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"𝑴𝒊𝒍𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒔 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒎𝒖𝒏𝒅𝒐 𝒎𝒊𝒈𝒓𝒂𝒏 𝒂 𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 𝒍𝒖𝒈𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒓 𝒔𝒖s 𝒗𝒊𝒅𝒂s, 𝒃𝒖𝒔𝒄𝒂𝒓 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐 𝒚 𝒎𝒆𝒋𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒅𝒊́𝒂𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒔𝒖𝒔 𝒇𝒂𝒎𝒊𝒍𝒊𝒂𝒔. 𝑺𝒊 𝒏𝒐 salen, 𝒎𝒖𝒆𝒓𝒆𝒏 𝒔𝒊𝒏 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐, 𝒔𝒊𝒏 𝒅𝒊𝒏𝒆𝒓𝒐 𝒚 𝒔𝒊𝒏 𝒂𝒍𝒊𝒎𝒆𝒏𝒕𝒐…❞. dijo el sacerdote César Ordóñez, por el Día Mundial del Refugiado, que se conmemora el 20 de junio.

Para el domingo 20, a las 10:00 am, en la parroquia San Martín de Porres, de la avenida Roca y Coronado, la Iglesia Católica organizó una misa, con el objetivo de orar por estas personas que dejan atrás sus hogares y a sus seres queridos, y transitan un camino de ilusiones, pero también de incertidumbre.

Asimismo, se está elaborando un pronunciamiento para ser publicado el día 20 de junio, como culminación del Día del Refugiado, que será socializado por las redes sociales y algunos medios de comunicación.

En la misma jornada, en Oruro también se realizará una misa, con Monseñor Bialasik, presidente del directorio de Cáritas.

Con la agenda de domingo se cierra toda la semana por los refugiados. En estos días, Monseñor Sergio Gualberti también llamó a la reflexión sobre las dificultades que afrontan estas personas.

 "𝑵𝒐 𝒄𝒂𝒊𝒈𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒊𝒏𝒅𝒊𝒇𝒆𝒓𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂, 𝒑𝒐𝒓 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒓𝒊𝒐, 𝒎𝒊𝒓𝒆́𝒎𝒐𝒔𝒍𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒆𝒕𝒐 𝒚 𝒄𝒂𝒓𝒊𝒏̃𝒐, 𝒑𝒓𝒆𝒔𝒕𝒆́𝒎𝒐𝒔𝒍𝒆𝒔 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒄𝒐𝒍𝒂𝒃𝒐𝒓𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒔𝒊𝒈𝒏𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒄𝒓𝒆𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝒍𝒖𝒄𝒉𝒂 𝒑𝒐𝒓 𝒖𝒏 𝒎𝒖𝒏𝒅𝒐 𝒎𝒂́𝒔 𝒊𝒏𝒄𝒍𝒖𝒔𝒊𝒗𝒐 𝒆 𝒊𝒈𝒖𝒂𝒍𝒊𝒕𝒂𝒓𝒊𝒐", exhortó.

Datos

Según el informe anual 2019 del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (Acnur), una de cada cien personas en el mundo ha perdido su hogar por los conflictos y la violencia que vive su país. El número total de refugiados se acerca a los 79,5 millones de personas, que representa el 1% de la población mundial, de los cuales el 40% son menores de edad.

De esta cifra global, el 68% proviene de cinco países del mundo: República Árabe Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur, y Myanmar.

En Bolivia, hasta  junio de 2020 se albergaba a más de 1.400 personas refugiadas y solicitantes de la condición de refugiado de más de 10 nacionalidades, entre ellas Siria, Sudáfrica, Yemen, Perú, Colombia, Chile, Venezuela y otras.

Actualmente, el flujo migratorio que está impactando más en la región latinoamericana es el éxodo venezolano, cuyas cifras alcanzan a más de cinco millones de personas que recorren el continente y el mundo, en busca de seguridad y protección.  

De acuerdo al informe de la Organización de los Estados Americanos (OEA), publicado el año 2019, alrededor de 10.000 migrantes venezolanos ingresaron a territorio boliviano, de los cuales más de 900 solicitudes individuales y/o familiares han solicitado refugio en Bolivia, habiendo obtenido la condición de Refugio solamente 57 solicitudes, que equivale a aproximadamente 250 personas adultas y menores de edad.

Actualmente, la Iglesia Católica en Bolivia está presente con su servicio a personas que requieren de protección internacional, a través de la Pastoral de Movilidad Humana de Cáritas Boliviana, mediante oficinas de atención directa a esta población en: La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Tarija, Oruro y las fronteras de Desaguadero, Villazón, Villamontes y en la frontera de Pisiga. 

En estos lugares se cuenta con el apoyo de congregaciones como las Hermanas Vicentinas, responsables de la Casa de Acogida en Pisiga, Jurisdicción del Obispado de Oruro; las Cáritas Jurisdiccionales; y las parroquias de frontera, con sacerdotes comprometidos con los refugiados.

Testimonio

"Bolivia es para nosotros una tierra de gracia y su mayor tesoro es su gente, de quienes hemos tenido un buen trato. Podemos decir con toda propiedad que nos hemos sentido bien, en muchas oportunidades como en casa, por eso damos gracias a Dios por el sentido de hospitalidad del cruceño, nos recuerda a nuestra tierra, a nuestra gente, sencilla y cordial con un gran valor como el de la solidaridad. Nuestras expectativas como familia refugiada son poder vivir dignamente y servir en Santa Cruz Bolivia, sin ser explotados ni humillados", dice una familia venezolana, como parte de un extenso testimonio de su travesía.



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