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Henry Flores Zúñiga cumple funciones médicas desde 1999. Es experto en salud pública, en administración de servicios de salud, gestión hospitalaria e interculturalidad y salud. Su profesión la dedicó prácticamente a la población de escasos recursos y en este tiempo de pandemia le tocó sufrir la difícil situación que atraviesa el sistema de salud boliviano

La tercera semana de marzo, tuvo que atender a varios pacientes en el hospital de segundo nivel de Patacamaya (La Paz). Curó varias dolencias sin saber que un grupo de ellos asistió a una fiesta patronal en la que un ciudadano estaba infectado con coronavirus. Estuvo 15 días aislado y recién al treceavo, le dijeron que la prueba de Covid-19 salió negativa. Todo ese tiempo esperó la respuesta del Servicio Departamental de Salud (Sedes) de La Paz.

"Posterior al incidente, junto a la dirección del hospital, se toma la medida de exigir material de bioseguridad para el personal de salud", cuenta Flores, quien entre turnos de permanencia en Patacamaya, durante siete días, elaboró un plan de contingencia basado en acciones de control y monitoreo epidemiológico práctico. Lo presentó a las autoridades de salud de la región, "pero poco o nada hicieron para aplicarlo", relata Flores.

El médico siguió sus actividades profesionales. Tras enterarse del resultado negativo sintió un alivio porque esos 15 días tuvo angustias y preocupaciones. Volvió a Patacamaya a mediados de abril y decidió implementar su propio sistema de bioseguridad ante la poca atención que le dieron las autoridades del lugar y del departamento. 

El galeno recuerda que tuvo que realizar una campaña de socialización sobre la enfermedad y hasta tuvo que comprar alimentos y elementos de primera necesidad para los pobladores que estaban cumpliendo una estricta cuarentena.

Un tiempo después vino otro brote de infectados. Esta vez atacó a varios funcionarios del nosocomio. Uno de ellos, fue el portero, con quien Flores Zúñiga tuvo contacto. Esta vez acudió a su seguro de salud y en dos días le dieron la mala noticia: El médico había contraído el coronavirus.

Uno de los problemas por los que se contagió, fue la falta de equipos de bioseguridad. Esos insumos fueron dotados tarde e incluso tuvieron que ser adquiridos por el sindicato de médicos.

Ya estaba aislado y sentía un malestar en el cuerpo. Él pensaba que era por el arduo trabajo que había realizado en Patacamaya. Luego, de a poco, perdió el sentido del olfato, tenía dolores de hueso y su cabeza soportaba un tremendo malestar. 

"Mi mente repensaba cada uno de mis movimientos con la preocupación de saberme portador del virus y por ende, la sensibilidad de contagiar. Contaba las horas y hasta los minutos esperando sobrevivir, no perdí la calma, mi único medicamento fue el paracetamol en horario y confiar que mi sistema inmune haría lo suyo", remarca.

Tuvo momentos difíciles mientras duró su aislamiento. Repasó los últimos días de su vida, lo bueno y malo, tristezas y alegrías, logros y decepciones. Llegó el día 14 y la prueba de laboratorio salió negativa. Dos días después, se ratificó ese resultado. Sintió alivio y no pensó en dejar su carrera profesional. Es más, decidió retornar a Patacamaya, donde ahora ayuda a combatir el coronavirus.

"Existe una gran deuda histórica del Estado con nuestra salud, diría que más de un siglo. No solo se trata de construir hospitales y centros de salud y no solo se trata de dotar ítems al personal. Se debe construir la red de procesos y organización de un sistema de salud, acorde a nuestra cultura, acorde a nuestra realidad, recordando que no solo es el médico el actor principal de la salud, sino de todo su equipo", reflexiona.

Flores Zúñiga pronostica que vendrán más virus y enfermedades y que traerán más problemas, algo similares como el coronavirus. Por eso, señala que los gobiernos deben tener "líderes creativos" para que puedan elaborar políticas serias de salud. Caso contrario, dice que el gran perdedor será el pueblo.