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4 de diciembre de 2022, 4:00 AM
4 de diciembre de 2022, 4:00 AM


Marco Antonio Aramayo Caballero tenía 54 años cuando falleció en la madrugada del martes 19 de abril del presente año, tras largas horas de agonía en un hospital municipal de La Paz. La causa de la muerte, según el comunicado de la Alcaldía de La Paz, fue un “paro cardiorrespiratorio secundario a todas las enfermedades que presentaba el paciente”, tal como lo recuerda la periodista Claudia Soruco en un reportaje publicado el domingo 5 de junio en el suplemento Panorama de CORREO DEL SUR y El Potosí, además de Los Tiempos, Brújula y Rimaypampa. 

El comunicado oficial, sin embargo, queda corto en el detalle de la causa de la muerte de Aramayo, un cordillerano, profesor de guaraní y economista dedicado a trabajar con los pueblos indígenas, algo que sin duda pesó al momento de haber aceptado ser director del Fondo Indígena Originario Campesino, el Fondioc. Un detalle que Claudia hace cuestión de recordar en el reportaje citado que supera cualquier historia de ciencia ficción, y que incluyen vejámenes y violencia física, sexual y psicológica padecidas a lo largo de siete años de “detención preventiva” a la que lo sometieron 91 fiscales y 84 jueces encargados de alimentar 259 procesos abiertos en su contra.

Una historia o más bien tragedia que no acaba en ese recuento de cifras frías. Se agrava más al incoroporar otro dato de la cruel realidad: Aramayo tuvo que soportar ese calvario hasta la muerte solo por haberse atrevido a ser fiel a un juramento hecho al jurar como director del Fondioc: trabajar apegado a la Constitución y transparentar la gestión “como se merecen nuestros pueblos”, algo que no dudó en hacer tras asumir el cargo. Hizo una auditoría de lo actuado por sus antecesores en el Fondioc, descubrió un fraude millonario y lo denunció públicamente. Fue su tumba, literalmente, pero solo llegó a ella después de haber sido desollado lentamente a lo largo de esos interminables siete años de prisión.

Hay que leer el reportaje de Claudia para hacer memoria de este crimen que, por ahora, goza de total impunidad. Una impunidad de la que gozan también los más de cien responsables del fraude identificados inicialmente por Aramayo y que de acuerdo a varias investigaciones alcanzan cifras que oscilan entre 200 a 600 millones de dólares, aunque la Contraloría habla de un daño económico al Estado de poco más de solo diez millones de dólares. Ni los responsables de ese daño económico, ni los culpables de la muerte lenta y cruel de Aramayo enfrentan hoy denuncias, proceso y menos sanciones por semajantes crímenes. Y no es por falta de pruebas, como insiste en subrayar Claudia en su reportaje.

¿Por qué traer ahora a colación este caso y un reportaje que data de julio de este año, si hay otros temas de coyuntura aparentemente más actuales para ocuparse de ellos? Podría quedarme con la explicación simple de que así lo hago porque Claudia acaba de ganar el Premio Nacional de Periodismo en la Categoría Prensa 2022 que otorga la Asociación de Periodistas de La Paz, justamente con este reportaje sobre el calvario de Aramayo. Pero la justificación va más allá de este anuncio y hace más bien a un mensaje clave que trae este hecho: lo vital que es el trabajo de la prensa, desde la investigación hasta la difusión final.

Es posible que para muchos esto no tenga ninguna transcendencia, ya que al final “lo mataron nomás a Aramayo”, tal como escuché decir a un colega de oficio que se mostró muy desencantado al ver cómo se suceden estos dramas, sin que haya una señal mínima que nos lleve a creer que se hará justicia. Sucedió antes con José María Bakovic, el ex director del Servicio Nacional de Caminos que en 2013 denunció el robo de al menos mil millones de dólares en tres obras camineras a ejecutarse en Boivia con el soporte de la brasileña OAS. Y sigue sucediendo hoy con tantos otros casos. Pero no, no es así. No es correcto creer que lo hecho por Claudia desde 2013, cuando ingresa por primera vez a la sede del Fondioc para iniciar esta investigación, ha sido en vano.

No ha sido en vano, aun cuando el seguimiento del caso y la denuncia permanente no hayan sido capaces de evitar la muerte de Aramayo. Otros factores han pesado, y mucho, para impedir semejante desenlace. Factores que hoy quedan en evidencia precisamente y gracias al trabajo de prensa como el hecho por Claudia, al que otros actores están llamados a darle continuidad no solo para que se haga justicia en este caso de Aramayo, sino para evitar que otros más se repitan.