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Cuando el coronavirus cobró su primera víctima fatal (22 de abril de 2020) y nadie quería hacerse cargo del Cementerio Covid-19 en Trinidad apareció el coraje de Luis Miguel Humaday Suárez, un guardia de seguridad de la Secretaría de Finanzas del municipio, que no dudó en aceptar el ofrecimiento.

“Nadie quería aceptar porque el virus estaba matando a la gente y yo lo hice. Sigo ganando el sueldo de guardia, pese a que me dijeron que me iban a dar un bono, pero nunca se hizo efectivo”, dijo a EL DEBER segundos antes de comenzar a toser.

Y es que este hombre con cuatro hijos y uno en camino (su esposa está embarazada de seis meses) contrajo el virus en días pasado. Todo comenzó el 23 de mayo cuando sintió las primeras señales del virus; sin embargo, no le hizo caso.

Días después, cerca de las 23:00 tuvo que ir a sepultar a un nuevo difunto entre las más de 100 tumbas. “Ahí sentí un escalofrío y me comenzó a dar fiebre”, recuerda Humaday, que además de ser el encargado del campo santo también hace de sepulturero y de chofer del vehículo que en algunos casos transporta a fallecidos por Covid-19.

Después de sentir los síntomas retornó a su casa y estuvo al cuidado de su esposa que es enfermera. Al día siguiente se hizo estudios de Rayos X y le detectaron que sus pulmones estaban dañados y dio positivo a la prueba de Covid-19.

“Yo dije, a tantos que he enterrado y he visto enterrar, ahora me tocó”, dice el hombre con tono sereno al otro lado de la línea telefónica. El martes pasado tuvo problemas para respirar, por lo que utilizó un nebulizador, que le ayudó a estabilizarse, mientras tomaba sus medicamentos.

Los días han transcurrido y continúa su lucha contra el virus. Según él está mejor, gracias a la asistencia de su hermano Javier Tomás, un médico radicado en Santa Cruz de la Sierra, que llegó a la capital beniana, junto a otros nueve profesionales, para atender a pacientes de forma gratuita.

“Está en una fase intermedia. No se puede decir que pasó lo peor”, afirmó el galeno, que sigue de cerca la recuperación de su familiar, mientras atiende a pacientes de diferentes patologías, igual que sus colegas solidarios, que llegaron desde la capital cruceña.

En lo que va del año, en el cementerio Covid-19 de Trinidad se han sepultado a 230 personas. 53 en enero, 33 en febrero, 7 en marzo, 25 en abril, 99 en mayo y 13 en los primeros cinco días de junio.

Mientras los benianos luchan contra la tercera ola del Covid-19, Luis Miguel, aguarda con paciencia poder vencer al virus, aislado en una habitación de su casa en la capital Trinidad.

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