En el inicio de la cuarta semana de bloqueos en las ciudades de La Paz y El Alto, comerciantes, vendedores informales y trabajadores que dependen del ingreso diario se encuentran ante alimentos cada vez más caros, una caída de ventas y deudas acumuladas. Muchos se ven obligados a reducir sus comidas, compran al fiado o venden a pérdida para sobrevivir.
En los mercados el impacto en la economía ya no se mide solo en precios altos, sino que se refleja en puestos cerrados, sobre todo en el sector dedicado a la venta de comidas.
“Día que no salimos a vender, día que no comemos, entonces tratamos de hacer alguito. Ya no hay ganancia, solamente vendemos para comer. Aquí muchas han cerrado, hemos pensado también en descansar un tiempo porque parece que estamos acabando nuestro capital nomás”, comentó una vendedora de comida del mercado Camacho en La Paz.
La carne de res que antes se podía encontrar en Bs 60 el kilo se vende ahora entre Bs 125 a Bs 130. El pollo entero se vende por encima de los Bs 100 la unidad y el maple de 30 huevos que se podía adquirir con Bs 25 llegó a Bs 60.
En cuanto a las verduras el alza no se detiene. Solo la libra de tomate que la semana pasada subió de Bs 3 a Bs 7 esta semana cuesta Bs 10, al igual que la libra de zanahoria. La lechuga que era un alimento escaso ahora se vende hasta en Bs 20. Las vivanderas señalan que los precios resultan imposibles para sostener su negocio.
La situación también golpea a otros trabajadores que dependen de ingresos diarios. Un lustrabotas que cobra Bs 2,50 por limpiar zapatos señaló: “Con tanto bloqueo la gente lo que menos piensa es que le lustren sus zapatos”, asegura, y agrega que ante la baja de ingresos prefiere no almorzar porque la comida “está cara” y prefiere llevar lo que reúne al día a su familia o tendrá que pedir fiado lo esencial como el pan.
En muchos hogares el deterioro económico ya se refleja en endeudamiento, retraso en créditos y reducción de consumo. Una primera comerciante cuenta que antes todavía podía separar dinero para pagar el banco, pero ahora apenas le alcanza para alimentarse. “El banco no te espera, día que no pagas, día que te cobra interés”, lamentó.
La economista y Directora Ejecutiva de la Fundación Inesad, Beatriz Muriel, explica que los hogares más golpeados son aquellos que ya vivían con ingresos limitados y destinaban gran parte de sus recursos a la alimentación.
“La falta de alimentos está encareciendo los precios, haciendo que los hogares pobres, y sobre todo extremadamente pobres, enfrenten una serie de problemas de seguridad alimentaria adicionales. Las personas de ingresos más altos están dejando de ahorrar o están postergando otros tipos de gastos menos esenciales para destinar un parte mayor de sus ingresos en alimentos”, señaló.
En la misma línea, el economista Germán Molina considera que los sectores más afectados son quienes viven del ingreso cotidiano y ya tenían márgenes mínimos para sostenerse. “Quienes están sufriendo más son los de ingreso bajo, aquellos que viven el día a día”, afirmó.
Los expertos apuntan que muchas familias recurren a préstamos de familiares o a reducir la cantidad de los alimentos que consumen para enfrentar la crisis. El problema es más visible en zonas donde la población depende completamente del abastecimiento externo y de ingresos diarios.
Ambos advierten que el deterioro puede profundizar la pobreza y empujar a más personas hacia la informalidad para subsistir, donde el objetivo deja de ser generar ahorro o estabilidad y pasa simplemente a garantizar la comida del día.