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El gran Cañón del Pilaya se perfila como un potencial turístico de Bolivia, donde se combinan la naturaleza montañosa, la arqueología y el hábitat de animales silvestres, pero se ve amenazada por la construcción de una represa hidroeléctrica.

A 65 kilómetros de la ciudad de Tarija, se encuentra el sexto cañón más profundo del mundo y se llega por un camino sinuoso.

"Este magnífico lugar, además es un sitio arqueológico de gran importancia y un refugio para muchas especies de gran valor para la conservación como el cóndor y el oso jucumari. Todo este contexto determina que se podría convertir en uno de los grandes atractivos para el turismo a nivel nacional", dijo el director de Nativa, Iván Arnold.

Según Arnold, en primera instancia se promueve un reconocimiento de este lugar como sitio de patrimonio nacional para después tramitar ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a fin de lograr el reconocimiento internacional por su singularidad paisajística, arqueológica, natural y cultural.

El periodista Roberto Navia también estuvo en el lugar y tuvo la oportunidad de contemplar el gran Cañón del Pilaya, por donde pasa el río del mismo nombre y es afluente del Pilcomayo.

"Tuve el gusto de conocer el gran cañón. Allí los bolivianos y extranjeros pueden respirar aire puro y sentir el contacto con la naturaleza. Pude percatarme de la riqueza vegetal y de animales silvestres. Los cóndores nos saludaron y sobrevolaron, esa es una gran riqueza que se tiene que cuidar", comentó Navia que junto a su esposa e hijo visitaron el lugar por invitación de Nativa.

Además, indicó que por imágenes de cámaras trampa supo sobre la existencia del oso jucumari, que al igual que los cóndores y otras aves, deben ser protegidas debido a que están en proceso de extinción.

Sin embargo, el Cañón del Pilaya está amenazado por la futura construcción de la represa hidroeléctrica denominada "Carrizal" que está proyectada en el lugar que es el límite con el departamento de Chuquisaca.

"Sin duda pondrá en riesgo, primero a las comunidades que viven en las riberas del río, afectando e inundando sus zonas de cultivo. Las comunidades que se encuentran aguas abajo también se verán afectadas por la construcción de la misma. Desde el punto de vista natural, estamos hablando que se afectará el hábitat del jucumari y otras especies de singular importancia para la conservación", advirtió Arnold.

Navia coincidió con el director de Nativa, al decir que la obra hidrotécnica tendrá su impacto negativo en un ecosistema en cadena que existe en el gran Cañón del Pilaya.

A su criterio, se deben buscar otras alternativas de fuentes energéticas para no atentar en la zona natural, arqueológica y con riqueza de fauna por el emplazamiento de la presa.

"Me apena que se vaya a construir una represa en un lugar rico, potente y emblemático que debemos cuidar no solo los tarijeños, sino todos los bolivianos. Esta represa va atentar directamente contra todo el ecosistema del río, de las montañas, la vegetación y los animales silvestres", remarcó Navia.



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