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Parece de esas historias que uno piensa que son exageraciones. Pero no. En Bolivia y en este Gobierno, un perseguido por narcotráfico estuvo en algunos actos oficiales de la Policía e incluso fue condecorado por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), aquí en nuestras narices, en nuestra capital, en nuestra regional de esta “fuerza especial”.

Caramba, si a un perseguido por narcotráfico lo condecoran e invitan a actos oficiales, resulta muy sospechoso que las autoridades, y hay que referirse al comandante, al subcomandante de la Policía Departamental y Nacional y hasta al ministro de Gobierno, cabeza de sector de la Policía Nacional, y preguntarse ¿qué es lo que están haciendo? ¿qué mensaje están dando a la Nación?, ¿Cómo está la moral y la moralidad de nuestra Policía?

Y aunque la oposición pidió la renuncia del ministro de Gobierno, rápidamente los expertos en comunicación recomendaron que (nuevamente) se eche la culpa a la Policía y se minimizó el tema. Sacarlo del gabinete al ministro cabeza de sector sería el remedio, moralmente hablando, sería lo más saludable y podría el público retomar la confianza en la Policía Nacional, pero no. El objetivo político, que es la preservación del poder y mantener los alfiles importantes de este tablero de Gobierno, no podría ser amenazado por unas fotografías que comprobaron que Pedro Montenegro, buscado hasta por la Policía Internacional (Interpol) fuera compañero, invitado y miembro dilecto (condecoración). Está por encima de la moral y ética de este Gobierno y, como consecuencia, lo máximo que vamos a ver es que el estafeta, que llevó la invitación, sea condecorado y llevado a Venezuela como agregado ante la embajada de ese país. Tal como se vio con el famoso Capitán Andrade (alias Rambo), responsable de la matanza del Hotel Las Américas hace una década atrás.

Hay muchos casos de narcotráfico donde hasta un general de la Policía ha sido apresado en posesión de toneladas de droga; fue noticia de primera página durante mucho tiempo y seguramente lo seguirá siendo, pero ¿hasta cuándo el pueblo boliviano y especialmente el Poder Judicial va a aplicar la Ley? Volvemos a repetir: en lo judicial está lo peor: jueces corruptos por doquier, fiscales que no investigan y se inventan pruebas, ejecuciones sumarias a extranjeros, asesinatos de periodistas sin resolver, testigos pagados, pruebas inexistentes; lo que ha convertido al Poder Judicial en el arma política más exitosa del mundo.

Lo peor es que ese mismo Poder Judicial corrupto ha fallado contra de la Constitución desconociendo el fallo del referéndum del 21-F. Y, finalmente, el Legislativo, un circo, desacreditado, con miembros manejados como marionetas, que siguen las directrices que emanan en algún ministerio. No existe debate ni democracia. Solo existe la misiva: “sí jefecito”. Por eso es fácil comprender por qué Bolivia, con tantas riquezas naturales, es un país pobre, atrasado, con bajo nivel educacional, corroído por la corrupción y la violencia urbana. Bolivia tiene muchas cosas buenas pero hemos retrocedido y no podemos ignorar que vivimos en una sociedad pobre y miserable, con indicadores económicos y sociales que dan lástima y que revelan a una sociedad que hace infeliz la existencia humana.

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