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El café de los Yungas busca contener la expansión de la coca excedentaria

Viernes, 26 de junio de 2026 a las 10:55
La cosecha de café en Yugas es una de las actividades productivas más importantes. Foto: Onudc

Un programa financiado por Corea del Sur y la Unión Europea pretende reconvertir 1.100 hectáreas hacia cultivos sostenibles. Actualmente participan 338 familias, aunque la reducción efectiva de cocales recién será verificada a finales de este año. La ONU recuerda que hoy es el Día Mundial de la lucha antidroga.

En Yungas de La Paz, donde los cultivos de coca aumentaron un 4%, un programa de desarrollo alternativo apuesta por el café de especialidad como una opción económica para contener la expansión de plantaciones excedentarias y reducir la dependencia de actividades relacionadas con economías ilícitas.

La iniciativa es ejecutada por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), con financiamiento de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y de la Unión Europea. Su intervención se concentra en La Asunta, Chulumani y Caranavi, municipios altamente productivos y con potencial turístico.

De acuerdo con el reporte de Monitoreo de Cultivos de Coca de la UNODC presentado a inicios de 2026, en Yungas había unas 19.230 hectáreas de coca en 2024, equivalentes al 57% de la superficie cultivada en Bolivia. La Ley General de la Coca autoriza un máximo de 14.300 hectáreas en esa región, por lo que existen 4.930 hectáreas por encima del límite legal.

“Este contexto evidencia la importancia de fortalecer alternativas económicas sostenibles que permitan a las familias diversificar sus ingresos y reducir su dependencia de actividades vinculadas a economías ilícitas”, explicó a EL DEBER Mónica Mendoza, representante de la UNODC en Bolivia.

La situación también se replica en el Trópico de Cochabamba, donde el cultivo creció en un 18% respecto al anterior monitoreo. Esa región tiene 14.275 hectáreas, frente a las 7.700 permitidas por la norma, lo que representa 6.575 hectáreas excedentarias.

En ese escenario, el programa busca reconvertir 1.100 hectáreas hacia sistemas agroforestales y productos de mayor valor agregado, principalmente café. De acuerdo con la UNODC, esa superficie permitiría neutralizar un potencial estimado de producción de hasta 11,6 toneladas de cocaína por año, es decir, unas 58 toneladas durante los cinco años de ejecución del proyecto.

Actualmente, 223 familias de Chulumani, La Asunta y Caranavi participan con apoyo de KOICA, mientras que otras 115 familias de La Asunta reciben respaldo de la Unión Europea. En total, son 338 familias incorporadas a las distintas fases del programa.

Los productores cuentan ahora con 274 hectáreas dedicadas al café y, según la UNODC, exportaron más de 250 toneladas después de recibir asistencia técnica, capacitación para desarrollar sistemas agroforestales y apoyo para mejorar la comercialización.


Personal de Koika con familias beneficiarias del programa

La meta global es beneficiar directamente a unas 5.500 personas con una participación prevista de al menos un 20% de mujeres y jóvenes. Solo el componente financiado por KOICA pretende alcanzar a 1.000 familias, equivalentes a aproximadamente 5.000 personas, además de generar efectos indirectos para más de 100.000 habitantes de los tres municipios.

Sin embargo, la UNODC aclaró que todavía no existen resultados definitivos sobre cuántas hectáreas de coca fueron efectivamente sustituidas. Las familias ingresan voluntariamente al programa y firman compromisos de no expansión y de reemplazo de cultivos excedentarios.

“El enfoque del programa es voluntario. Las familias beneficiarias ven los resultados y se suman, firmando un compromiso de no expansión y de sustitución de cultivos excedentarios de coca”, precisó Mendoza. Añadió que a finales de este año se realizará un monitoreo para verificar la reducción y sustitución efectiva de esas plantaciones.

