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El 10 de mayo encuentra al periodismo boliviano en un momento histórico en el que el mundo se enfrenta al desafío de sobrevivir. La pandemia de coronavirus ha configurado nuestro presente y nos muestra un futuro incierto, mientras los habitantes del planeta especulan cuáles serán las condiciones en las cuales se desarrollará la nueva ‘normalidad’, a la que muchos ya han comenzado a acostumbrarse.

El cambio es innegable. Presentadores de informativos o revistas televisivas que se conectan desde sus casas, radialistas que coordinan los despachos en solitario desde la cabina, reporteros de calle que utilizan micrófonos forrados de plástico y mangos alargadores para mantener la distancia social con sus entrevistados. El coronavirus ha transformado todos los aspectos de nuestras vidas en todo el mundo, y el periodismo no es la excepción

Economía

Y el gran cambio y la principal amenaza, quizás, venga acompañado de la asfixia económica. La crisis monetaria es una consecuencia ineludible de las medidas que se están tomando actualmente, pero aún no se tiene plena certeza de su magnitud. Y aunque la incertidumbre aún juega en contra de los análisis cabales, algunos expertos ya apuntan a cuál será la forma de adaptarnos al nuevo escenario laboral.

Los propietarios de algunos de los periódicos y radioemisoras del país, aglutinados en la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) y Asociación Boliviana de Radiodifusoras (Asbora), hicieron pública la urgencia de lograr apoyo financiero estatal, especialmente porque después del paro de 21 días de 2019 la situación económica empeoró. Y ahora con la pandemia la situación se agravó aún más.

El 6 de abril la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) envió una carta dirigida a la presidenta Jeanine Áñez, ante la crisis económica de los medios impresos por la emergencia sanitaria. Al pedido de atención se sumaron intelectuales, actores, artistas, periodistas, lectores y ex autoridades.

“La labor que hace la prensa, sobre todo la prensa escrita, ya sea impresa o digital, es fundamentalCreemos que lo más dañino que puede ocurrirnos es una ‘pospandemia’ con menos periódicos en Bolivia”, explicó el escritor Gabriel Chávez Casazola, gestor y uno de los redactores de la carta firmada por 80 artistas, escritores, intelectuales y gestores culturales para que el Estado escuche el pedido de ayuda de los medios de prensa frente a la crisis que están viviendo.

Entre una de sus justificaciones remarcaban que están en riesgo las fuentes de trabajo de un millar de periodistas en caso de no obtener ayuda económica y que la población carecerá de medios que les informen y entretengan.

Los dueños de diarios consiguieron la invitación a una reunión con el ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, que de antemano les recordó la vigencia de un decreto para acceder a créditos con facilidades destinados al pago de hasta dos meses de sueldos.

Infodemia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha bautizado un fenómeno de este tiempo, que se convierte en un peligro latente. Infodemia es la palabra que describe ese afán de difundir noticias falsas o acompañadas de un alarmismo innecesario, generalmente, a través de las redes sociales, las que se han convertido en herramientas poderosas para propagar el engaño, la desinformación y la confusión a gran escala.

El peligro viene representado en manifestaciones dañinas, como la discriminación, que se basa en una combinación de ignorancia y miedo por parte de gente que puede considerar enemigo y potencial amenaza contra su vida y seguridad a cualquier persona.  

En Bolivia, la circulación de las noticias falsas tuvo mayor presencia durante los 21 días de convulsión social de 2019 y ha regresado con mayor impulso en plena pandemia de 2020.

En medio de esta crisis se hace necesaria una relación de confianza entre fuentes y periodistas, como también entre medios de comunicación y público. Sin ella, se corre el riesgo de alimentar rumores y chismes que pueden hacer que la crisis empeore más aún.

Eso no significa que los periodistas deban abandonar su postura crítica. Es importante que el reportero esté seguro de que ha entendido plenamente la información que se posee para evitar la divulgación de datos que no merezcan la debida credibilidad.  

Teletrabajo

Las medidas de prevención para evitar la propagación del Covid-19 cambiaron la forma en la que estábamos acostumbrados a trabajar. De pronto, en cuestión de días, el trabajo remoto llegó a nuestras vidas, para convertirse en un desafío. Incluso para las empresas que ya tenían implementado un día de home office a la semana.

Esta nueva forma de estar en el mundo ha exigido a las compañías reaccionar rápidamente y adaptarse, pero también las ha invitado a reflexionar sobre flexibilidad, productividad y, en especial, a afrontar los principales cambios que trae consigo esta forma de trabajar.

En medio de los desafíos tecnológicos a los que se ha tenido que acomodar el periodismo, los medios digitales parecen tenerlo un poco más fácil. Sin embargo, el coronavirus ha traído sus propios retos a los periodistas de diarios.

Acostumbrado a salir a la calle a encontrarse con el entrevistado, con un café de por medio, a entrar en confianza con personas y a partir de eso, construir historias, el periodista se ve ahora haciendo todo desde el teléfono, privándose de la posibilidad de obtener esa rica sustancia que, finalmente, se incluye en la nota y que solo se consigue gracias al contacto cara a cara.

Riesgos

Pero los periodistas también continúan en las calles, asisten a conferencias de prensa y realizan coberturas, en un escenario en el que el trabajo periodístico se convierte en un servicio público más útil y necesario que nunca.

Los periodistas están en primera línea, igual que los médicos, las enfermeras, los policías y los funcionarios públicos. Ven de cerca el peligro, siente el mismo temor al contagio, pero permanecen en el puesto del deber para que todos estén informados del día a día de esta crisis sanitaria y de todo lo que sucede en el país y el mundo.

Es difícil tomar la determinación de salir a la calle, pero el que decide hacerlo tiene pleno convencimiento de que es por la vocación y el amor al oficio. No es fácil dejar a la familia en casa, con el temor de que al volver se corra el riesgo de contagiarlos. 

Es gente a la que se quiere proteger, con la que también se comparte el tiempo en cuarentena y se dividen las tareas. Entonces el periodista también termina siendo cocinero, barrendero, pintor, carpintero y profesor asistente de sus hijos con las clases virtuales.