Escucha esta nota aquí

En medio de una pandemia que ha azotado al mundo, este martes se celebra el Día Internacional de las Enfermeras. Ellas, y también ellos, han dejado de lado los habituales festejos para ponerse los trajes de bioseguridad para luchar, sin tregua, contra el coronavirus.

La cruceña Delma Cuellar, que radica en EEUU desde hace más de 20 años, está en la línea de batalla en el Virginia Hospital Center. En Bolivia realizó cursos en instrumentación quirúrgica en una universidad privada cruceña. 

En el país del norte ganó experiencia cuidando adultos mayores mientras realizaba cursos como asistente médica, además de otras certificaciones que la habilitaron para trabajar en centros de cuidados de ancianos. Desde hace dos años y medio se desempeña como asistente de enfermera en ese hospital que hoy recibe pacientes positivos y sospechosos de Covid-19.

¿Cómo le informaron que iba a atender a pacientes con coronavirus y cuál fue su primera impresión?

Todo empezó un lunes, cuando se lleva habitualmente la reunión con la jefa de mi unidad. Nuestros turnos comienzan los domingos, pero esa semana nuestra superiora nos convocó a los que trabajan de día y de noche para anunciar que el hospital se estaba preparando para enfrentar la pandemia que se había declarado esos días. Nos dijo que la unidad 7B, que es donde trabajo, iba a ser la primera en aceptar a los pacientes que venían infectados y los que eran sospechosos de haber contraído el virus.

Pensé que la jefa quería sobresalir en esta situación, porque es una persona muy destacada en todo lo que hace. Muchas cosas se me vinieron a la mente, pero finalmente me dije que Dios sabe por qué están sucediendo todas estas cosas y había que hacerle frente a la situación.

Todas mis colegas conversaban entre ellas sobre el temor de exponer a sus familias. Entre nosotras comenzamos a sembrar el pánico. Fue una semana muy difícil, muchas lloraron perdiendo la calma y la paz. Una mañana, cuando llegaba al trabajo me encontré con una colega en el elevador y me dijo que el esposo la había botado de la casa. Le advirtió que si no se retiraba (del hospital) iba a dormir en el garaje porque  no estaban dispuestos a permitir que por el capricho de una jefa, la familia se contagie; fueron cosas muy dramáticas y extremistas.

En lo personal, nunca perdí la paz y como es habitual para mí, cada vez que voy  camino al hospital siempre oro a Dios, porque es el único que te protege, que te da la serenidad y la paz, te ayuda enfocarte en hacer bien las cosas.

En algún momento en estos meses ¿ha flaqueado sus fuerzas o ha llorado?

Varias veces. La parte más difícil es que hace un mes atrás habilitaron un iPad para el uso de los pacientes, muchos de ellos ya perdieron la vida y nos dieron una orientación de ese nuevo equipo que habían traído porque ha sido modificado para este uso. Nos dijeron que se iba a utilizar para que las familia tuvieran contacto con los pacientes.

En una ocasión me tocó hacer la conexión para un paciente que hablaba español para que la familia se despidiera de él, porque hasta el día de hoy no hay acceso a que bajo ninguna razón algún familiar ingrese al hospital, entonces, fui testigo que la familia se despidiera del señor y, obviamente, me desgarró el alma porque no iban a volver a ver. Lo más cruel con esta pandemia es que tampoco se está permitiendo que se lleven a cabo los velorios.

¿Cuál es la situación de la comunidad latina frente al Covid-19 en EEUU?

Es alto el porcentaje de latinoamericanos infectados con el Covid-19. Hay mucha gente de Centroamérica. Es increíble, de cada 10 pacientes, seis o siete son latinoamericanos. He sido testigo de muchas lágrimas y también las he derramado.

Hay pacientes que se tienen que ir a sus casas y deben permanecer aislados, pero son de bajos recursos y comparten su habitación con alguno de sus hijos, por lo que no pueden aislarse al 100% como tendrían que hacerlo para evitar el contagio. Llorando señalan que no tienen a dónde irse, porque comparten la habitación con alguien o la familia tampoco los quieren recibir cuando aún continúan con el virus.

Hago de traductora entre ellos y las trabajadoras sociales. A veces no califican a ciertos programas de ayuda para poderlos tener ahí. Es bien frustrante. Muchas veces se me ha cruzado por la mente llevarlos al cuarto de visita de mi casa, pero luego retrocedo, porque tampoco puedo poner más en riesgo a mi familia. Somos seres humanos que sentimos y en situaciones así lo primero que se te pasa por la mente es qué pasaba si fuera mi hermano, mi padre, mi madre, un hijo o mi esposo.

¿Algún momento pensó estar infectada?

El viernes por  la noche cambió el clima y hubo mucho viento. Al día siguiente fue el jardinero a mi casa y yo salí a conversar con él unos cinco minutos. Al poco tiempo me dio mi ataque de asma, me puse mal, no podía respirar, me comenzó a doler la cabeza y otros síntomas. Llamé a mi trabajo para informar que no me sentía bien, inmediatamente me suspendieron del trabajo y ayer me mandaron a hacer la prueba del Covid-19, gracias a Dios fue negativo, me dieron el resultado en dos horas, pero no sabe lo horrible que es hacerse ese examen, me hicieron llorar.

Es un test que se realiza sin salir del vehículo. Son unas casetas móviles donde uno no abre la ventana hasta que pasa por donde está la enfermera que hace el test. Lloraba mucho, trataba de calmarme, la enfermera me decía que debía tranquilizarme para poder continuar con la toma. Luego me calmé y pensé que Dios sabe por qué suceden las cosas y es el único que nos mantiene de pie.

¿Qué enseñanza ha recibido durante este tiempo en el que está en primera línea de la batalla contra el coronavirus?

Tal vez es tiempo para, en primer lugar, estar en paz con Dios porque no sabemos qué  sucederá con nuestra salud y nuestra vida. Además, de estar bien con las personas que me rodean. También ayudar a que las personas no entren en pánico.  Cada día tratar de educarse más, porque todos los días se sabe algo nuevo de este virus.

Creo que de ahora en adelante será la batalla por la sobrevivencia, porque estamos padeciendo una crisis económica y emocional. Si antes pensaba en trabajar mucho para ahorrar, anhelando tener cosas materiales, es algo que ahora ha cambiado, mientras no falte para la comida y pagar la casa lo demás vendrá por su cuenta.

El sentir afecto va a cambiar, el dar un abrazo porque la gente que tiene realmente pavor a esta situación te saluda de lejos y entre ellos tengo muchos allegados que están actuando así. Este virus no se va a acabar mañana, ni en un año, vino para quedarse y mientras esté aquí mucha gente va a perder la paz, que es algo que no he perdido.

Comentarios