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Nadie está pensando en la feria exposición o en el carnaval, pero esos dos mojones en la vida social boliviana y cruceña están relativamente cerca. El retorno a la dinámica económica, marcado por la feria, seguramente llevará la marca de la pandemia. Las empresas, los negocios, los colegios y hasta las comparsas llevarán esa señal. Por ahora, los carnavaleros están concentrados en labores sociales y no renovarán su directorio hasta que haya elecciones nacionales.

“Si los padres no quieren mandar a sus hijos al colegio, ¿será que van a querer tenerlos en garajes con 5.000 personas?”, se pregunta Carlos Arrien, presidente de la Asociación de Comparsas Carnavaleras. Lo mismo que Raúl Strauss, gerente de Fexpocruz, Arrien considera que es necesario observar cómo se desarrolla la cuarentena en Bolivia y en otros países. Nadie tiene una receta establecida, aunque Alemania haya decidido autorizar algunas ferias, cuenta Strauss.

Ambos eventos, basados en la participación y en la aglomeración del público, serán dos muestras de la vida social post pandemia en Bolivia, “aunque tengamos que carnavalear desde nuestras casas”, dice el presidente de los carnavaleros paceños, Ramiro Lazo.

Con tacto

Lo que va a ocurrir en pocas semanas será determinante para la recuperación de la vida social, que, en realidad, es una adaptación. Locales pequeños como Tía Ñola, que tiene una capacidad para 60 personas, tendría que reducirse a brindar espacio para una decena. El gestor cultural Ariel Vargas considera que se pueden realizar obras teatrales de pequeño formato puestas en escena con dos actores. Si la obra dura 20 minutos, se puede hacer la presentación para una familia o un grupo de amigos reducido. “Algo similar al microteatro”, considera Vargas, que también recurrirá a la web para transmisiones en vivo. Un detalle importante en esta época es el delivery, que debe estar listo no solo para las empresas grandes, sino para los negocios pequeños. “Las tienditas y el snack también deben recurrir a esa opción. Así activamos la economía”, considera.

“La relación de trabajo a través de la web y las medidas de seguridad se mantendrán, como ocurrió con los aeropuertos después de los atentados. Cambiaron los sistemas de seguridad y se mantienen hasta la actualidad. Los sistemas de bioseguridad se mantendrán con nosotros”, dice.

Eso sí, seremos más limpios, según el profesor universitario y economista Edgar Rau. Habrá más cuidado por la higiene y estaremos mejor organizados y eficientes al realizar las tareas diarias, como ir al centro y a lugares públicos con concentración de personas cuando sea muy necesario. “Volveremos a recurrir a las ventas de la esquina y del interior de los condominios, que ya nos están ayudando bastante. Se está formando una nueva canasta de bienes y servicios nuevos; la entrega a domicilio es ya la más importante.

Adolfo Mier considera que en algún momento “las candilejas del teatro van a volver, cuando la gente esté cansada de Netflix y de tanto noticiero que cuenta los muertos de la fecha”. El humorista y creador del Show de Mier se entusiasma cuando dice: “Tuvimos la suerte de captar a buenos amigos del exterior que se sumaron a nuestras redes y llevaron humor a la gente durante diez semanas. Tenemos muchas cosas pensadas para que cuando volvamos, le metamos con todo”.

En cuanto a los conciertos, que marcan otra actividad social de los cruceños, la figura es más complicada. Los 70 músicos de la Filarmónica de Santa Cruz esperan el momento de poder ensayar, aunque no en pleno, sino con 20 músicos; no con los 70 coristas sino con 15 en un programa separado y probablemente con escaso público. Seguirán con transmisiones en redes y quizá con programas que se puedan vender a canales, según su director, Isaac Terceros. Cita un interesante estudio realizado con la Filarmónica de Viena, que muestra el casi nulo riesgo de contagio entre músicos que ensayan, incluso con instrumentos de viento.

Tanto en colegios como en universidades, dice el catedrático Rau, existe una nueva realidad académica, institucional y administrativa en la que el profesor, el estudiante y el administrativo tienen que cumplir nuevos roles y funciones de manera autónoma y a su vez colaborativa. “Los recursos, aplicaciones y programas virtuales ya existen. Estos roles tienen que realizarse con calidad académica y pertinencia e impacto social. Este cambio de fondo provocará una emigración de profesionales de las universidades a otros sectores, organizaciones y empresas. El choque tecnológico, de habilidades y competencias profesionales ya está sucediendo”.

