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Caídas, disciplina y sueños: la historia de una amazona que no se rinde

Lunes, 27 de abril de 2026 a las 03:55
Campeonato Longines Global Champions Tour CSI2. Competió en la prueba de salto 1.20

Naual Jayati Schugair Tawafsha creció rodeada de caballos, pistas y disciplina. Hoy, con más de una década de competencia desde 2010, ha construido un recorrido que combina talento, constancia y una estructura familiar decisiva para sostener su desarrollo.

Naual Jayati Schugair Tawafsha no habla de victorias cuando cuenta su historia. Habla de caídas. De golpes. De volver a subir.

Una de esas escenas resume su carácter. En plena competencia, en Santa Cruz, su yegua se tranca en un obstáculo. Naual sale disparada. “Caí literal como una bolsa de papa”, recuerda.

Podía retirarse. Era lo razonable. No lo hizo.

Volvió. Compitió. Ganó.

Esa secuencia —caer, levantarse, insistir— no es una excepción. Es la lógica que atraviesa toda su carrera.

Nacida en Bolivia y formada en una familia vinculada al mundo ecuestre, Naual creció rodeada de caballos, pistas y disciplina.

Hoy, con más de una década de competencia desde 2010, ha construido un recorrido que combina talento, constancia y una estructura familiar decisiva para sostener su desarrollo.

Su historia empieza temprano, casi inevitable. “Practico salto ecuestre desde mis seis años. Desde que tengo uso de razón estuve en medio de los caballos”, dice.

En Sucre, donde comenzó, su entrenador encontró una forma de describirla: “la piloto de prueba”. Caballo que llegaba al club, caballo que ella montaba.

Ese entorno no era casual. Su padre y su familia han estado ligados al hipismo, construyendo un entorno donde el deporte no era una actividad eventual, sino una forma de vida. Ese vínculo familiar no solo definió su acceso al deporte, sino también su permanencia en él. En un entorno donde la equitación exige inversión constante y dedicación diaria, el respaldo familiar fue clave para sostener entrenamientos, competencias y proyección internacional.

Naual Jayati compitió en varios países

Ese respaldo fue determinante para sostener una disciplina exigente y de alto costo.

“No es un deporte fácil, ni económico”, reconoce.

Ahí aparece el rol de la familia.

“Estoy muy agradecida con Dios y con mis papás por darme la oportunidad de hacer este deporte”, afirma.

Ese apoyo no se limita al financiamiento. Es acompañamiento, logística, presencia. Es equipo. “Mi caballo, mi entrenador, mi familia… todos son un team. Si falta uno, todo se complica”, dice.

Pero Naual no es solo jinete. También es profesional. Se graduó como ingeniera comercial en Santa Cruz, una formación que ha llevado en paralelo a su carrera deportiva, combinando exigencia académica con alto rendimiento competitivo.

Ese doble camino —deporte y formación— le ha permitido construir una visión más amplia de su carrera, donde la disciplina no se limita a la pista, sino también a la gestión de su propio desarrollo, su planificación y su proyección a largo plazo.

En el plano deportivo, su trayectoria se ha expandido más allá de Bolivia. Ha competido en distintos países y ciudades, acumulando experiencia en circuitos internacionales que exigen precisión, técnica y adaptación constante. Ese recorrido la llevó a competir en distintos escenarios internacionales, enfrentando pistas, reglamentos y niveles de exigencia diversos. Cada país implicó adaptación, no solo técnica, sino también mental, frente a jinetes con mayor experiencia y estructuras más consolidadas.

Su trayectoria alcanzó un punto clave con su participación en escenarios de alto nivel como el Longines Global Champions Tour, en ciudades como Miami Beach, donde el margen de error es mínimo y la competencia es global.

“Para mí es algo muy importante, no por ser la primera, sino por representar como se debe”, dice.

Y aclara: “No es ir por ir. Es ir y hacerlo bien”.

Ese estándar exige disciplina.

“La disciplina es lo que te forja a ser lo que quieres ser”, sostiene.

Pero también exige autocrítica.

“Si sabes que estás fallando, enfócate en ese error. No necesitas que alguien te lo repita todos los días”, explica.

Ese aprendizaje no termina en la pista. Continúa fuera. Observando, analizando, entendiendo. “Uno no aprende solo entrenando. Viendo también se aprende”, afirma.

Ese enfoque la llevó a seguir de cerca competencias internacionales, a estudiar recorridos, a absorber decisiones de jinetes de alto nivel y a comprender que el crecimiento también pasa por mirar y entender a otros.

Pero hay un punto donde todo eso se pone a prueba: la caída. “Este deporte es una montaña rusa”, dice. Y la regla es clara: “Si te caes, te paras, te limpias y te vuelves a subir”.

No hay alternativa.

Esa lógica la ha llevado a competir incluso después de lesiones. A insistir cuando el cuerpo no está listo. A priorizar el proceso sobre el resultado inmediato y a entender que el rendimiento no es lineal, sino una construcción permanente.

Porque el objetivo es otro. “Mi sueño es llegar a Panamericanos, mundiales, Olimpiadas”, dice.

Hoy, ese proceso la tiene fuera del país. “Ya estoy aquí en Estados Unidos, gracias a Dios”, cuenta, donde entrena y compite en circuitos exigentes como Wellington, uno de los centros ecuestres más importantes del mundo. En ese entorno, el margen de error es mínimo y la competencia es permanente. La exigencia no se limita al resultado, sino al proceso diario: entrenamiento, lectura de pista, conexión con el caballo y rápida toma de decisiones.

En un país donde el deporte suele construirse más desde la voluntad que desde la estructura, historias como la de Naual Jayati adquieren un peso distinto. Porque no se trata solo de competir. Es resistir. De avanzar. Y de demostrar que es posible construir trayectorias de alto rendimiento con trabajo, entorno y convicción. Porque al final, en la pista o fuera de ella, su historia vuelve siempre al mismo punto: caerse, levantarse, y volver a intentarlo.

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