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La intención de la Policía y la justicia ordinaria de investigar el accidente del avión K-8 provocó la sorpresa de los aviadores que cuestionaron el conocimiento de los investigadores sobre este tema. Al final será una Junta de Investigación de Accidentes (JIA) la que realizará este trabajo, dijo el ministro de Defensa, Edmundo Novillo  


“Han entendido tanto la Policía como la Fiscalía que la investigación sobre este accidente lo tiene que hacer la Junta de Investigación de Accidentes (JIA). Tanto la JIA, como la Fiscalía, la Policía y los dueños de casa han decidido hacer la apertura del precintado para recoger todos los restos que quedaron del avión”, dijo Novillo.


El 24 de marzo uno de los seis aviones K-8 Karakorum que tiene Bolivia se precipitó en una zona urbana del municipio de Sacaba en Cochabamba, en ese accidente falleció una persona y había otros cinco heridos. De inmediato la Policía y la Fiscalía tomaron el caso “de oficio” y los dos oficiales que estaban a cargo de la aeronave fueron cautelados.


Tres oficiales de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) se pusieron en contacto con EL DEBER para explicar que investigar algo tan complejo como la caída de un avión no se puede confiar a personal civil porque existe personal calificado para esa tarea, ahí surge la necesidad de conformar una JIA que está normada a nivel internacional.


El Comandante de la FAB, General, Marcelo Heredia Cuba explicó, recientemente, que la JIA estará presidida por cinco expertos, un coronel aviador con experiencia en aviones de caza. Lo acompañarán, un técnico en seguridad de vuelo; un médico aeronáutico certificado; un experto en aviones a reacción y el último, un técnico de operaciones.


Los interesados


Asimismo, los oficiales aviadores explicaron que no solo el Estado boliviano es el interesado en explicar este hecho, sino que la empresa que hizo la entrega de las aeronaves están más interesadas en saber qué sucedió con uno de sus aparatos.


“Acá se mueven millones de dólares, porque no solo Bolivia compró seis aviones, hay una decena de países que tienen las mismas aeronaves y se juega el prestigio de la empresa, entonces los vendedores ya debieron destinar su propio equipo de investigación, el seguro así lo exige”, explicó un coronel de aviación con especialidad en aviones de caza. La empresa que vendió los aviones es China National Aero-Technology Import & Export Corporation (CATIC) 

Según los documentos de la propia FAB son 12 países que tienen este tipo de aeronaves en sus fuerzas armadas como China, Egipto, Ghana, Namibia, Pakistán, Sri Lanka, Sudan, Tanzania, Venezuela, Zambia y Zimbabue, además de Bolivia.


Los pilotos bolivianos recordaron que fueron 36 personas de la FAB que viajaron a China en 2010, 12 pilotos y 24 técnicos que recibieron capacitación en ese país sobre estas aeronaves. Estas personas estuvieron desde junio de 2011 en el ensamblaje de los aviones en Cochabamba.


Explicaron que la flotilla tiene seis aeronaves, desde la FAB-660 hasta la FAB-665 y todos tienen como centro de operaciones el Grupo Aéreo de Caza-34 (GAC-34) con asiento en la ciudad de Cochabamba. El que cayó en Sacaba fue el FAB-663.


El ministro Novillo dijo que, por la complejidad del caso, este tema debe ser investigado por otras instancias. “La JIA es la autoridad técnica que tiene la principal tuición de investigar este tipo de accidentes, porque no son aviones comerciales, son aviones de entrenamiento”.


Los expertos aeronáuticos afirmaron que los aviones tienen partes de fabricantes de otros países y otras empresas, la ensambladora requiere conocer qué falló para corregir errores y esa tarea solo pueden hacerla los expertos.


En octubre de 2009 el gobierno de Evo Morales promulgó el decreto 310 que autorizó la adquisición de seis aviones ligeros K-8 de procedencia china a un costo de $us 57,8 millones, lo que significa que cada avión tiene un costo de $us 9,63 millones.



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