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“Llegamos al campamento Tata Santiago. Estamos en las carpas. Hace un frío tremendo”, comenta Carla S., una de las casi 500 personas que salieron del Liceo A-7 de Iquique (Chile) hace dos días. 

El grupo llamó la atención de los medios de comunicación porque estuvo acampando frente al consulado boliviano en Santiago de Chile. Fueron colaborados por vecinos, Derechos Humanos y el Servicio Jesuita al Migrante. Cuando salieron en 14 buses de la capital, pensaron que serían llevados a la frontera, pero tuvieron que permanecer en Iquique.

Felizmente, recibieron apoyo hasta que iniciaron la cuarentena exigida por el Gobierno boliviano. Cumplieron una parte en el campamento chileno el miércoles pasado. Estaban ya desesperados y a punto de iniciar una huelga de hambre, pero empezó el viaje y todos se tranquilizaron. Todo esto se realizó en coordinación con las cancillerías de ambos países. 

Quedaron aisladas en Iquique 104 personas que dieron positivo a las pruebas de Covid-19.

Como cuenta Consuelo Ch., esperaban encontrar mejores condiciones en Tata Santiago. “No parece una cuarentena. Al contrario, parece un castigo porque nadie guarda distancia, se pelean para el desayuno, hay aglomeraciones. No hay quién organice todo esto. Nosotros estamos cocinando el desayuno, el almuerzo. Tal vez estoy pidiendo mucho, pero creo que no son las condiciones para hacer cuarentena”.

Consuelo comenta que todos están un tanto decepcionados porque en Chile los trataban diferente. “Cómo es posible que en nuestro propio territorio nos tratemos así. Los hermanos chilenos nos brindaron más ayuda y mejor alimentación. Sé que cualquier comida es bienvenida y agradecida, pero la presidenta debería tener más enfoque en estos albergues y centros de acogida. Los demás con los que estoy aquí piensan lo mismo”, comenta.

Lo que más incomoda a Carla S. no es el frío, que impide salir de las carpas, sino que los baños, que están divididos para hombres y mujeres “son un asco total. No sabemos si vamos a salir sanos”.

Hay vendedores fuera del campamento, pero no les permiten comprar comida. Están ansiosos por salir, porque aseguran que los alimentos escasean. El plato más común es el fideo y un poco de pollo: diez kilos que tienen que distribuir para todos. 

El jueves completan la cuarentena y quedarán habilitados para empezar el retorno hacia sus ciudades de destino en varios departamentos de Bolivia.

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