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"Están intubados y, por lo tanto sedados, pero les hablamos todo el tiempo para que no se sientan solos en esta batalla. El sentido auditivo es lo último que se pierde", cuenta Arminda Gonzales, enfermera con 25 años de experiencia que hoy se encuentra atendiendo a los casos graves en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del Hospital Japonés.

A pesar del temor que existe de contagiarse y de llevar el virus a sus hogares, las enfermeras que hoy celebran mundialmente su día, no pierden la fuerza de continuar su labor en plena pandemia.

Gonzales cuenta que los procedimientos que realizan con los pacientes intubados no lo hacen en silencio, siempre les hablan dándoles ánimo. "Estamos ahí para que sigan adelante".

La profesional de salud relata que, al igual que muchas de sus colegas, le ha tocado llorar por el fallecimiento de sus pacientes y, también por qué no, cuando salen de los cuadros más difíciles de la enfermedad. "He llorado de ver a ese paciente intubado al saber que tiene a una familia afuera llorando por él", cuenta.

Gonzales cree que tarde o temprano les va a tocar enfermarse, pero la precaución en la atención de los pacientes es crucial. "Salimos a diario con ese temor, pero con la seguridad de que Dios nos guarda", reflexiona.

"No he dejado que me vean flaquear"

María Luisa Chávez, que es la jefa de enfermeras de la unidad de Covid-19 del Hospital San Juan de Dios, coincide en la costumbre de su colega de hablar con su paciente intubado pero, además, siempre solicita a los familiares que les entreguen sus efectos personales para que el enfermo se sienta bien atendido.

La enfermera, que lleva usando el mandil blanco hace 20 años, cuenta que los familiares se sorprenden cuando les solicita sus cremas, toallas húmedas, entre otros enseres. "Aquí son bebés, dependen de nosotras. Son pacientes dependientes", señala.

Chávez lidera un equipo de 18 licenciadas en enfermería y seis auxiliares, por lo que en este tiempo le ha tocado también ser una psicóloga para ellas. "A veces necesitan desahogarse, llorar por sus temores, no podemos abrazarnos, pero es un alivio hablar y que alguien te escuche. No he dejado que me vean flaquear, porque la líder debe demostrar que todo va a ir bien". 

Ella estuvo a cargo de la atención de la paciente que tenía como enfermedad de base la insuficiencia renal y pudo vencer al Covid-19, por lo que es el recuerdo que guardará en su corazón. "Esa noche, luego que se consiguió la máquina para que se la dialice, sentí un alivio en el corazón".

Así como las anécdotas de Gonzales y Chávez, un sinfín de historias se tejen dentro de las frías paredes de los hospitales cruceños que hoy liberan una batalla contra un enemigo invisible.