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El Gobierno ha decretado el cierre de la frontera con Brasil por el periodo de 7 días. La medida pretende resguardar a la población ante la posible expansión de la cepa P.1 que se considera más agresiva  que las anteriores. La interrogante se centra en cómo ejercer el control migratorio en una de las fronteras más extensas del mundo.

Los 3.423 kilómetros que marcan la separación limítrofe entre Bolivia y Brasil suponen la segunda mayor distancia fronteriza en América del Sur y una de las 10 más largas a nivel mundial. En el cono sur sólo es superada por la separación entre Argentina y Chile que contempla 5.150 km.

La línea fronteriza que marca el límite territorial entre Bolivia y Brasil recorre desde el Pantanal hasta la selva amazónica a través de tres departamentos: Santa Cruz, Beni y Pando. Desde este viernes, 2 de abril, los pasos entre ambos países permanecerán cerrados durante 7 días, salvo los lapsos de 3 horas que ha permitido el Ejecutivo.

El alcalde de San Ignacio de Velasco, Moisés Salces, califica la medida como positiva, aunque considera que se tomó con cierto retraso. En su municipio se ha aprobado un cierre de 15 días que impedirá cualquier tránsito al vecino país.

Salces es consciente de los inconvenientes que supone la medida. “Si cerramos, la gente protesta: y si no cerramos, también protesta”, asegura la autoridad municipal. 

San Ignacio cuenta con tres pasos fronterizos autorizados con Brasil: San Vicente, Coyú y En Buena Hora. Además, dos compañías de autobús conectan ambos países de forma regular, al menos tres veces por semana.

Más allá de estos pasos, Salces reconoce que en una extensión tan amplia existen cientos de lugares no controlados para cruzar desde el vecino país. “No es posible el cierre total”, afirma y recuerda que los caminos vecinales y las estancias son formas de ingresar a Bolivia sin ningún control migratorio

Las últimas medidas dispuestas por el COEM de San Ignacio de Velasco han prohibido el ingreso de las flotas a territorio nacional. “Por encima de todo, está la vida”, asegura Salces. Hasta el momento, el control se realiza con el apoyo de la Policía ya que, según corrobora el mismo alcalde, el Ejército no acudió a la reunión del COEM. Eso sí, espera que con el decreto pueda asumir un papel más activo.

Además de la frontera con Brasil (3.423 km de longitud), Bolivia cuenta con extensas fronteras con Perú (1.047 km), Chile (850 km), Paraguay (750 km) y Argentina (742 km).

A nivel mundial, la división limítrofe entre Canadá y Estados Unidos supone la mayor distancia fronteriza entre dos países. Son 8.891 km que separan a las dos naciones: 5.061 km corresponden a límites terrestres y 3.830 km a la separación acuática.

El exdirector del Servicio Departamental de Migración, Héctor Montero, explica que son múltiples pasos fronterizos que vincula a Bolivia con Brasil. “El control es casi nulo”, asegura. Distingue los pasos “oficiales” o camineros como San Matías y Puerto Quijarro de otros menos frecuentados como Carmen de la Frontera, que se encuentra en Puerto Suárez. En estos últimos pasos “son dos militares apenas los que realizan el control”, asevera Montero.

Con la experiencia acumulada al frente de la oficina de Migración, Montero advierte los riesgos que implica un cierre de fronteras con Brasil. Más allá del control efectivo en los puestos fronterizos, la exautoridad apunta al “acuerdo entre ambos países antes de asumir una medida semejante”.  

Brasil tiene una situación migratoria diferente que permite el flujo comercial y de personas ágil. “La frontera entre ambos países es dinámica, las ciudades fronterizas forman parte de la vida diaria de estos municipios y no es tan sencillo restringir el paso. Hay estudiantes que acuden a la escuela en Brasil o personas que buscan asistencia médica en el vecino país”, explica Montero.

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