la amenaza norcoreana sobre Japón, más el mal humor de Donald Trump por todas sus frustraciones de recién llegado a la política, eso de la tercera guerra parece una inminente realidad. Después de 70 años de socialismo, Rusia asume su triste realidad de ser la potencia económica número 13 en el mundo, que vive de vender gas y petróleo, y solo atina a amenazar con su enorme arsenal nuclear (lo único que los jerarcas del PC no pudieron llevarse) para defender su negocio de país del tercer mundo. Los chinos, aprendices en esto de ser potencia número dos, quisieran que el delfín de la dinastía comunista de Corea del Norte siga siendo una amenaza en la región y tenga quietos a los japoneses, aquellos que les infringieron la desgarradora humillación en Manchuria hace 60 años, y a los que les tienen jurada una venganza.

Y, en tercer plano, el CEO de nombre Donald Trump, una especie de Max Fernández estadounidense, un empresario que incursiona, sin ideas sino solo eslóganes, en la política y que va de tropezón en tropezón con la realidad de su país, pero que ha encontrado frentes externos donde recuperar su devaluada imagen. De los tiempos en que la política mundial tenía figuras como Roosevelt, Churchill o Stalin, el mundo ha caído a estar liderado por el CEO de Trump, la señora May que debe administrar el desbande del Reino Unido y un exjefe de la KGB soviética, de apellido Putin. ¡Quién te viera y quién te vio! Lo que nos encuentra a los sudamericanos embadurnados en narcotráfico y corrupción, con líderes que han perdido la vergüenza, unos derrotados en las urnas, pero que no lo quieren admitir, otros sometidos a juicios por corruptos, allí donde quedaron vestigios de poder judicial, y todos ellos afiliados al socialismo del siglo XXI.

Y entonces, el sheriff Trump lanza ‘la madre de todas las bombas’ contra los terroristas de EI en Afganistán. Sopla el revólver, lo gira sobre el índice y mira alrededor mientras acomoda su sombrero. Los rusos gritan: “Corea del Norte tiene derecho a existir” y los chinos dicen que atacar a Pyongyang traerá la guerra. Y el sheriff los mira, desafiante 

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