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Su sueño es tener una farmacia y ser bioquímica. Tiene en la sangre la solidaridad y las ganas que le dan sus 28 años de ayudar a los demás. Inquieta y geminiana, habla con sus manos y sus ojos, mientras sus gestos derrochan emoción.

La mayor parte de su vida la ocupó estudiando y desde hace 8 años trabaja de enfermera. Los último seis en el Centro de Salud Vida y Esperanza en Santa Cruz de la Sierra.

En el amanecer lluvioso del lunes 22 de junio, habían caído 302 milímetros en 7 horas. Mary Luz, contra viento y marea, volvía a su casa en bicicleta. Eran las 8:00. Había hecho el turno de Marcelina, su compañera de trabajo, que un día antes lo había cambiado por el del jueves siguiente, debido a que tenía un examen y no podía fallar. Eran tres cuadras con el agua a tope. Pero la bici avanzaba y sus ganas podían más que la adversidad. Neymar, un joven del vecindario, sacó la foto desde un segundo piso y la publicó en las redes sociales. Las primas de Mary Luz, Rocío y Talía, la reconocieron y completaron los datos. A partir de entonces cambió su vida para siempre.

Al llegar a su casa, la auxiliar de enfermería se enteró de que su fotografía se había viralizado. Era ella, bajo la lluvia y con el agua hasta las rodillas con la bicicleta ‘Chuturubí’ de su padre, un guardia de seguridad, que le había prestado para que cumpla con sus labores en el centro de salud ubicado a “15 minutos de su casa”.

De niña soñó con ser médica. El examen de ingreso en la Uagrm le imposibilitó hacerlo. Había seleccionado Medicina y Bioquímica. Su padre, Carlos, le aconsejó estudiar Enfermería en el Instituto Técnico Ceince y eso le permitió encontrar el rumbo. La pasión por la farmacia y la bioquímica la encontró en el camino. Actualmente estudia licenciatura en Bioquímica y Farmacia en la Universidad Nacional Ecológica (UNE) y cursa el noveno semestre. Estima terminar el décimo y último semestre a fin de año.

El Centro de Salud Vida y Esperanza forma parte del plan piloto de Covid de la red este del Plan Tres Mil, aunque también atiende otras patologías. Cuenta con dos licenciadas y 14 enfermeras. Mary Luz atiende varias áreas y se mantiene presta para las necesidades que surjan, desde vacunación, suero, inyectables, hasta la atención de niños y de adultos mayores. “Atendemos en el área de tuberculosis y hasta partos, de todo”, dice. La atención médica es su ámbito preferido. “Siempre he sido capa en colocar inyectables”, añade con modesta inocencia. “No hay nada difícil en mi trabajo, lo único que me dificulta un poco es el turno de noche, pero en los turnos de mañana y tarde y fin de semana me siento feliz y contenta”.

La pandemia cambió su rutina. Ya no va todos los días. Solo una vez por semana trabaja 24 horas continuas. No vio morir gente con Covid, pero sí los ha visto llegar en estado crítico.

Hoy, en tiempos de coronavirus, cumple todos los protocolos. Al llegar a su hogar toma un baño y se cambia toda la ropa antes de ingresar a su casa. En su familia nadie se ha contagiado y todo se cuidan siguiendo sus consejos.

Sus padres, Carlos y Neptalia, le inculcaron la fe y la cultura por el trabajo y la solidaria forma de concebir la vida ayudando a los que más lo necesitan.

Además del reconocimiento de sus pares y sus más allegados, le “llovieron” obsequios de agradecimiento por su labor en la salud pública. Entre otras cosas, una bicicleta, dos días en un hotel cinco estrellas y una moto, que por el momento maneja en su barrio. Pero, además, el 23 de junio recibió de parte de la universidad Udabol una beca completa e intransferible para estudiar Medicina y, por si fuera poco, el 8 de julio le llegó el ítem (496) que no tenía, de manos de la ministra de Salud, la doctora María Eidy Roca.

Combo completo: estudio y trabajo asegurado para seguir creciendo. Pedaleando en la vida y estudiando en diferentes claustros, Mary Luz se abre paso en un camino cada vez más ancho e iluminado.

Dedicada al estudio y a la salud

Mary Luz Salazar nació en esta capital el 28 de mayo de 1992. Estudió en el colegio 7 de Julio, del Plan Tres Mil, en Santa Cruz de la Sierra. Seis personas conforman su núcleo familiar más íntimo. Tiene tres hermanos varones, Yasman (25), Jorge Miguel (22) y Carlos Daniel (15). Su madre, Neptalia Gonzales Palacios (52) y su padre, Carlos Salazar (53). Su padre es guardia de seguridad de Bisa Seguros y su madre tiene una tienda en la parte de adelante de la casa. Sus mejores amigas están en su trabajo y en la universidad. Su novio William estudia Educación Física en la universidad estatal y enamoran desde hace tres años y 10 meses.

Estudió Enfermería y tres años como técnico superior en Industria de Alimentos, aunque nunca pudo ejercer. Lleva ocho años trabajando de auxiliar de enfermería. Los primeros dos, en forma particular en una farmacia y otro año en una clínica dermatológica. A partir de allí y desde hace seis años trabaja como enfermera en el Centro de Salud Vida y Esperanza. 

Su comida favorita es el pique macho. Profesa la religión cristiana y su deporte favorito es el fútbol, que los practica con sus primas y es hincha de Oriente Petrolero. Admira a la doctora Carola Mamani, una de las médicas del centro donde trabaja. Es su referente en la práctica profesional. Reconoce que se lleva bien con todas las compañeras de trabajo. 

Marcelina y Jenny Arce son sus mejores amigas, aunque también destaca la nobleza de Analis y recuerda a Jackeline, una amiga y compañera que falleció hace poco más de un mes. Espera seguir creciendo en su profesión y sueña con vivir en un país lleno de paz, con una mejor economía y trabajo para todos.

Salazar transita desde su casa hasta su trabajo en bicicleta. Fotos: Jorge Ibáñez