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"La imagen que más me asustó fue la de una mujer que trajo un balde con agua y yo metía mi cabeza y me sumergía. Tenía mucho miedo", cuenta Juan Carlos Salinas, un paciente que entró a terapia intermedia y logró salir caminando de ella. Sufrió de alucinaciones a causa de la medicación que recibió para combatir el coronavirus que se le complicó con un cuadro de neumonía.

"Escuchaba voces y veía cosas borrosas corriendo por la habitación", cuenta Salinas desde su hogar donde guarda reposo. Todo esto sucedía en ese trance entre estar despierto y dormido, pero sus médicos ya le habían anticipado que pasaría por esto y es que, a raíz de la medicación que se administra para los casos moderados y graves de Covid-19, las personas sufren de alucinaciones, delirios y sicosis.

Esta situación es confirmada por el médico intensivista Luis Miguel Candia, quien luego de cuatro años de especialidad en el Hospital Japonés en este área, le tocó enfrentar a este monstruo invisible que le ha robado el último suspiro a miles de personas en el mundo a causa de la pandemia.

Candia hoy se desempeña como terapista en el domo de la Caja Nacional y en el Hospital Pampa de la Isla, además de su trabajo en instituciones privadas.

Todos estos meses ha estado observando al detalle cómo van evolucionando o no sus pacientes que llegan hasta un respirador, aquel equipo médico que, si bien no es la cura para la enfermedad, les da el soporte necesario para mantenerlos con vida mientras reciben altas dosis de medicación.

Justamente aquí es que Candia hace una pausa para explicar una de las secuelas a corto plazo en las personas al ser extubadas (cuando se les retira del respirador).

"Casi el 100% de los pacientes posintubación presentan delirio. Esto es consecuencia del uso prolongado del ventilador mecánico, es decir, cuando están más de cinco días sedados, con antibióticos, corticoides, relajantes musculares, sedantes, el mismo ventilador mecánico los va a llevar a tener delirios", explicó Candia.

Pero todo va pasando con el tiempo. Al menos Salinas, que no llegó a intubarse, relata que estuvo en esa situación entre el segundo y quinto día de su internación que fue de dos semanas.

"Tienen un cambio de conducta, no obedecen órdenes, ellos están despiertos, pero se tornan muy irritables, se empiezan a retirar los dispositivos, alucinan bastante, pero con medicación se llega a recuperar el estado mental", señaló el especialista.


El médico José Luis Prieto, presidente de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva de Santa Cruz, ratificó lo expresado por su colega. "Efectivamente, los pacientes despiertan desorientados, muchos combativos, producto de la fuerte sedación y analgesia que se utiliza para acoplarlos al ventilador mecánico. Sí, es el delirio en los pacientes críticos. Los tratamos con medicación específica y está mejorando su condición", sostuvo.

Los promedios

Aunque las estadísticas pueden ser frías, lo cierto es que en salud también se las maneja para dar un panorama, en este caso, de cómo evoluciona esta nueva enfermedad.

Candia señala que un paciente que llega a intubarse, mínimamente permanece acoplado al equipo unos cinco días. El máximo dependerá del estado de salud del enfermo, además de otras características como la edad y patologías de base que pueda presentar.

En el caso de los adultos mayores de 60 años, existe un 50% de probabilidad que sobreviva a esta dura etapa, mientras que los más jóvenes y sin enfermedades de base, pueden tener una probabilidad del 70% de superar esta crisis de su salud.

Similar estadística maneja Prieto. Para él, el tiempo de conexión a un ventilador mecánico dependerá del grado de afectación pulmonar y que puede extenderse desde una semana a más de tres. "La mortalidad en nuestro medio ronda un promedio de 60% en los casos más críticos".

Pero no acaba ahí. Otras de las complicaciones que puede surgir es una neumonía bacteriana y esto se debe a que, al momento de intubar, cuando el paciente está sedado, se rompe la barrera de protección que son las cuerdas vocales y al ser la boca un lugar donde hay bacterias y hongos, pueden darse microaspiraciones que pasan a la vía aérea inferior, que son los pulmones.

"Esto aparece a partir del cuarto o quinto día. Se trata de prevenir, pero si el paciente está más de cinco días con el tubo existe más del 60% de probabilidad que el paciente pueda contraer una infección asociada. Esto es algo que sucede en todo el mundo", puntualizó Candia.

Lo cierto es, que quienes logran vencer esta etapa han fortalecido su fe en muchos casos, al menos en Salinas, que hoy lleva colgado de su cuello un rosario que le entregó la madre de su hijo el día que inició con las alucinaciones que le causaron tanto temor.