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YPFB estuvo llamada a ser la joya de la corona de las empresas estatales del país, pero su manejo político durante los últimos 14 años terminó haciendo de la estatal un ente más parecido a un codiciado botín que hoy tiene su producción y sus ingresos en caída, al extremo que al ritmo actual Bolivia estaría en la paradójica necesidad de importar gas natural en nueve años para satisfacer la demanda interna. 

Las cifras reveladoras que publicó el suplemento Dinero de El Deber este miércoles son preocupantes: tras la renuncia de Evo Morales la producción llegaba a 53,03 millones de metros cúbicos de gas diarios; un mes después era de 44,68 millones, en enero subió a 51 millones y en marzo cayó a 39,23 millones de metros cúbicos diarios. 

Los ingresos de la estatal petrolera durante el primer semestre de este año alcanzaron los 1.089 millones de dólares, mientras que en similar periodo del año pasado eran de 1.306 millones, una caída del 17 por ciento que se debe a la reducción de la producción y la venta de hidrocarburos en el mundo, afectada frontalmente por la pandemia del Covid-19.

Por último, la producción de líquidos cayó de 49.833 barriles por día en noviembre a 38.734 barriles en marzo de este año. Naturalmente, al gobierno actual le tocó heredar las consecuencias del deficiente manejo de la anterior gestión, que como todos conocen se dedicó a explotar los recursos, pero descuidó impulsar de manera decidida nuevas inversiones para aumentar las reservas y generó desconfianza en las grandes empresas petroleras del mundo que prefirieron no arriesgar capitales con un gobierno de corte socialista -por lo menos en la retórica- con un discurso antiempresarial y de amenazantes nacionalizaciones. 

Sin embargo, la actual administración tampoco es que esté acertando mucho en la conducción de la principal empresa del Estado boliviano: tres presidentes en nueve meses, acusaciones de corrupción, falta de transparencia e ineficiencia son los signos característicos de estos últimos meses que hablan de inestabilidad, improvisación y escasa eficiencia.

El ex ministro Álvaro Ríos, experto en asuntos de hidrocarburos, estima que considerando la tendencia de la curva de producción de gas natural, el año 2029 Bolivia será deficitaria en la producción de gas y tendrá que comenzar a importar ese recurso para el consumo interno.

Cuando llegue el momento, el recuerdo de que YPFB debió ser la joya de la corona pasará a ser un desagradable sarcasmo de una oportunidad perdida para Bolivia, por funcionarios que le vendieron ilusiones al país cuando hablaban de grandes ‘mares de gas’ bajo la tierra y hacían exitistas anuncios que meses después los llevaban a buscar esos mares para esconder sus cabezas más que para explotarlos.

A todo eso se suman las observaciones de que la burocracia estatal en YPFB ha crecido, y no necesariamente de personal técnico que sabe del rubro, lo cual pone a la empresa en la peor de las circunstancias: con caída de producción, de ingresos y aparte sobrecargada de personal que no es experta en la materia.