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¡Y lo hicieron nomás!

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Es claro que la gente y los colectivos humanos hacen lo que quieren o lo que pueden hacer; eso pasó con el MAS, que sabiendo lo que puede hacer en el Parlamento movió a su anárquica mayoría parlamentaria y decidió promulgar una ley para convocar a elecciones a sabiendas de la gravedad del Covid-19.

¿A sabiendas? Si. No otra cosa significa la declaración del senador chuquisaqueño Omar Aguilar, quien tras considerar que se tomó “posiblemente la decisión más importante en estos momentos para la democracia boliviana”, bajo el argumento del cansancio popular “por el nepotismo, corrupción, abuso y narcotráfico (tuve un Dejavu y se me antojó que hablaba del gobierno del MAS) aseguró que: “si es posible ir a los bancos a hacer filas” para recibir un pequeño bono, también es posible ir a elecciones “cuidándonos” y manteniendo las distancias sociales, es decir, no podrán argumentar que la falta de certidumbre sobre la situación del Covid-19 en el día de elecciones no es causal para no realizar comicios.

La argumentación acerca de la factibilidad del acto electoral es cínica e incluso indolente, porque nos enfrentan, como país, al reto de mover en un solo día a 7.515.367 ciudadanos habilitados para votar en 5.299 recintos, en los que debieran funcionar 33.041 ánforas electorales, donde se sentarán los encargados de controlar los comicios y los delegados de partidos, además de que esperarán en filas los electores inscritos, de manera tal que esa aglomeración de personas es un riesgo muy alto porque no sabemos en qué momento se va a encontrar la pandemia y cuáles serán sus consecuencias. Ese debiera ser el argumento principal, además de los generados por la ruptura del mecanismo de aprobación y promulgación de leyes que tendrán que exponerse al Tribunal Constitucional para evitar la realización de elecciones en la fecha planteada por el huido Evo Morales quien aseguró, desde su dorado exilio: “Se aprobó y ahora está garantizado las elecciones, puede hacer el 2 de agosto o el 26 de julio” (en entrevista Radio Kasachum Coca).

Sabiendo de su mayoría parlamentaria, el MAS acató las órdenes del prófugo y actuó casi “arropado” por el TSE que abrió, la semana anterior, las posibilidades electorales entre “el último domingo de junio o septiembre”; como si hubiera necesidad de jugar con el tiempo entre esas fechas, sin considerar el factor Covid-19. Tal cual, el partido de la mayoría parlamentaria se metió bajo el ala del ente electoral y actuó mayoritariamente sin detenerse a pensar en el riesgo para la población en ese momento; no, eso no parece ser importante si se trata de la idea de recuperar el poder.

¿Pensó el MAS en la gente? Si, claro que pensó. No solo pensó sino que calculó que los ciudadanos no militantes, los que creen en la democracia sin tener necesariamente una consigna o voto anclado, probablemente en una gruesa cantidad no irán a votar, preservando su salud, cosa que calculan ellos (MAS) que sí harán los de su “voto duro”, con lo que se les daría la posibilidad de volver al poder y cerrar el Palacio Quemado, trasladándose al mamotreto llamado casa del pueblo, que, seguramente no usarían de hospital, como sugirió el escapista que estaba decidido a “dar la vida” para defender el “poder del pueblo”.

Estemos atentos a las fechas: el TSE sugirió y el MAS jugó en los extremos de los 90 días, lo demás es especulación, aunque no tanto, porque la presidenta, mal asesorada, decidió vetar de inmediato la ley masista que volvió de inmediato al Senado y ahí repusieron sesión (no se habría cumplido el reglamento) y la señora Copa promulgó.

Pregunto: ¿Qué necesidad tenía la presidenta de devolver tan de inmediato el documento congresal (Ley, le dicen) cuando tenía 10 días para ello? Parece que en algunos sectores del Ejecutivo hay nomás la idea de que las elecciones se van a hacer y mejor resolver el asunto antes que después, sobre todo luego de ver números en los que la gente aprueba los esfuerzos Covid y eso los pone también en la categoría de irresponsables, porque si alguien sabe lo que pasa con el virus es el gobierno que está librando la contención.

Oscar Urenda, que está trabajando muy bien y en primera línea al mando del COED de Santa Cruz y con el respaldo del trabajo diario, advirtió que realizar elecciones puede generar “un rebrote del coronavirus”; ese argumento  sumado al de muchos especialistas y técnicos en la materia, se convierten en los argumentos centrales de un debate que no se puede perder en el TCP, porque es necesario preservar la salud de los bolivianos. El TCP pudiera dar una lección de coherencia al país y al tema constitucional convocando a especialistas y a la gente que entiende del tema para consultar “cuándo está previsto un descenso de la curva epidemiológica” (Urenda) y actuar en consecuencia; el TSE mismo debe ser citado y exponer su plan de desplazamiento de personal, de manera que se conozcan los riesgos a los que se va a someter a la gente que se encargará de preparar elecciones (recordemos que la elección necesita muchas actividades previas donde se “junta a mucha gente”).

Uno es hasta donde lo dejan ser, digo cada vez que veo un atrevimiento como el del MAS y creo que en adelante vamos a vivir un tiempo muy complicado, con desobediencia política a la escasa posibilidad del gobierno de mantener a la gente en sus casas; ellos actuarán así, entre la legalidad (parlamento) y la ilegalidad (en la calle y los caminos). Ya nos demostraron el jueves pasado con manifestaciones y violencia allá donde son fuertes, Chapare, Yapacaní y El Alto; tienen cómo y con qué, mientras la presidenta parece volver a vestirse de candidata y aceptar el reto electoral y sale a ofrecer empleos, reactivación económica y algo más el 1 de mayo.

¡A ver cómo nos va!