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Periodista, político, dirigente del partido Voluntad Popular y el alcalde más joven de Venezuela son algunos de los datos de su hoja de vida. Sin embargo, desde 2017 lucha por su país desde afuera, en el exilio. Actualmente, David Smolansky es el Comisionado de la Organización de Estados Americanos (OEA) para los migrantes y refugiados venezolanos.​

De algún modo, el comunismo lo persiguió toda su vida. Sus abuelos paternos huyeron de Ucrania, cuando formaba parte de la Unión Soviética. Se asentaron en Cuba, donde vivieron por medio siglo, hasta 1970, cuando escaparon hacia Venezuela. Y de ahí, en 2017, tuvo que salir exiliado por la amenaza de cárcel.

En marzo estuvo en Bolivia, con una agenda de diálogo que abordó puntos como: razones de la huida de Venezuela, proceso de inserción en el lugar de acogida e incentivos para volver. Se reunió con autoridades nacionales y migrantes de su patria. De ese encuentro publicó el Informe sobre la situación de los migrantes y refugiados venezolanos en Bolivia, de la oficina que dirige desde la OEA. En mayo, su personal tuvo una reunión vía Zoom con autoridades migratorias y con residentes.

El 26 de mayo, en conferencia internacional entre OEA, Naciones Unidas, Unión Europea, decenas de gobiernos del mundo, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, se gestionó mayor apoyo por parte de la comunidad de donantes en el mundo a migrantes y refugiados venezolanos, para que gobiernos y sectores puedan implementar muchos más programas de atención médica, de nutrición, de documentación, etc.

Según el estudio publicado, a pesar de que en Bolivia aún no existe un registro oficial de venezolanos, las estimaciones de la sociedad civil calculan 10.000 migrantes y refugiados venezolanos hasta la fecha (60% hombres y 40% mujeres), quienes estuvieron invisibilizados por década y media por motivos políticos. Destaca que el Gobierno de transición en Bolivia de Jeanine Áñez ha generado un cambio y un nuevo enfoque hacia la inmigración venezolana, centrado en la flexibilización y en una perspectiva más humana.

A la distancia, Smolansky habló con EL DEBER sobre los logros y los desafíos que también involucran a Bolivia.

- ¿Cuáles son las conclusiones de su venida al país en marzo?

Cuando fuimos recién empezaba la pandemia del coronavirus. Tuvimos reuniones con distintos viceministros de la Cancillería, con la Dirección General de Migración, también tuvimos reuniones con la Agencia de las Naciones Unidas, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y, obviamente, con los migrantes y refugiados venezolanos. Hay un aproximado de 10.000 de ellos en Bolivia; el Gobierno de la presidenta Áñez está haciendo esfuerzos para atenderlos y protegerlos. 

Para los venezolanos, Bolivia se ha convertido en un país de destino, más que de tránsito. Hay importantes resoluciones del Gobierno boliviano, como por ejemplo la exención de pagos o multas a quienes ingresen de manera irregular, la resolución 138/2020, que reconoce la identidad de los niños venezolanos, documentos supletorios; también la Resolución 274, que otorgaría la vigencia a los documentos venezolanos que vencieron en el año 2018; y la resolución 2442, que permite la estancia transitoria sin costo. 

Todo eso es muy importante, de cara a la protección de los refugiados, y esperemos que esta política de flexibilización se mantenga, porque sabemos que los venezolanos huyen contra su voluntad.

-  ¿Realmente les están perdonando las multas? Hay situaciones de extorsión y tras los 60 días la deuda se les hace impagable. En el caso de las solicitudes de refugio, son muchas las solicitudes y pocas las otorgaciones.

Hay una resolución, la 342, sobre la exención de multas si se ha ingresado de manera irregular, para los venezolanos que pasen de manera transitoria en Bolivia por 60 días, sin costo. Nos dicen que eso ya se está implementando.

