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Quién hubiera imaginado que el aniversario 195 de la independencia de la patria nos encuentre a los bolivianos en una singular batalla por la vida, y aunque ya se ha dicho bastante, peleando contra un enemigo que no está detrás de las fronteras, que -como en las novelas de ciencia ficción- está entre nosotros y lleva ventaja porque tiene muchas facilidades para pasar inadvertido y atacarnos prácticamente sin darnos cuenta.

Nosotros, que desde niños aprendemos a rendir homenaje a las recordaciones históricas con desfiles, bandas de guerras estudiantiles, grandes procesiones de civismo debajo de los balcones, desfiles de teas y tedeum, las históricas sesiones del Parlamento y el informe presidencial de gestión, este año echaremos de menos esa carta de tradiciones que nos acompañan a lo largo de la vida para que nunca olvidemos cuándo, cómo y cuánto nos costó ser libres.

Este 6 de agosto llega distinto; es un día que merecería mejor atención de los bolivianos y, sin embargo, estaremos todos dentro de los domicilios, sin celebraciones, pero también en un tiempo que puede convertirse en una oportunidad para ser agradecidos por aquellos que ese mismo día, a esa misma hora, continuarán trabajando, como lo han venido haciendo desde hace casi cinco meses.

A ellos quiso entregar EL DEBER su edición especial del Día de la Independencia, en reconocimiento a sus actos valientes, gestos auténticamente heroicos en el sentido más cabal y noble de la palabra: bolivianos que dan lo que saben, entregan lo que tienen, y si toca dar la vida, también lo hacen, porque muy probablemente sin saberlo ellos mismos, están cumpliendo tareas que en las circunstancias actuales pocos querrían hacer.

Pero ellos están ahí, en la sala de emergencia donde llega el enfermo de coronavirus, con su bata blanca; son los médicos en sus distintas especialidades, las enfermeras que tienen en sus manos el cuidado y el contacto directo diario con el enfermo, los paramédicos de ambulancias que reciben cartas de despedida de pacientes que sienten que hacen su último viaje, choferes de las ambulancias que van y sortean a toda velocidad el peligro contra el tiempo en las calles para dar pronta atención especializada al que está perdiendo la respiración.

Son oficiales de Tránsito, policías de calle y efectivos militares que compiten con los primeros rayos del sol para ver cada día quién llega primero a las calles y ayudar en aquella misión a veces imposible de convencer a la gente de que se cuide, no se aglomere y use el barbijo; son encargados de las morgues que tienen que recibir los cuerpos de quienes perdieron en la batalla y a los que ni sus propios familiares pudieron acercarse por precaución; son voluntarios que cocinan solidaridad en ollas comunes en los barrios más golpeados por la pobreza.

Son agricultores que esquivan cada madrugada al helado invierno para salir a producir, cuidar y cosechar granos, tubérculos y hortalizas que más tarde fortalecerán el sistema inmunológico de los consumidores en las ciudades; ellos también son primera línea, igual que esos ángeles de corazón más grande que los achaques y que cuidan a hombres y mujeres de la tercera edad, los más vulnerables a la amenaza del virus.

Son los panaderos que cada día recorren entre 30 y 55 kilómetros diarios para entregar empanadas y panes a las familias cada mañana; son los aguerridos muchachos y muchachas montados en una bicicleta que ‘vuelan’ sobre dos ruedas para llegar con la compra a los hogares y le evitan así a las familias el riesgo de que ellos salgan a la farmacia, el mercado o el restaurante.

Ellos, que tienen un nombre y un oficio, pero más que eso, tienen una historia que compartir, y toda buena historia merece ser contada; testimonios de vida conmovedores, detalles íntimos de personas que nos dicen cómo es perder el miedo al contagio cuando se trata de ayudar a los más necesitados de atención. Son nuestros héroes de esta cruel guerra silenciosa. A ellos, y en nombre de ellos a todos los que dan sus horas y su vida por los demás en este tiempo triste, va dedicada la edición especial de EL DEBER al Día de la Patria.