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En su habitual homilía dominical el Monseñor, Sergio Gualberti, se refirió a los feminicidios e infanticidios, que durante la semana fueron los principales hechos noticiosos. El religioso los definió como delitos horrorosos y pecados graves ante Dios.

Gualberti sostuvo que nuestra fe es una misión ardua, en especial en la cultura actual, materialista, relativista e indiferente a Dios.

Remarcó que, ante esta situación, que cada vez se repite más, es hora de que las autoridades y las fuerzas vivas de la sociedad, trabajen para formar jóvenes generaciones con valores humanos y el respeto a la vida.

El religioso observó que particularmente, nos tiene que cuestionar a todos la sangre de tantas mujeres y niños inocentes ultrajados y asesinados vilmente en el país, por el machismo y la violencia ciega.

A tiempo de detallar que en lo que va del año ya hay más de 30 víctimas mortales, sin contar el dolor y la pérdida irreparable causados a los familiares, especialmente a tantos niños y niñas que han quedado en la orfandad.

“Hace falta tomar medidas ejemplares y efectivas para evitar que estos crímenes se vuelvan una epidemia”, precisó Monseñor.

Además, hizo notar que esta situación, lejos de acobardarnos y de encerrarnos en nosotros mismos, nos debe mover a emprender con generosidad y fidelidad un camino de renovación y de conversión personal y de toda la Iglesia, a salir a las periferias físicas y existenciales, a anunciar la alegría del Evangelio y a dar testimonio de nuestra fe.

El arzobispo remarcó que no podemos quedarnos en puras intenciones, sino que el amor a Dios y al prójimo nos tiene que mover a entregarnos sin medida al proyecto de salvación de Dios, compartir y ser solidarios con los pobres y necesitados, luchar en contra de las injusticias, ser mensajeros de esperanza y ponernos al servicio de la reconciliación, la unidad y la paz en la sociedad, donde nunca falta la presencia del mal, el odio y la violencia.

Gualberti recordó que ya se inició el mes de mayo dedicado a la Virgen María, por lo que pidió unirnos al maratón de Oración requerido por el Papa Francisco para que ella nos ayude a vencer a la pandemia y a todos los males físicos, morales y espirituales que nos aquejan.

Confiemos en ella, con la certeza que nos ayudará a ser los sarmientos estrechamente unidos a Cristo Señor, la vida que da frutos abundantes de bien y de vida”, reflexionó el prelado.

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