Hasta ahora, 57 venezolanos han sido reconocidos como refugiados. En 2018 hubo 334 solicitudes, en 2019 hubo 408, y hasta febrero de este año hubo 182. Evidentemente también estamos en un momento inusual por el coronavirus, el flujo migratorio está prácticamente en cero y las fronteras están cerradas, pero toda la proyección, antes del coronavirus, daba que para los primeros cuatro meses de este año habría más solicitudes de refugiados que en todo el 2019. 

Anteriormente por motivos políticos, los venezolanos no gozaron de recibir el status de refugiados por parte del Gobierno de Bolivia y bien sabemos que el Gobierno de Evo Morales es el principal aliado de la dictadura de Maduro, eso ha venido cambiando y por eso para muchos venezolanos, como decía al principio, se ha convertido en un país de destino y no de tránsito.​

-    Desde su rol,  ¿qué puede hacer?, considerando que a veces se anuncian redadas porque algunos delinquen y pueden caer quienes no infringen la ley, bajo la única figura de ilegalidad.

Cualquier persona que actúe al margen de la ley, evidentemente las autoridades tienen que actuar. No puede justificarse ningún venezolano que actúe al margen de la ley. Ahora bien, dicho esto, es muy importante que todas las autoridades, no solamente recae a nivel de Gobierno nacional, sino también de Gobierno regional y local, promuevan campañas contra la discriminación y la xenofobia. 

Lamentablemente, estamos teniendo brotes de xenofobia hacia los venezolanos y es muy importante el compromiso, insisto, que no solo adquieran los Gobiernos nacionales, sino también las otras instancias, porque son sobre todo las primeras autoridades con las que se tropieza un desplazado venezolano. Esa autoridad representa los primeros entes con que los venezolanos hacen sus trámites.

- ¿Hay una generalización del estigma a todos los venezolanos?

En Bolivia nosotros recogimos algunos testimonios de personas que se han sentido discriminadas, pero no es el país donde hay más brotes o casos de xenofobia. Tenemos otros países donde la situación es mucho más delicada. No podemos permitir que este monstruo crezca, hay que erradicarlo de raíz, y como yo siempre digo, para uno como venezolano es muy duro ver cómo más de cinco millones de personas han tenido que irse de mi país. 

Hemos sido víctimas de un régimen cruel, de una naturaleza criminal, que nos ha dejado sin comida, sin medicina, sin combustible, agua sin luz, que nada más practica la violencia, la violación de derechos humanos. Esto es muy duro para los venezolanos porque estamos alejados de nuestra tierra, no sabemos cuándo vamos a volver, estamos separados de nuestras familias. Soy un convencido de que al mismo tiempo representa una oportunidad para América Latina, de integrar con la sociedad latinoamericana y caribeña a personas que quieren trabajar, emprender y estudiar, y eso al final tiene un impacto positivo en la sociedad y en la economía porque puede crecer. 

Por eso es importante la política de flexibilización que está conteniendo el Gobierno boliviano, facilita la integración de los desplazados venezolanos a este país. Y si se integran los venezolanos a la sociedad y a la economía de este país, a Bolivia le irá bien.

-    ¿Cómo puede convertirse en riqueza lo que hoy es pobreza, lo que algunos consideran un problema?

Facilitándoles oportunidades. Lo más importante es que obtengan su documentación, si un venezolano tiene su documentación quiere decir que está regular en ese país y si puede estar regular también puede acceder a servicios con menos complicaciones, abrir una cuenta bancaria y sobre todo puede aplicar a un trabajo, insertarse en los mercados laborales. 

Mientras los venezolanos se mantengan indocumentados, más difícil será para ellos superar la pobreza, estarán siempre vulnerables, en la economía informal, desempleados. El gran reto para Bolivia y la región es que los venezolanos puedan obtener su documentación y de esta manera estar regulares, porque además nosotros somos víctimas de otra violación de derechos humanos, que es el derecho a la identidad y que en Venezuela no está garantizado.

-    Cinco millones de venezolanos afuera y en malas condiciones. ¿Se acostumbró el mundo a que el venezolano sea un nómada en desgracia?

