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29 de agosto de 2017, 4:00 AM
29 de agosto de 2017, 4:00 AM

Luis Szarán es autor de Doménico Zipoli. Una vida, un enigma. “La intención de este libro responde a la idea de reunir en un solo volumen la mayor cantidad de datos posibles sobre el compositor, gran parte de ellos esparcidos por el mundo. Se arriman el aporte de las fuentes propias del autor, obtenidas en los sitios de su derrotero, así como en archivos y bibliotecas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Estados Unidos, España, Francia, Italia y Alemania, a lo largo de unas dos décadas.” Este resumen se comprueba en el delicado y amoroso cuidado puesto por Szarán en su obra.

Zipoli es el Alma de los Sonidos de la Tierra que luego se reprodujeron en la República de Paracuaria y la Nación de los Indios Chiquitos. El amor por la música que sembraron los jesuitas en las tierras misioneras permitió, con respeto, que sus integrantes dieran un salto tecnológico y cultural en menos de 150 años, para pasar de la Era de Piedra al Siglo XVI, construyendo instrumentos, manejando la partitura, levantando catedrales y desarrollando una utopía cercana a San Agustín y a Tomás Moro.

El libro relata la vida de Zipoli y los avatares seguidos para rescatar su obra monumental, calificada como “el hallazgo musical del siglo en América del Sur”.  “En 1958 don Plácido Molina Barbery había informado sobre una probable existencia de partituras musicales en Chiquitos. Pero solo en 1972 empezó su rescate, conservación e inventario por el arquitecto restaurador suizo Hans Roth, legado que quedó a disposición de los estudiosos en la biblioteca de Concepción”.

Dice Roth, en una entrevista de 1996 publicada en ABC Color de Paraguay y recogida en el libro sobre su trabajo en San Rafael en 1972: “Allí encontré ese cajón que tenía las partituras y del que conservo una fotografía del estado en el que se encontraba. Era un desorden completo. Era prácticamente basura. Había, sin embargo, algunos libros más o menos intactos que los indígenas utilizaban en el coro. Más tarde me di cuenta de que los indígenas utilizaban las partituras para las misas solemnes. Ellos (en ese entonces) no leían música ni comprendían para qué servían tales páginas. Pero habían visto que se ponían en el atril mientras se interpretaba la música y así siguieron haciéndolo. Vale decir que era todo parte de un ritual”. Lo impresionante de este relato es que los jesuitas fueron expulsados en 1.767… 

Junto con los nombres universales que se suman a la cruzada, el libro recoge a nuestros Marcelo Araúz, Carlos Seoane Urioste, Piotr Nawrot, René Moreno en esta construcción de La tierra sin mal, la República de Platón, Un paraíso en el Paraguay, El triunfo de la humanidad, El Estado musical de los jesuitas, El país de los primeros cristianos, La República de Dios”... Después vendrían APAC y Rubén Darío Suárez Arana

El “tal Hermano Domingo Zipoli”, “fue de carácter y costumbres muy placenteros, y por eso querido por Dios y los hombres.” Permaneció en el olvido por 216 años y hoy ya es un espacio común en esta construcción política, religiosa, artística y tecnológica en la que, en su tiempo, habitaban 150.000 indios. 

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