Opinión

Y acá ¿quién como el Mallku?

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6 de septiembre de 2017, 4:00 AM
6 de septiembre de 2017, 4:00 AM

Podría estar bien sentado en un sillón de un gabinete ministerial, pero ahí lo vemos hoy a Felipe Quispe colocando al Gobierno en su dilema de ‘ser o no ser’, dado que él sí que representa el ala quizás más preclara del indigenismo que supuestamente profesa el MAS. Un tipo al que muchos en  Santa Cruz despreciaron por su condición, origen y tendencia ideológica (sobre esta última bien podemos diferir) hoy da un ejemplo de cómo se puede contra el todopoderoso MAS. 

El bloqueo no se aplaude, pero hay que entender que su éxito es haber agrupado en un mismo frente a sectores antes afines al MAS, magisterios y cívicos del sector del occidente y los mismos indígenas del Tipnis, sin contar con ningún sector de la ‘derecha’ que se le sume a la que tontamente el Gobierno ya ha intentado asociar, donde la ausencia del apoyo de la exmedia Luna es lo más visible. 

Quispe, demostrando que a puro pecho es posible parársele bien parado al gobierno: emerge cierta bronca o especie de envidia al ver que en Santa Cruz ningún declarado antimasista ni menos líder ni tampoco político son capaces de reaccionar con hechos, limitándose a lloriquear por redes sociales o murmurando en algún pasillo. 

Finalmente, ese movimiento que en este momento pisa la ciudad de La Paz (¡ni más ni menos!) reivindica exactamente lo mismo de muchos de nosotros: con la exigencia de la renuncia del alcalde de Achacachi acusado de corrupción y la liberación de un preso de sus filas, el Mallku es un deja vu de lo que en Beni, Pando y Santa Cruz debiera suceder al ser las regiones más golpeadas con destituciones de alcaldes y encarcelamiento o exilio de políticos opositores (uno de ellos recientemente fallecido), con mucho más fervor y razón. 

¿Por acá, algún sinónimo al Mallku en versión oriental? ¿Nada?: la bronca también por confirmar que habíamos sido suficientemente cobardes o demasiado tibios. No nos llenemos demasiado la boca cuando nos autocalificamos como indomables y arrojados. Y quizás sea más bien hora de un mínimo de autocrítica porque es posible que seamos lo que declaramos, pero aparentemente solo de boca para afuera. 

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