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Cada proceso electoral contiene diferente comportamiento y es de público conocimiento que existe la corriente de opinión que plantea la decisión en las elecciones generales por la opción presidencial opositora con más probabilidades de triunfo.

Revisando mi tesis de grado sobre Sistemas Electorales, observo las fichas y conceptos que definen el voto útil, lo que implica una decisión estratégica para lograr el resultado más probable, siendo el espíritu que lo impulsa ganar la elección por temor a que el oficialista triunfe y concentrando así el voto, para evitar su dispersión. Dicho fenómeno se da por lo general en casos donde existe mucho descontento social por vulneración a las bases del Estado o grave daño en la economía.

En Bolivia, existe certeza de opinión por el grave debilitamiento de la democracia, desinstitucionalización y quebrantamiento del Estado constitucional de derecho, cuestiones fundamentales que entre 1985 y 2005 se creían fortalecidas y superadas ante siglos de golpes de Estado; una muestra de ello fue la aberrante vulneración del resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 jamás aplicado, respaldada por resoluciones del Tribunal Constitucional y los Órganos Electoral y Judicial con la complacencia del Ministerio Público y el Órgano Legislativo, perforando así las bases mismas del Estado y generando el descontento social con semejante atentado a la división de poderes, primacía constitucional y a lo más sagrado de la democracia: el voto soberano.

El descontento se basa en que el mandato donde la soberanía reside en el pueblo y se expresa, sobre todo, a través de mecanismos de democracia directa, ha sido destrozado y distorsionado en sentido de que el poder soberano reside actualmente en los órganos estatales cooptados por el Gobierno, por lo que el tinte autoritario se siente en cada acción gubernamental. Dicha situación conduce a la figura del llamado voto útil con el fin de expulsar al régimen de turno, reestablecer lo perdido y devolver al ciudadano indignado la vigencia del pacto social y seguridad jurídica reflejada en su Constitución. Son justamente las teorías de la “tercera vía”, donde no existe más la ultraderecha ni la izquierda comunista, que tienen como principales objetivos la profundización democrática, la reinstitucionalización y la consolidación del Estado constitucional de derecho por los cuales, si la candidatura opositora con más probabilidad de triunfo compromete dicha restitución, la tendencia de voto se concentrará en dicho apoyo, dejando de lado otros gustos electorales.

Si bien quien escribe cree que el pluralismo político, así como el voto oficialista debe respetarse, el constante bombardeo propagandístico mal utilizando recursos estatales, inculcando el culto a la personalidad presidencial y el neocolonialismo ideológico, sumado a la cooptación de instituciones y el irrespeto a las reglas democráticas, generan la inevitable tendencia a que el ciudadano no quiera rifar su poder de voto en opciones con pocas posibilidades de triunfo ya que lo único que se lograría es contribuir a reelegir por cuarta vez al binomio del MAS, sepultando los principios de alternabilidad y fiscalización del Art. 168 de la CPE, resultando claro en las encuestas propiciadas por los medios de comunicación que por lejos la opción opositora más votada, es la de Comunidad Ciudadana con el presidenciable Carlos D. Mesa, tendencia que de continuar muy probablemente conduzca a la decisión colectiva de concentrar, polarizar y no desperdiciar el voto este 20 de octubre.

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