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Está agotado. Al principio habla bien, pero mientras pasan los minutos se percibe que el aire le empieza a faltar. Sus palabras se quedan en frases cortas. Jorge Gómez, el epidemiólogo que está al frente del Servicio Departamental de Salud (Sedes) recibió un Beni en plena explosión del coronavirus. Aquejado por la enfermedad, el galeno cuenta a EL DEBER por qué este departamento pasó, en menos de un mes, de una supuesta calma y contención a un 'desastre epidemiológico' y que ya lleva 1.242 casos positivos.

"En este momento no importa que te enfermés, en este momento importa que no te murás", retumba por el teléfono la sentencia de Gómez sobre lo que se vive, sobre todo, en Trinidad.

¿Qué pasó?

Falta de pruebas o, en realidad, falta de hacer las pruebas. Hace poco más de un mes, cuando el departamento gozaba de ser el único del país que no presentaba casos de Covid-19, las anteriores autoridades sanitarias se jactaban de que "aquí nadie entra, nadie sale" y era esta premisa la que generaba en la población una falsa sensación de bienestar.

Pasaban los días y el resto del país se 'cundía' de casos positivos, pero Beni no, allá no pasaba nada, todo andaba supuestamente bien. Y cómo no iba a pasar nada si tampoco realizaban las pruebas de PCR correspondientes para ir encontrando casos.

"En 41 días se realizaron solamente 46 pruebas, porque la 47 y 48, fueron los dos primeros casos positivos. Esa pequeña diferencia fue la que marcó el problema", lamenta Gómez, que desde que asumió la dirección del servicio de salud, hace poco más de tres semanas, ya llevan realizando más de 1.800 análisis, que es lo que ha estado mostrando, en tiempo real, la situación de ese departamento.

Una de las consecuencias de no haber realizado más exámenes es que, hasta hoy, no se sabe quién fue la o él paciente cero de Beni.

Antes del supuesto paciente cero, una mujer que había llegado de Chile, se presentó con dolores de cabeza en el centro de salud del barrio Pompeya. El personal del Sedes de ese entonces no procedió a tomarle la prueba. ¿La excusa? No tenía fiebre. "Ese fue un caso y sucedió dos o tres semanas antes del primer caso. Podíamos haber ganado tiempo. Si se hubiese sabido de ella, otras hubieran sido las acciones. Así, hay dos o tres historias más, idénticas a ella", cuenta Gómez.

¿Se buscaban bien los casos? ¿Quién es el culpable de toda esta situación? En la primera cuestionante, Gómez acepta que sus antecesores no indagaron bien, pero sobre la segunda pregunta, prefiere evitar buscar culpables, porque tiene muchas cosas en la cabeza, como el haber dado positivo hace cuatro días, al virus.

Viviéndolo en carne propia

El galeno sintió los síntomas desde hace tiempo atrás, pero por lo que comenzó a suceder en su departamento, dejó de lado la prueba hasta que un día, el cansancio extremo finalmente lo venció.

No tenía miedo, pero sí ansiedad. El hecho de conocer cómo era la fisiopatología de la enfermedad, generaba en él los pensamientos de lo más terrible, un infarto, ese que se origina por una aneurisma y pueda ocasionar el infarto pulmonar o en el corazón.

"Creeme que hay un momento en que sí, te pones a pensar en eso, porque tengo dos hijos pequeños y ya recién se me vino a la mente la familia. Me enfoqué tanto en mi trabajo, que me había olvidado de ese pequeño detalle. Pero cuando estás en casa y te dan la noticia, los mirás y decís: 'Pero si lo hago por ellos'", relata con la voz entrecortada, porque se le viene a la mente todas esas jornadas que salía de su hogar a las 6:00 y regresaba a medianoche. "Es ahí cuando se te quiebra el alma, en ese momento", afirma.

Las cifras mandan en esta situación

El 10 de marzo, se conocía que Bolivia tenía sus dos primeros casos de coronavirus. Casos importados, pero a las pocas semanas, la transmisión comunitaria y empezó a sacudir el sistema de salud boliviano. Hoy, todo está en un colapso total, pero Beni, es el mejor ejemplo de que la postergación en el desarrollo en la salud está pasando una alta factura a su vulnerable población.

