1 de abril de 2022, 4:00 AM
1 de abril de 2022, 4:00 AM


Pareciera que nos estamos acostumbrando a vivir en una constante incertidumbre cada amanecer en el que ya no solo debemos dar gracias al Creador por mantenernos vivos, sino pedir además, casi con clamor, que no estemos bloqueados al salir de nuestra casa, por una u otra razón u organización a la que se le ocurre que la única manera de conseguir sus demandas es bloquear la movilidad del resto de las personas y con ello coartarnos la posibilidad de trabajar, de educar a nuestros hijos y contribuir al desarrollo de la sociedad y el país. En definitiva es la tesis de la solución por el desastre, de que la paz se construye con la guerra, soluciones fatalistas con costos altos de quienes pagan la factura con más pobres, enfermos y hambrientos.

El Editorial de EL DEBER del pasado 25 de marzo titulaba de forma melancólica “El triste país bloqueo” haciendo descripción de los recientes conflictos en las carreteras del Departamento de Santa Cruz en las ciudades de Guarayos, carreta Santa Cruz – Beni y en Buena Vista, en la vía troncal Santa Cruz – Cochabamba – La Paz, dando cuenta además que las razones de ambos cortes de ruta, resultan de problemas domésticos que atañen a municipios, al INRA y la Fiscalía, en el caso de las tomas de tierras, pero que en esencia el problema de unos pocos se transforma en el perjuicio de millones de bolivianos cuya producción y comercio depende de la libre transitabilidad de todas las carreteras del país.
Los bloqueos en el país siguen y suman uno tras otro desde inicios de año, en el primer trimestre llevamos en sumatoria al menos veinte días, de paros y bloqueos de las principales ciudades y carreteras, las razones van desde la aprobación de la Ley de Ganancias Ilícitas, la demanda de independencia de la justicia, conflictos de tierras, demandas de sectores sociales como los maestros y hasta la falta de desayuno escolar en municipios rurales. 

Esta sumatoria de paros y bloqueos retrasa por lo menos en 15% el dinamismo de la economía en su recuperación y los costos podrían alcanzar varias decenas de millones de dólares en el acumulado anual, siendo los sectores más afectados el transporte de carga y pasajeros, los importadores y exportadores, operadores logísticos y los sectores de servicios conexos.

Los bolivianos estamos convencidos de que las grandes reformas y logros regionales y sociales han sido el resultado de los movimientos de inconformes y las luchas ciudadanas, en la medida que se defendieron derechos legítimos como la libertad, la democracia y el desarrollo. Ejemplo de ello son las gestas por las regalías del 11%; las protestas por autonomías departamentales, municipales y universitaria; la conquista de derechos ciudadanos en la revolución de 1952; la recuperación de la democracia en 1986; la defensa del voto ciudadano en 2019, entre otros.

Sin embargo, los bolivianos debemos entender que en el marco de una democracia formal, más allá de las imperfecciones o defectos del gobierno que fuera, no todos los problemas pueden ni deben resolverse con la confrontación, el paro, el bloqueo y la estrangulación de la producción, porque esto sencillamente perjudica a los más de 10 millones de habitantes del país, que sin mediar inconveniente debemos confrontar el enclaustramiento geográfico, las deficiencias de infraestructura logística, los sobre costos laborales, la falta de promoción externa, la informalidad de dos terceras partes de la economía, el contrabando y hasta un tipo de cambio sobrevaluado.

El sector privado es consciente de que un gobierno socialista debe responder a las demandas sociales con prioridad y debe asegurar que sus políticas públicas estén orientadas a preservar y fortalecer los derechos de los trabajadores y sectores sociales menos favorecidos. Todos estos loables objetivos solo es posible lograrlos con inversión y producción con base en los recursos limitados de los que dispone el país, no solo naturales, sino humanos, financieros y tecnológicos, en consecuencia sin capital, tecnología y recursos humanos calificados, no es posible desarrollar producción que genere riqueza, y que esta se pueda distribuir de manera justa y equitativa. La bonanza de los recursos de la década pasada que permitía solventar todas las demandas y hasta los excesos de los sectores demandantes, fue buena mientras duró, pero fue vana porque no se recapitalizó al país.

Hoy que hemos vuelto a la realidad de la escasez, el déficit recurrente, el creciente endeudamiento y la disminución de la confianza en el país, precisamos con urgencia de una agenda compartida entre los sectores público, privado, trabajadores y sociedad civil, para evitar que nos sigamos bloqueando entre bolivianos, para alejar lo más posible la inestabilidad macroeconómica, para aumentar la productividad del trabajador y con ello un salario digno con seguridad social, una agenda que nos permita aumentar el rendimiento de la producción en el campo con biotecnología y finalmente una estrategia de promoción de inversiones y exportaciones en sectores con mayor potencial de externalización. Todo esto es indispensable y urgente porque solo la gente bien ocupada no tiene tiempo para bloquear al país.

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