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Santa Cruz arde nuevamente. Aunque no en la misma magnitud de 2019, septiembre transcurre con 151 focos de quema nuevos en varias zonas del departamento e incendios que amenazan áreas protegidas, como el parque nacional Noel Kempff Mercado, donde el crecimiento de los siniestros ha movilizado este fin de semana a grupos de voluntarios y particulares que han llegado hasta el lugar para intentar contener las llamas.

De acuerdo con los datos que maneja el Sistema de Alerta Temprana de Incendios Forestales (Satif), hasta las primeras horas de este sábado se registraban 23 zonas con focos persistentes y en lo que va del mes suman 2.878 focos de quema.

La mayor cantidad diaria en lo que va del mes se registró el jueves 10 con 444 focos. La media histórica de septiembre es de 6.416 focos de quema; sin embargo, en septiembre de 2019 superó los 11.884 focos de quema.

Según un informe de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), de enero a agosto de este año se incendiaron más de 900.000 hectáreas en Bolivia. Del total, en Santa Cruz ya se han consumido alrededor de 360.000 hectáreas.

En estos momentos, los principales incendios se encuentran en el Parque Noel Kempff Mercado y el Área Natural de Manejo Integrado San Matías, este último es el que reviste más complejidad, porque es un incendio en un área protegida en una zona de Pantanal, razón por la que se precisa una logística particular, debido a las características del terreno.

El viernes, Cinthia Asin, secretaria de Medio Ambiente de la Gobernación, emitió alerta roja e informó de 17 incendios activos en el departamento en los municipios de San Ignacio de Velasco, San Matías, San Rafael, Cabezas y Vallegrande, además de 15 municipios del departamento “con posible ocurrencia de incendios forestales”: Ascensión de Guarayos, Boyuibe, Cabezas, El Carmen Rivero Tórrez, Charagua, Concepción, Cotoca, Cuatro Cañadas, El Puente, El Torno, General Saavedra, La Guardia, Minero, Montero y Okinawa.

 “Esto no significa que en todos estos lugares haya fuego, sino que deben tomar previsiones por su situación climática: altas temperaturas, fuertes vientos y poca humedad. Al respecto, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) emitió una alerta naranja al respecto.

El sábado, una brigada de bomberos de la Gobernación partió desde el COED hacia el municipio de San Antonio de Lomerío para apoyar y fortalecer los trabajos de liquidación y control del incendio que se encuentra activo en la zona, según informó Jorge Adriázola, coordinador de Control de Incendios y Manejo de Fuego.

Por su parte, Asin recordó que, para esta época, en 2019, ya había más de dos millones de hectáreas afectadas. Este año son 330.000 hectáreas, de las cuales el 15% es bosque y el 85%, pastizales y sabana; lo que no significa que sea menos importante, porque se trata de ecosistemas y áreas protegidas.

 “Es responsabilidad de las autoridades contribuir al control y liquidación de los incendios forestales, pero es responsabilidad de todos los habitantes no iniciar una quema o un incendio”, dijo la secretaria departamental.

Nada cambia

Los incendios forestales de 2019 generaron un rechazo de varios sectores de la población a las políticas del Gobierno de Evo Morales, especialmente la Ley 741, y el Decreto Supremo 3973, que legalizaban las quemas y autorizaban la ampliación de la frontera agrícola, en el entendido de que impulsaban la economía extractiva que daña el medioambiente.

A pesar de que, por esos días, Morales decretó la Pausa Ecológica, como una medida excepcional para detener las actividades de aprovechamiento y explotación de áridos y agregados por el tiempo necesariolas leyes cuestionadas nunca fueron abolidas.

Durante el cabildo, realizado en Santa Cruz de la Sierra el 4 de octubre a los pies del Cristo, se exigió anular estas leyes y decretos cuestionados. El mandato popular indicaba un plazo de cinco días para la abrogación de estas normas, hecho que no ocurrió ni en los últimos días del Gobierno de Morales ni durante la gestión de transición de Jeanine Áñez.

La activista por el medioambiente Eliana Torrico, critica la poca repercusión que está teniendo en los medios y en las redes sociales los incendios de este año. Atribuye el hecho a que mucha gente prefiere concentrar su atención en la campaña electoral de cara a las elecciones nacionales del 18 de octubre.

Se fue Evo Morales y el país sigue ardiendo, solo que ya no hay prensa ni tantos interesados en sofocar incendios como el año pasado. Ni hablar de abrogación de las normas incendiarias, eso sería ir en contra del motor de desarrollo del país. Mientras tanto, las comunidades indígenas y muchos municipios rurales continúan con urgencias y necesidades, igual o más agudas que antes, y están siendo presa de la escasez de agua, elemento vital para cualquier tipo de vida en este planeta. Esa es la realidad, aunque muchos traten de ocultarla y otros se ofendan”, expresó Torrico.

Diego Suárez Terrazas, comandante del grupo de bomberos forestales Quebracho, califica estas leyes, que no se abrogaron, como una carta blanca para que el desastre ecológico siga creciendo todos los años.

“Yo no tengo nada en contra de los productores, pero hay un sistema extractivista que considera que quemar, desmontar, sembrar es la única salida económica que puede tener un país tan diverso como Bolivia. Los sectores que cuidamos el medioambiente y aquellos que quieren producir de la tierra, debemos sentarnos a dialogar con los entes gubernamentales para encontrar un equilibrio”, opina.

Suárez ve con mucha preocupación que, a diferencia del año pasado, el Parque Noel Kempff Mercado está sufriendo incendios que nacieron dentro del parque. “Esto no parece un tema accidental o una coincidencia. Nos debe llevar a la preocupación, porque parece que hay alguien interesado de provocar incendios en un área protegida”, menciona.  

El bombero voluntario no cree que los incendios alcancen los índices del año pasado, cuando se quemaron 6,2 millones de hectáreas en todo el país, pero lamenta que nos tengamos que resignar a hablar todos los años de siniestros de gran magnitud, que se conviertan en catastróficos.

Si seguimos a este ritmo, va a ser tal el daño en una región tan noble, como el oriente boliviano, donde los vientos son cada vez más fuertes porque las cortinas naturales van desapareciendo, donde el calor va en incremento, que la vida en general se verá muy afectada por el interés económico a corto plazo”, concluye.