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¿Y la autocrítica de CC?

Lupe Cajías 13/11/2020 05:00

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Pasan los días, las semanas y los bolivianos esperan en vano un comunicado oficial de la agrupación Comunidad Ciudadana (CC) con un análisis sereno y suficiente que explique a sus votantes el desastre de sus resultados electorales y el fracaso de una estrategia que consolidó la victoria del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Hasta la fecha de esta nota, solo circuló un artículo firmado por el candidato presidencial Carlos Mesa que en sí refleja un defecto que acompañó a la agrupación desde sus inicios: la idea de que CC es únicamente CM. Así ya se notaba en decisiones donde no aparecía una estructura política, sino la voz exclusiva de su máxima figura.

“Podrá discutirse y argumentarse sobre los errores de nuestra campaña. Los cometimos sin duda, pudimos hacerlo mejor, pero está claro que el descalabro tuvo que ver por encima de todo con dos hechos externos: la fragmentación en dos de la oposición y la radicalización de una parte del electorado antimasista”, escribe Mesa. Añade: “En mi opinión”, y el lector no sabe si esa es la posición de su agrupación, o solo la de él, si escribe como candidato derrotado, como historiador, como analista.

El gran vacío del texto difundido es la caída en la tendencia tan boliviana (algunos dirán tan altoperuana) de culpar a los demás por los propios fracasos. Así, se ha responsabilizado secularmente a ingleses, chilenos, gringos, sin mirar cómo está la casa por dentro.

Mesa pone la carga sobre el extravío del Gobierno de Jeanine Áñez y sobre la candidatura de Luis Fernando Camacho, sin reflexionar por qué él y Comunidad Ciudadana no lograron ser una oferta convincente y se mantuvieron como un premio consuelo. ¿Cuántos votaron por la oferta electoral de Mesa y cuántos simplemente por estar contra el MAS?

¿Acaso fue culpa de Áñez, de Samuel Doria Medina o de Jorge Quiroga la poca previsión de CC para el control electoral, por ejemplo, o la poca imaginación para convocar a voluntarios para recaudar fondos? No pidieron disculpas por las equivocaciones; por no entender las fortalezas históricas del MAS o por carecer de nuevas herramientas para enfrentar unas elecciones 2020 tan diferentes a las de 2019.

Ricardo Paz repitió esquemas antiguos, como si el agobiante año que atravesó la humanidad y especialmente Bolivia no hubiese dejado huella. Al parecer, no era posible llamar la atención sobre los errores. Mesa no cuenta con el “hombre mil”, aquel que se atreve a hacer notar los desaciertos al caudillo, en vez de loarlo.

Mesa actuó más como otro “jefazo” que como un líder. Su apego a la democracia, a las libertades constitucionales pasó como un tema secundario, en vez de ser su principal estandarte. La persona más cercana tiene créditos de empresaria, pero no de conocer los ríos profundos de esa Bolivia tan complicada y compleja que no se deja asir fácilmente.

Si CC no sabe por qué perdió como perdió, su labor parlamentaria será también extraviada. Esta legislatura no es comparable al pasado. La crisis social y económica exigirá de los bolivianos un compromiso por el país por encima de las consignas partidarias. La oposición tiene que tener la sabiduría de respaldar las medidas acertadas del presidente Luis Arce, sin perder su identidad.

La magnitud de la crisis exige un profundo cambio de la política tradicional.