Escucha esta nota aquí

El peor año de las últimas tres décadas. Así, más o menos, dan las cuentas al comparar la pobre campaña de Oriente Petrolero en 2020 con la de otros equipos refineros en los campeonatos de la División Profesional.

La decepción fue grande, porque muchos creían que con un ex jugador de fútbol al frente del club, llegaba una especie de genio de la lámpara de Aladino que acabaría con las frustraciones y volverían los éxitos para alegría del pueblo albiverde.

Pero Ronald Raldes, humano al fin, no fue nada del otro mundo, al contrario, fue tan terrenal como tantos otros que pudieron haberse equivocado más o igual que él, afectado, en cierta medida, por su inexperiencia y falta de costumbre para trabajar en equipo, fuera de la cancha.

La dirigencia, guiada por el entrenador argentino Pablo “Vitamina” Sánchez, no eligió bien los refuerzos extranjeros y acabó armando un equipo desbalanceado en todas sus líneas.

Tres de los cinco 'refuerzos' que fueron contratados se marcharon cuando arrancó la pandemia (el peruano Gutiérrez y los chilenos Carreño y Salinas). Se quedaron el mexicano Carlos Bueno y el argentino Franco, más el polifuncional Palmieri, que llegó con la anterior gestión.

Los jugadores nacionales tampoco se consolidaron en un equipo en el que reinaba la inestabilidad, incluso el veterano José Alfredo Castillo estaba peleado con su mejor amigo, el gol.

Nada que ver con la idiosincrasia futbolera del club, sustentando siempre en la vitalidad y la actitud ganadora.

Vitamina Sánchez no logró darle una identidad al equipo, las individualidades tampoco lo ayudaron, y Oriente tocó fondo. Se fue antes que se reinicie el Apertura, dejando al albiverde peleando los últimos lugares.

El cambio

En uno de los pocos aciertos de su gestión, Raldes eligió a Erwin Sánchez como director técnico, con la idea de cambiar la dramática situación y empezar a enderezar el proyecto de armar un equipo con jugadores del club como base.

Sánchez le cambió la cara de entrada al equipo. Le aportó una idea definida. Le costó ganar al comienzo, pero después de unos tropiezos llegaron las victorias que lo ayudaron a dejar el último lugar y, de paso, curar el orgullo herido.

Comentarios