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El reloj marcaba las 16:51 horas del domingo 10 de noviembre de 2019. El entonces Presidente Evo Morales, renunciaba después de 13 años, nueve meses y 18 días de Gobierno bajo la bandera del Movimiento Al Socialismo (MAS). Horas más tarde se iría a México.

La autoridad se había quedado sin el respaldo de la Policía y las Fuerzas Armadas que, tras un motín y un pronunciamiento oficial, respectivamente, habían sugerido su renuncia. La convulsión social se hacía más grande, después de las denuncias de un fraude electoral que había encumbrado a su candidatura, con poco más del 10% de su inmediato opositor, Carlos Mesa, según los datos preliminares.

A las 07:00 de ese domingo, propuso anular las Elecciones Generales del 20 de octubre y realizar nuevas elecciones con nuevo tribunal electoral, pero todavía no se avizoraba su renuncia. Pero el informe preliminar de la Organización de los Estados Americanos (OEA) establecía irregularidades importantes en el conteo de votos y eso dio el golpe final.

“¿Por qué decidí esta renuncia? Para que (Carlos) Mesa y (Luis Fernando) Camacho no sigan persiguiendo a mis hermanos, dirigentes sindicales, para que Mesa y Camacho no sigan secuestrando y maltratando a los familiares de nuestros dirigentes sindicales como el hermano Teodoro Mamani, en Potosí. Para que no sigan perjudicando a comerciantes y a transportistas que no dejan trabajar en Santa Cruz”, señaló Morales al confirmar su dimisión.

“Estoy renunciando para que mis hermanas y hermanos del MAS no sean más hostigados, perseguidos ni amenazados; lamento mucho este golpe cívico, con algunos sectores de la Policía por plegarse para atentar contra la democracia, la paz social, con amedrentamiento al pueblo boliviano”, agregó.

En un clima de tensión cada vez más elevado, la Central Obrera Boliviana (COB) consideró la renuncia del Presidente “siempre que esto garantice la pacificación del país” y exigieron que se investigue y se procese a todos los miembros del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y demás implicados en los hechos irregulares del proceso electoral, según dijo Juan Carlos Huarachi, secretario ejecutivo de la COB.

En el aeropuerto del Chapare (Cochabamba), esperaría un avión del Gobierno de México, que lo trasladaría el 11 de noviembre, a México, en calidad de refugiado.

Un año después, la realidad dio un giro de 180 grados, Morales está de vuelta y su delfín, Luis Arce, es el flamante presidente de Bolivia, en unas elecciones que lo dieron por ganador con el 55% de los votos.