Uno de los principales desafíos es competir con la coca, que proporciona ingresos frecuentes y dispone de mercados consolidados. El café, en cambio, requiere inversión, tiempo, capacitación y cuidados especializados antes de alcanzar una producción estable.

“No basta con promover un cultivo alternativo; es necesario construir una cadena de valor completa que genere ingresos sostenibles y competitivos para las familias”, señaló la representante de la UNODC.

Mendoza reconoció, además, que la producción cafetalera demanda un proceso prolongado. “La producción y comercialización de café no es de la noche a la mañana; requiere mucha inversión que va más allá de lo económico. Hablamos de una inversión de tiempo y de responsabilidad”, afirmó.

Por esa razón, el proyecto no se limita a la entrega de plantas o insumos. Incluye viveros, asistencia técnica, secadores familiares, plantas de beneficio húmedo, manejo poscosecha, certificaciones orgánicas y de comercio justo, trazabilidad, control de calidad y fortalecimiento de las asociaciones.

Nuevos mercados para el café

También contempla la búsqueda de compradores internacionales. Europa fue uno de los primeros destinos del café producido en estas zonas y ahora se explora el ingreso a Corea del Sur y otros mercados asiáticos, donde existe un consumo creciente de cafés especiales.

“El mercado asiático, y particularmente el coreano, muestra un interés creciente por los cafés especiales. Corea cuenta con una cultura cafetera muy dinámica, consumidores exigentes y un mercado que valora cada vez más el origen, la calidad y las historias detrás del producto”, afirmó a EL DEBER el embajador de Corea del Sur en Bolivia, Lee Jang.

El diplomático destacó que el grano boliviano tiene condiciones favorables por la altura, el clima, la biodiversidad y la posibilidad de ofrecer una producción sostenible y diferenciada. Sin embargo, señaló que todavía deben mejorarse la consistencia de la calidad, el procesamiento, la logística, la trazabilidad y la capacidad de garantizar volúmenes estables.

“El potencial existe; el reto es convertir ese potencial en una oferta estable, confiable y competitiva”, sostuvo el representante diplomático.


El embajador Lee

El apoyo coreano busca fortalecer toda la cadena productiva, desde la instalación de viveros y la mejora del manejo poscosecha hasta las certificaciones, el desarrollo empresarial y el acceso a mercados.

“No queremos que los productores solo vendan materia prima; queremos que puedan participar en una cadena más justa, organizada y rentable, donde la calidad del café boliviano se traduzca en mejores ingresos para las familias”, remarcó el embajador.

En el contexto del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el embajador Lee sostuvo que el problema mundial de las drogas no puede ser enfrentado únicamente mediante acciones de control y erradicación.

“El problema mundial de las drogas no puede abordarse únicamente desde la perspectiva del control o la represión; también requiere ofrecer alternativas económicas reales a las familias que viven en territorios vulnerables”, afirmó.

En su criterio, el café puede convertirse en algo más que un producto agrícola. “Puede ser una herramienta de desarrollo territorial, de inclusión económica y de protección ambiental”, señaló.

El reto será demostrar que los ingresos generados por el café pueden ser sostenibles y competitivos. La apertura de mercados, la venta en mejores condiciones y el acceso a precios favorables serán determinantes para evitar que las familias retornen a los cocales.

“Cuando las familias logran vender su producción en condiciones favorables y obtener ingresos sostenibles, aumentan significativamente las posibilidades de que estas alternativas productivas se consoliden en el tiempo”, concluyó Mendoza.  

Adicionalmente, el embajador destacó que la iniciativa se enmarca en el fortalecimiento de la cooperación entre Bolivia y Corea, impulsado tras la reciente visita del canciller Fernando Aramayo a ese país que tuvo lugar a inicios de junio. Durante sus reuniones con autoridades coreanas y representantes de KOICA se abordaron proyectos de cooperación para el desarrollo. En ese contexto, el apoyo a la producción inclusiva de café refleja la amistad y el trabajo conjunto entre ambas naciones.

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