La proyección para este año es que Beni llegue a tener poco más de 480.000 habitantes en su extensa superficie. Pero ¿cuántos hospitales de tercer nivel tiene? Solo dos, sí, solo dos centros de salud que puedan recibir casos complicados del virus, esos pacientes que en algún momento necesitarán respiradores para darle lucha a ese enemigo invisible que ya se ha robado el aliento de 77 benianos, hasta anoche. Además, esos dos nosocomios se encuentran en Trinidad, el Hospital Boliviano Japonés Materno Infantil y el Hospital General Presidente Germán Busch.

El hospital Germán Busch, ha tenido que modificarse, porque solo están atendiendo casos de Covid-19. Cuenta con 12 camas en emergencia con cuatro respiradores, dos de ellos no funcionan. En la segunda planta, en terapia intensiva, hay siete camas con siete respiradores, uno tampoco funciona. Además, hay 16 camas en medicina interna y similar número en cirugía. "Todos los casos que no son coronavirus se los ha trasladado al Centro de Salud Central, que es de primer nivel, pero con una infraestructura para segundo nivel", explica Gómez.

El Centro Centinela cuenta con 40 camas, pero solo para casos leves y moderados ya que no hay respiradores. Los graves se los traslada hasta el Germán Busch.

Una figura bastante complicada es la del Materno Infantil. Se maneja como una bimodal, porque está atendiendo, en sus 80 camas, a casos con coronavirus y también a otras patologías presentes en mujeres, mujeres en gestación e infantes.

"Si digo ahora que se necesitan 100 camas, esas se van a llenar y se van a ir necesitando más. Se te dice que tenés que tener un respirador por cada 10.000 habitantes. Eso quiere decir, que Beni tendría que tener 16 respiradores y, en este momento, hay nueve, de dos que teníamos hace unas semanas atrás, pero se va a extender. La Caja Nacional va a traer 20 respiradores para el domo que está terminando de equiparlo, mas cinco que está trayendo la Gobernación y otros cinco del Gobierno nacional, detalla el director del Sedes.

Sobre el equipo para la atención de los enfermos, el departamento tiene reportado a 99 trabajadores de salud, dados de baja por la enfermedad. "No puedo hablar de proyecciones si no puedo reponer estas bajas", lamenta Gómez.

Es grave lo que se ve

El periodista Carlos Vargas estuvo en el Hospital Obrero de la Caja Nacional de Salud. En un audio, Vargas relata a EL DEBER lo que vio.

"Al ingresar al sector de emergencias, me encuentro, en la puerta donde se hace el triaje, a un féretro de una persona que recién había fallecido. La familia estaba esperando para poder llevarlo a otro lugar. Adentro, encontré un médico con su traje de bioseguridad atendiendo a dos personas, justo a su lado, en una camilla, había una persona adulta conectada a un monitor y recibiendo oxígeno, además que estaba siendo asistida por un familiar", detalló Vargas.

Al lado de la enfermera que entrega las recetas para la adquisición de los medicamentos, Vargas cuenta que había dos adultos recibiendo también oxígeno.

Llega la ayuda de voluntarios

El llamado de auxilio comienza a dar resultado. El jefe de emergencias del Hospital Germán Busch, Williams Salazar, relata que, luego de contar a EL DEBER la historia de lo vivido en su nosocomio, ha empezado a llegar la ayuda de distintas partes del país, desde equipos e insumos médicos, hasta profesionales en salud que han decidido dejar a sus familias e internarse en medio de la furia desatada del coronavirus en este departamento.

"Gracias a su cobertura logramos sensibilizar a mucha población. Recibimos donaciones todos estos días. Muchos médicos se comunicaron para poder venir a trabajar. Por otro lado, se sensibilizó también a otras ciudades como Cobija, de dónde soy, porque al ver la entrevista, cambiaron sus estrategias y están preocupadísimos para que no les ocurra lo mismo", detalla Salazar, quien ha asumido el cargo luego de ver caer uno a uno a sus colegas en esta enfermedad que no ha dado respiro al país desde hace más de dos meses y medio.