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Declarado con discapacidad por cardiopatía isquémica crónica, soportó casi 11 años de juicio por supuesto terrorismo. Ayer, en su primer día como absuelto de culpa en el caso, se dedicó a compartir con su familia y a trajinar para tramitar su desarraigo, levantar hipotecas y anotaciones preventivas de bienes que le impuso la justicia. Habló del momento más duro de su vida, la muerte súbita. “Los forenses me dieron por muerto, mi familia ya había escrito mi necrológico para publicarlo, pero me resucitaron, fue un milagro de Dios”. Al fiscal Sergio Céspedes (el segundo que llevó el caso), lo considera el más funesto y el que más hizo daño a los acusados. “Se deleitaba de vernos sufrir”, dice Castedo. Al extinguirse el caso, al juez Sixto Fernández le dijo que pida perdón a Dios, mientras que a Evo Morales, sus exministros y toda su gente, por inventar el caso terrorismo, les dice que configuraron un delito imposible y escribieron las páginas más oscuras de la justicia.

¿Cómo vivió su primer día tras la sentencia absolutoria?

Dormí menos que otras noches. Estaba bajo las sensaciones encontradas que me produjo la lectura de sentencia. Me costó conciliar el sueño, poner en orden las ideas; hoy debía volver a la realidad, que estoy en libertad nuevamente.

Hoy (ayer) me levanté como lo hago todos los días, lo primero que hice fue agradecer a Dios por el primer día con libertad después de tantos años. Eso lo hice bien temprano.

Luego, mi ‘primer día’ transcurrió así: retomé mis actividades profesionales para hacerme cargo de una cosntrucción en el Urubó, volví al Palacio de Justicia para hacer contactos para levantar mis arraigos y otros trámites.

¿Ya se siente libre?

Me siento libre y tranquilo, encontré paz en el Señor, encontré una sensación distinta en la gente... (derrama lágrimas). Recibí llamadas de gente que desde hace tiempo no escuchaba. Fue un día especial, bonito, junto a mi familia.

¿Cuáles fueron los momentos más duros?

Yo tuve un momento complicado para mi salud. El más duro fue el 17 de septiembre de 2011, cuando por largo rato fui declarado clínicamente muerto por los forenses. Estaba mi familia y ya me estaban llorando y hasta habían escrito un necrológico, pero hubo médicos que no se cansaron ni se rindieron y tuvieron que hacer un trabajo de resucitación mecánica que permitió que se produzca el milagro de Dios. Estuve varios días en coma, conseguí superar las secuelas. Luego fui obligado a viajar a Yacuiba al juicio. Otro momento difícil fue el 2013 en Tarija, cuando fui evacuado a Santa Cruz gracias a la ayuda de Gary Prado, Hugo Paz y Juan Carlos Santistevan. Fue un 4 de febrero de 2013 y el juicio se instaló en Santa Cruz. Esto marcó un curso diferente junto a nuestras familias. Dios permitió eso y justo después de 7 años, este 4 de febrero, se dictó la absolución para todos.

¿Cómo recuerda al fiscal Sergio Céspedes?

Fue el más funesto de todos, nos hizo mucho daño a los que teníamos problemas de salud. Era un déspota con los enfermos, no respetaba el derecho a la vida, teníamos la impresión de que sentía placer al ver el dolor ajeno. Es una persona ingratamente recordada por todos los acusados. Es de quien yo quisiera tratar de olvidarme lo más rápido posible. Me hizo mucho daño a mi, a mi familia y a todos los acusados. Recuerdo las expresiones que se nos quedaron grabadas a todos los acusados. Fue en Tarija cuando dijo, “Castedo está enfermo y se va morir, aquí en audiencia, en su casa o en un hospital, finalmente todos nos vamos a morir”. Tenía una salida política y decía, “¡qué respeto a la vida, aquí es patria o muerte!”, y eso lo repitió no solo conmigo sino con el general Prado, con Guedes y Mendoza.

¿Que le dice a los gestores del caso terrorismo, a Evo, sus exministros y su gente ?

Que hicieron mucho daño, no solo a estas 39 familias, sino a un millar de exiliados. Configuraron un delito imposible y escribieron las páginas más oscuras de la justicia en Bolivia. Es el proceso más malicioso de la justicia boliviana en toda nuestra historia republicana. Nuestro perdón no importa, que los perdone Dios. Yo le di la mano al juez Fernández y le dije que tiene la oportunidad de pedirle perdón a Dios. Ojalá encuentre paz después de sus actuaciones.


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