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“Con 100 casos al día, ¿usted levantaría la cuarentena?”, dice Óscar Urenda. En su primer día de encierro por precaución, al ser contacto de un caso positivo de coronavirus, el secretario departamental de Salud responde a la pregunta de flexibilizar la cuarentena con otra pregunta, como queriendo recurrir al sentido común. Horas antes, la alcaldesa interina Angélica Sosa había opinado de seguir en el régimen de cuarentena total en Santa Cruz de la Sierra y no acceder a la modalidad de flexibilización.

Urenda explica que la cuarentena en Santa Cruz ya es dinámica, que trabaja el sector productivo, las granjas, el campo, las fábricas más esenciales y los restaurantes a través de la entrega a domicilio, pero no ve conveniente abrir el comercio en general u otros sectores como el transporte público, porque el resultado sería desastroso.

Anoche, autoridades municipales tuvieron una reunión con el sector de la construcción de Santa Cruz, que pidió volver a las obras, pero sin mucho éxito. Los constructores habían consensuado, a finales de abril, regresar a las faenas el 4 de mayo, utilizando transporte propio o a través de bicis y motocicletas, pero la acumulación de casos, casi 500 en los últimos cinco días, no se los ha permitido.

En el último decreto sobre el coronavirus, el Gobierno estableció tres niveles de alerta para la flexibilización de la cuarentena: alta, en la que los municipios se mantienen en aislamiento total; media, en la que se permite trabajar por seis horas con medidas de bioseguridad; y baja en la que se trabaja por ocho horas. 

En una entrevista con EL DEBER, Marcelo Navajas, ministro de Salud, anunció que, para establecer estas categorías, se aplicarían pruebas aleatorias en los municipios. 


Esto se complica, cuando los laboratorios están saturados por pruebas Covid-19 y ciudades como Tarija se quejan porque trabajan a ciegas, que llevan nueve días esperando resultados. La semana pasada, los reactivos en Cenetrop se acabaron y Urenda aseguró que no se han podido habilitar dos laboratorios de biología molecular en Santa Cruz porque no habían llegado los reactivos.

A ello se suma la declaración de Navajas ante la Asamblea Legislativa, que explicó que la curva epidemiológica boliviana, en cuarentena, se duplicaba cada 10 días, por lo que se esperaba 10.000 casos hasta finales de mayo. En la entrevista con EL DEBER, Navajas había anunciado que este mes se realizarían 10.000 test. Tomando en cuenta que, en el mejor de los casos, se detecta un caso por cada cuatro pruebas, eso quiere decir que solo 2.500 de los 10.000 casos podrían ser reportados por el sistema epidemiológico nacional.

Hay otros datos que juegan en contra de los planes de flexibilización de la cuarentena. Todas las proyecciones matemáticas de la epidemia en Bolivia, que se basan en datos oficiales del Estado, indican que el pico máximo del coronavirus en el país se dará en la segunda quincena de mayo. 

Así lo dice la Universidad de Singapur, que lo ubica el 18 mayo y así lo descubrieron en abril los investigadores nacionales Juan Cristóbal Birbuet y Rafael López, que establecieron que, si no se aplicaba la cuarentena el sistema de salud hubiese colapsado el 17 de abril. 

Esa estimación la hicieron sobre la base de la capacidad instalada de terapias intensivas que había en el país, antes de la cuarentena: 252 camas de internación. Aplicando el modelo epidemiológico SEIR (susceptibles, expuestos, infectados y removidos), establecieron que si no se aumentaba esta capacidad, la cuarentena no sería una solución definitiva y el sistema de salud colapsaría cuando se alcancen 5.040 infectados.

Eso, según la progresión de la curva epidemiológica, sucedería alrededor del 16 de este mes. Es por eso que Urenda, antes de entrar en cuarentena, anunció que los hospitales están a punto de colapsar y exigió al Gobierno que cumpla con su promesa de dotarle 125 ventiladores para pacientes y el personal necesario para habilitar nuevas camas de internación. 


Hasta ayer, Urenda solo consiguió que se le habiliten 154 contratos, de los 800 que necesita. Le prometieron que la siguiente semana llegan los respiradores. El sábado de la próxima semana, ya es 16 de mayo, la fecha prevista por el estudio para el colapso si no se aumenta la capacidad de atención de terapias intensivas en el país.

Urenda asegura que los casi 500 casos reportados en los últimos cinco días, no se debe solo a la acumulación de pruebas por la falta de reactivos sino porque nos estamos acercando al pico de contagios y hay mucha gente que sigue sin cumplir la cuarentena total.

Eso pudo ser comprobado por EL DEBER en un recorrido por los barrios de la ciudad, donde incluso en la noche se presenta circulación vehicular y tiendas abiertas, sin vigilancia alguna de policías y militares.

Para el infectólogo Rodrigo Castedo, con los números actuales del departamento da para preocuparse. Cree que el éxito aparente de la cuarentena ha provocado un relajamiento en el vecino, que ve muchos muertos en los países vecinos y aquí menos, sin darse cuenta de que en el país “todavía no explotó la bomba”. 

"La cosa se va complicar. Me preocupa el frío. Eso hará que le número de casos se incremente, peor cuando la cuarentena se flexibilice. La gente está cansada y se confía en que no pasará nada. En la periferia hacen su vida casi normal y lamentablemente, este virus ha demostrado que cuando lo ignoran, cuando lo subestiman, hace más daño”, dice Castedo, en referencia a Suecia, Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido.

Con las llegadas de los primeros surazos del año, el infectólogo teme que el virus se mueva con mayor comodidad -hay estudios que muestran que el coronavirus es menos activo cuando la temperatura es superior a los 21 grados- y eso complique aún más la flexibilización del aislamiento. 


En el estudio de Birbuet y López, para llegar a la inmunidad comunitaria y que el virus deje de circular, se necesita que entre el 58% y el 83% de la población sean inmunes. Y esto se consigue de dos formas: colapsando el sistema de salud y provocando miles de muertos o esperando una vacuna contra la enfermedad. 

Este dato, el porcentaje necesario para alcanzar la inmunidad del rebaño, fue utilizado por Navajas en su exposición en la Asamblea Legislativa y provocó reacciones de temor entre los que lo escucharon.

López y Birbuet, a mediados de abril, ya proponían que la mejor arma para flexibilizar las medidas de cuarentena era pasar del aislamiento total al selectivo; es decir, encapsular a los contagiados a través de pruebas masivas, combinando las moleculares (PCR) con pruebas rápidas que permitan identificar a asintomáticos que ya han desarrollado anticuerpos al virus (esas pruebas funcionaron para los cuatro miembros del gabinete de Angélica Sosa).

Hasta el momento, Bolivia no ha aprobado el uso de las pruebas rápidas por su alto índice de falsos negativos (mide los anticuerpos) y, según lo anunciado por el ministro Navajas, promediará unos 300 análisis PCR por día, cuando la expectativa era sobrepasar los 1.200 con la implementación de nuevos laboratorios. 

Así, la cuarentena dinámica puede ser más un salto de fe, empujado por los casi tres millones de ciudadanos que ya no pueden comprar lo mínimo necesario para comer, que una decisión científica.


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