Para nada, todo lo contrario, creo que más bien hay que visibilizar esta crisis y esa es la función de la oficina que yo coordino en la OEA, en la Secretaría General. Hay que visibilizar mucho más el horror de lo que significa vivir en la tiranía de Nicolás Maduro, lo que significa que haya niños a quienes les arde el estómago –literalmente- porque llevan días sin comer; lo que significa que hay personas de 70 años en sillas de ruedas viajando para conseguir la medicina que no obtuvieron en Venezuela; mostrar lo que es una madre caminando por todo un continente para llegar a un hospital y tener a su hijo porque en Venezuela no puede dar a luz. 

Hay que visibilizar a los jóvenes que han sido fuertemente reprimidos por la dictadura, perseguidos, amenazados, muchos de ellos inclusive detenidos de manera arbitraria y torturados en las cárceles de la dictadura. Jamás la región puede acostumbrarse a que en alguna nación haya violación de derechos humanos, delitos de lesa humanidad, porque esto que nos está pasando a los venezolanos, no solo está afectándonos a nosotros, sino a toda la región, que no tiene la capacidad, el presupuesto, la infraestructura, no cuenta con los servicios para atender a más de cinco millones de refugiados venezolanos. 

-    Se pide ayuda a países en los que no han nacido, ¿está tan lejano el día en que su propio país sea una casa digna para ellos?​​

La solución para que los venezolanos dejen de irse es que haya democracia, libertad, justicia, quiere decir que caiga la dictadura. Solo así los venezolanos dejarán de irse y los desterrados podremos volver. Evidentemente, reconstruir a Venezuela tomará tiempo; hacer de Venezuela un país donde prevalezca la justicia, la gente se sienta segura, haya alimentos y medicinas, no se logrará de la noche a la mañana. De lo que sí estoy seguro, es de que no tener la dictadura es el paso que necesitamos para reconstruir al país y que caiga la dictadura no solo será una buena noticia para los venezolanos, sino para la región, incluyendo Bolivia.

-    Como venezolano, ¿qué sensación le genera interactuar con ellos, con los nómadas, los desplazados, el que la pasa mal, ver tanta necesidad y lo difícil que es resolver tanto?

Es lo más duro de mi carrera como servidor público, desde que empecé como dirigente estudiantil, hace más de diez años. Lo más duro ha sido escuchar, padecer y sentir cuán desesperado tiene que estar un ser humano para caminar desde Venezuela hasta Bolivia y conseguir un plato de comida; cuán desesperada tiene que estar una mujer para caminar de Venezuela a Perú para tener a su hijo; un joven para tomar una pequeña embarcación y nadar en la madrugada para llegar a una isla del Caribe y ahí poder conseguir un sitio dónde estudiar. 

Nosotros los venezolanos hoy hemos sido expulsados, no por una guerra, ni por una catástrofe natural, sino por un régimen de naturaleza criminal que ha sido la peor dictadura en la historia de América Latina y el Caribe, con el respeto que merecen los países que han padecido dictaduras, porque esto va más allá de cualquier régimen autoritario, estamos hablando de un cartel de narcotraficantes que ha secuestrado nuestro territorio, nuestras instituciones, nuestra riqueza natural, como la minería, el petróleo, el gas; que se sustenta en actores internacionales muy peligrosos, como Cuba, Irán, Rusia y grupos irregulares como el ELN; los venezolanos están absolutamente desprotegidos. 

Hoy, en Venezuela, hay más de nueve millones en riesgo de hambruna, somos el único país de este hemisferio con esos niveles de hambruna, solamente nos comparamos con países de África como el Congo y Sudán; y 5,1 millones de desplazados es más que el total de la población de países como Uruguay, Costa Rica, Panamá, somos un país entero que ha sido expulsado por la dictadura de Maduro. Por eso decía que la única solución para frenar esta migración forzosa es que en Venezuela haya democracia y libertad, y para eso estamos trabajando.

-    ¿Qué esperaba de la reunión pactada con autoridades migratorias?

