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Dentro de muy poco, Bolivia enfrentará la peor cara del coronavirus. El país encarará el pico de la curva epidemiológica en las cuatro próximas semanas, siempre y cuando la enfermedad no se salga de control en La Paz y Cochabamba. Uno de los temas que más preocupa a los médicos en esta escalada es la enorme cantidad de población que se automedica, lesionando su hígado para un tratamiento que de por sí será duro contra su organismo y que puede dejar secuelas más allá de la enfermedad.

Carlos Hurtado, epidemiólogo del Servicio Departamental de Salud de Santa Cruz de la Sierra, dice que no tiene sentido armar un protocolo contra la automedicación, porque la persona que quiera autorecetarse, lo hará. Explica que incluso para los médicos que están todos los días en contacto con la enfermedad, establecer un protocolo de tratamiento ha sido complejo y lo califica como dinámico, que ha ido cambiando desde el principio del brote en Santa Cruz.

Pone como ejemplo lo sucedido con el tándem hidroxicloriquina más azitromicina, que durante varias semanas fue la base del tratamiento en muchos lugares del mundo, hasta que un estudio encontró evidencias de que podría causar más daño que beneficio. Ambos medicamentos, que producen arritmia, han salido del protocolo local.

Ni hablar de la ivermectina y los cocteles de medicamentos, que no han evitado la propagación del mal, la complicación de casos con muerte de personas en los lugares donde se los ha usado de forma masiva. 

El tratamiento oficial y sus peligros
Según explica Hurtado, la base del tratamiento actual son los retrovirales Lopinavir y Ritonavir, a los que se suma los anticoagulantes de bajo peso molecular y el plasma o suero hiperinmune de los pacientes recuperados. 

Pero, antes de salir corriendo a su farmacia más cercana para buscar los retrovirales, hay que tomar en cuenta un par de cosas: la primera, los efectos secundarios de estas drogas que se utilizan para tratar el VIH. Esta combinación de medicamentos, que viene bajo el nombre Kaletra, “puede causar efectos secundarios graves, potencialmente mortales", entre ellos, "trastornos del hígado, inflamación del páncreas (pancreatitis), afecciones del ritmo cardiaco, reacciones alérgicas graves e interacciones medicamentosas potencialmente mortales”, dice el prospecto. Eso quiere decir que debe ser aplicado bajo estricta vigilancia médica.  La segunda es que solo se aplica a pacientes que están en la primera etapa de la complicación pulmonar de la enfermedad

Es más, no es para los casos de coronavirus de síntomas levesPara ese tipo de casos, basta con un antipirético para la fiebre y un antiinflamatorio para los dolores. Hoy este tipo de paciente está internado para evitar que siga propagando la enfermedad, pero llegará el momento, dado el crecimiento vertiginoso del contagio, que deban quedarse en sus casas con una vigilancia médica casi a distancia. 

Hurtado explica que los retrovirales y los anticoagulantes comienzan a ser administrados una vez el paciente presenta indicios de afección pulmonar, en un momento inicial de la enfermedad. Los anticoagulantes ayudan a evitar los trombos pulmonares, que al inicio de la pandemia eran confundidos con una neumonía extraña.

El objetivo de esta primera etapa es evitar la llamada “tormenta de citoquinas”, que es la que libera otras reacciones del cuerpo al virus que terminan matando al paciente. Si este tipo de tratamientos no funciona, recién se acude al tratamiento con plasma de pacientes recuperados. Hurtado no es muy fanático de este tipo de tratamiento. Dice que no hay demasiada evidencia científica que lo apoye y advierte que no se lo puede usar en la primera etapa de la enfermedad, porque puede ser contraproducente. 

“Lo importante del plasma son los anticuerpos que entran al receptor y luchan esta batalla contra el virus. Para recibir este tratamiento, el paciente tiene que ser mayor de 18 años, ser positivo confirmado para Covid-19, estar saturando oxígeno a la baja, una frecuencia respiratoria muy alta y una infiltración pulmonar importante. Su vida tiene que estar comprometida”, explica. 

Es en este punto en el que los médicos comienzan a utilizar los corticoides, que son antiinflamatorios eficaces, pero que dejan el sistema inmunológico muy deprimido y si se usan en una etapa anterior de la enfermedad pueden ayudar a la propagación del virus en lugar de frenarla. “Hay que tener cuidado con lo que recetan estas personas que aparecen como grandes expertos y ni siquiera son médicos”, recomienda Hurtado.