La ciudad, ¿nuevo espacio social?

Los lugares donde se desarrolla la vida social son la casa y la ciudad. En distintos foros actuales surge la pregunta de si es posible una arquitectura pospandemia saludable. Sí, lo es, aunque menos de un 40% de las personas en Santa Cruz y Bolivia accedan a la arquitectura, dice Luis Fernández de Córdova. Con su experiencia de 40 años, considera que tener viviendas donde soportar una cuarentena sin abrasarse es un saber que se ha ido perdiendo. En las comunidades de antaño se tomaba en cuenta la dirección de los vientos y el ciclo solar para construir.

El diseño de hospitales, una de las pruebas más complejas que se estudian en la carrera de arquitectura, suele entregarse en Bolivia a empresas extranjeras. Fernández conoce solo un arquitecto con especialidad en esa área, y se muestra escéptico acerca de los cambios que puede haber en los próximos años. “Nadie va a construir un cuarto separado para atender al pariente enfermo. Pero lo que sí debe golpearnos es el repensar en la exclusión social y en la repartición de las riquezas”, comenta. Su ejemplo: la ejemplar gestión de la crisis en Eslovenia, donde la salud es gratuita y se atiende al gerente y al barrendero en el mismo centro y con los mismos médicos. Eslovenia fue el primer país Europeo en declarar el fin de la pandemia y abrir sus fronteras hace ya 20 días.

Otro aspecto que influirá en el relacionamiento social es el transporte. En un micro hay 25 puntos de apoyo y, por tanto, de probable contagio. En la bicicleta solo hay dos. Esas cifras, que maneja la activista de la bicicleta Gina Mabel Muñoz, han empezado a inclinar la balanza hacia este tipo de transporte en varios países. Es el momento de facilitar el acceso a una bicicleta de calidad a quienes no pueden comprarla. Los ejemplos de líneas blandas de crédito que menciona Muñoz son viables. Los bancos que dan microcréditos pueden facilitar la compra de bicicletas de buena calidad, como parte de su programa de RSE (Responsabilidad Social Empresarial). Es posible aplicar la exención de impuestos a quienes usen este vehículo (como en Francia) o estímulos de las empresas a los empleados que pedaleen todos los días -ya sea en bonos o jornadas de descanso- para que los 69 kilómetros de ciclovías planificados en Santa Cruz se utilicen efectivamente.

Si bien se trata de ciclovías emergentes y asociadas al BRT, con el tiempo será necesario ampliar la red y señalizarla.

En resumen, las áreas del comportamiento social que más mostrarán cambios son el comercio, el transporte, los eventos, la educación y la industria. El rediseño de la ciudad es por ahora una preocupación de expertos.

Plexiglás en gimnasios: en Hong Kong están utilizando separadores de plexiglás para volver a la actividad. Los usan en lugares donde no se puede guardar la distancia de dos metros.

Un trencito de café: la idea de entregar sushi en un trencito de juguete ha sido aplicada en varios cafés de Nueva Zelanda. Los clientes recogen su pedido sin necesidad de que se acerque un mozo.

Un zoológico abierto: el zoo de San Antonio solo permite visitas en vehículo. Los visitantes circulan lentamente mientras escuchan un audio con explicaciones acerca de los animales y sus costumbres.

Panadería ‘cercana’: varias panaderías en Estados Unidos aceptan pedidos en línea, pero el cliente los recoge. Se entregan en una canasta que desciende de un lugar elevado.

Creatividad: en Little Washington, los locales Inn colocaron maniquíes para no bloquear con cintas sus espacios. Consiguen así que el lugar se vea concurrido y ‘normal’. Una cafetería utilizó ositos de peluche en lugares que no deben ser ocupados por la clientela.

Recursolos responsables del Parque de Brooklyn pintaron espacios circulares tomando en cuenta los dos metros de separación que debe haber entre personas. Algunos patios de comida están considerando utilizar este recurso.

Señalética: las cadenas de comida y café utilizan ‘señalética postpandemia’ para garantizar el bienestar de sus clientes.

Distanciaun gráfico de cómo funciona la distancia física, la medida en la que más se insiste en este periodo de relajamiento de normas. La distancia varía según el país. Se basa en estudios realizados en los años 30 del siglo XX.