Escucha esta nota aquí

Tras la victoria viene la organización del Gobierno. Lo que para otros partidos es uno de los momentos más emocionantes: un bolígrafo, una hoja en blanco y media centena de puestos importantes por distribuir, en el Movimiento Al Socialismo puede ser un asunto que puede generar guerras internas. 

Con los movimientos sociales haciendo sus listas de deseo, ya circulan los nombres “casi fijos” que formarán parte del primer gabinete de Luis Arce Catacora y David Choquehuanca, del primer equipo del MAS 2.0. Por los nombres mencionados en las cuatro fuentes consultadas por EL DEBER, recogerá ‘cuadros’ del masismo histórico, de cuando eran una pequeña fuerza de oposición, pero también habrá presencia de los millennials azules, de los jóvenes que entraron a la administración pública en 2014 y que pasarán a primera línea.

Uno de los primeros nombres que aparecen y por el cual la mayoría apuesta sus fichas es el de Sebastián Michel. El que fuera vocero principal de la campaña de Arce suena para ministro de la Presidencia o para Comunicación. 

No es la primera vez que el exviceministro de Comunicación aparece en la lista de futuro ministro. Durante la última gestión de Morales siempre fue un fijo entre los rumores de cambio de gabinete e incluso aseguran que hubo momentos en que su designación se cayó con el decreto supremo ya impreso. Sin embargo, parece haber llegado su momento. De hecho, Michel ya fue llamado al silencio y no hay otro vocero que el mismo Arce Catacora.

No es el único nombre que suena para el ministerio de la Presidencia en una lista aún muy preliminar. Hay dos candidatos más. La primera es Marianela Prada, mano derecha de Arce, economista y motor de la campaña. Es treintañera y viene de un largo linaje político, es hija de Ramón Prada y Betty Tejada. El primero fue prefecto y dirigente con ADN. Tejada pasó por varios partidos y fue presidenta de Diputados con el MAS. Si Prada no cae en la Presidencia, su destino podría estar en Economía.

El otro nombre que suena para ese cargo es el de Iván Lima. El abogado, exmagistrado del Tribunal Supremo de Justicia es señalado como uno de los juristas que sostuvo la defensa de los masistas enjuiciados durante el año fuera del poder y lo ponen como un fijo en el gabinete. 

Si no va a Presidencia, podría recalar en Justicia, donde ya trabajó en la pasada gestión. Con menos posibilidades se escucha su nombre en el Ministerio de Gobierno, donde hay dos contendientes con mucho peso. 

El primero es Wilfredo Chávez, abogado que ya ocupó el cargo y esa experiencia podría ser valiosa en un momento que será muy caliente en la relación entre el nuevo Gobierno y la Policía (Evo Morales perdió el control de la verde olivo mucho antes de que se hiciera visible el motín policial). Chávez podría ir también a Justicia. 

En ese caso, Gobierno sería para Gustavo Torrico, asambleísta departamental por La Paz, pero uno de los pocos históricos del MAS que sobrevive del tiempo en que eran oposición parlamentaria.

Entre los jóvenes ya con experiencia en cargos importantes, se destacan dos: el primero es Óscar Barriga, que ya fue presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos y ahora es el principal candidato para ministro de Hidrocarburos, un puesto clave no solo por el simbolismo de la nacionalización, sino por todas las renegociaciones que planea Arce Catacora. 

La otra persona que se menciona es Adriana Salvatierra. La senadora quedó fuera de las listas de parlamentarios y aguantó muchas críticas internas tras las renuncias de Evo Morales y Álvaro García Linera, pero ha recobrado su sitial en el MAS durante la campaña, ejerciendo de vocera en Santa Cruz, donde el MAS no tiene demasiadas figuras para sumar al gabinete. Suena en dos cargos posibles: Planificación del Desarrollo o Comunicación, donde parece haber sacado cierta ventaja a Marianella Paco, que aspiraba a volver a una cartera que ya ocupó por dos años.

De ir a este espacio, Planificación del Desarrollo volvería a las manos de René Orellana, un sociólogo que estuvo en este cargo en el último año de Morales y es especialista en Cambio Climático.

Para la Cancillería hay solo dos nombres posibles: el expresidente Eduardo Rodríguez Veltzé, que fue abogado durante la demanda marítima, y podría volver Diego Pary. 

El potosino puede tener cierta ventaja por ser orgánico, pero además se le atribuye el éxito de la campaña internacional que convenció a la mayoría de las instituciones internacionales que lo que hubo en Bolivia en noviembre de 2019 fue un golpe de Estado (los embajadores de Bolivia ante la OEA y la ONU han tenido que remar contra corriente con este asunto).

Por el lado orgánico del MAS, un nombre puesto para el ministerio de Minería es el de Orlando Gutiérrez, máximo directivo de la Central Obrera Boliviana, mientras que para el ministerio de Salud, puesto clave por la pandemia de coronavirus, suena otra figura histórica: Nila Heredia. Ya estuvo en el cargo en la primera gestión de Morales y fue una de las ministras que más duró allí.

El resto de nombres dependerá mucho de la discusión interna de los movimientos sociales. 

Por ejemplo, el resto de los cargos cruceño podría estar en el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, para el que suena Jacinto Herrera. Aunque es un cargo también apetecido por las organizaciones sociales de occidente, que tienen sus propios nombres.

Ya está decidido que volverá el Ministerio de Culturas y el nombre que más suena para ocuparlo es el de Elvira Espejo, la directora del Musef destituida durante el Gobierno de Áñez, que es una mujer de polleras muy elogiada por su tarea en el Museo de Etnografía y Folclore.

Todo esto es apenas un primer borrador. Es muy probable que en la lista final aparezcan muchos nombres de funcionarios entre treinta y cuarenta años, que fueron directores en la anterior gestión.

El nuevo presidente quiere nuevo alto mando

Si bien Luis Arce Catacora prometió no iniciar una persecución contra policías y militares que se amotinaron o “sugirieron” la renuncia a Evo Morales, no está en sus planes comenzar su Gobierno con el actual mando policial y militar. Así lo dijo en una entrevista publicada ayer en el diario argentino Página 12.

“Normalmente se cambia el alto mando con el ingreso del nuevo gobierno”, dijo, cuando le preguntaron si pensaba cambiar al mando policial.

Para Arce, lo que sucedió en noviembre de 2019 fue un golpe de estado y los que estuvieron involucrados en él fueron las cúpulas de la Policía y Fuerzas Armadas. “Por tanto, la base, el policía de a pie, las subclases de ambas instituciones no estuvieron involucrados. Hay un riesgo mientras estén los altos mandos policial y militar, para abajo vemos que no debería haber ninguna amenaza.

El año pasado se pudo ver al padre del señor (Luis Fernando) Camacho yendo a hablar con las autoridades, ahí se decía que llevaron bastante dinero para que policías y militares participaran en el golpe. Abrigamos la esperanza de que las generaciones que están por debajo sí puedan actuar respetando la Constitución y el voto popular”, dijo en el medio argentino.

No es el único cambio que desea, pero el otro ya no está en sus manos. Arce se unirá al denominado Grupo de Puebla para pedir la renuncia de Luis Almagro a la Organización de Estados Americanos. El virtual presidente electo no considera un halago que Almagro haya reconocido su victoria.

En otra entrevista, concedida al diario brasileño Folha de Sao Paulo, Arce dijo que esperaba tener una relación pragmática con Bolsonaro y que piensa renegociar el contrato de gas, porque no le correspondía cambiarlo a un gobierno de transición como el de Jeanine Áñez.