Seguir articulando a la sociedad civil venezolana en Bolivia para que puedan atender a los más vulnerables; hacer seguimiento a la política que está implementando el Gobierno boliviano para proteger a los inmigrantes y refugiados venezolanos. Nosotros no es que solo vamos a un país y hacemos un informe y hasta luego, la idea es crear un vínculo con las autoridades de Migración, una red de grupos de la sociedad civil, es estar atentos a las personas más vulnerables y es seguir impulsando políticas de atención al migrante y refugiado, esa es la función que tenemos en la OEA.

​​-    ¿Qué información tiene sobre la pandemia entre venezolanos, considerando que la del régimen de Maduro es cuestionada?​​

Eso no puede saberse porque el régimen nunca va a ser transparente, según ellos ahora las cifras un poco incrementan, pero lo insólito es que dicen que está incrementando por los venezolanos que han retornado; semejante desprecio para personas que ya están vulnerables y que llegan a su país tratando de estar cerca de sus familias y preocupados por el impacto que pueda tener el coronavirus en Venezuela, y ahora el régimen de Maduro los acusa a ellos de ser culpables de que incremente el coronavirus en Venezuela. 

Veo un panorama muy difícil porque en Venezuela no hay medicinas, no hay comida, la gente allá sobrevive, entonces pedirles cuarentena, distanciamiento social es muy difícil, porque literalmente eso puede costarles la vida.

-    ¿De dónde salió la cifra de que hay 10.000 venezolanos en Bolivia? Las que manejaban las anteriores autoridades bolivianas no llegaban a la mitad.

Estas estimaciones sobre todo las hemos tenido desde la sociedad civil, con autoridades de Bolivia también hemos intercambiado información al respecto, ellas tienen el compromiso de ir actualizando ese número de migrantes y refugiados venezolanos que, como digo, también tienen la situación del coronavirus. Todo se ha parado con las fronteras cerradas, pero esa cifra es la que manejamos.

-    Este es Gobierno de transición, probablemente las medidas que lleguen a acordar con ellos también serán de transición ¿Qué panorama avizoran con el siguiente Gobierno?

Una de las recomendaciones que hacemos en el informe de la OEA es que, independientemente de quien sea electo después de este Gobierno de transición, siga implementando las políticas de flexibilización hacia los migrantes y refugiados venezolanos, como se ha venido implementando en el Gobierno de la presidenta Áñez, es fundamental. 

Estamos conscientes de que Bolivia pasa por una transición y tendrá una elección presidencial y, quien sea electo, esperamos que estas políticas de flexibilización para el venezolano se mantengan y se profundicen. Ninguna persona puede ser discriminada por su nacionalidad.

-    Si ganara un partido como el de Evo Morales, ¿serían factibles los avances en este tema?

Nosotros no tuvimos la mejor de las conclusiones por parte del Gobierno de Evo Morales, más bien fue un Gobierno que por muchos años dejó de manera invisible a los venezolanos que estaban en Bolivia. De hecho hay testimonios de personas que solicitaban a la Comisión Nacional del Refugiado (Conare) la condición de refugio y tenían, además, los argumentos suficientes para obtenerlo, personas que han sido perseguidas, amenazadas, que sus derechos fueron violados en Venezuela, y no se les otorgaba el refugio y los obligaban a irse a otro país. 

De Bolivia tenían que irse a otro país, a Perú, Chile, Uruguay. Insisto, por eso es que nosotros en el informe de la OEA, conscientes de que Bolivia está en una transición y de que esta desembocará en una elección, es importante que, sea quien sea electo, Bolivia tenga una política de fronteras abiertas hacia los desplazados venezolanos, tenga una política de atención y protección al migrante y refugiado venezolano, que le permita obtener su documentación, que sus documentos vencidos estén vigentes, que se les garantice el acceso a los servicios, que se les preste oportunidades para insertarse en los mercados laborales porque es una oportunidad para Bolivia de crecer con una fuerza laboral como la que pueden aportar los venezolanos.

-    ¿Qué le dice al boliviano que empieza a impacientarse con la presencia venezolana en la calle?

Al boliviano le pido que reciba al venezolano. El venezolano es gente noble, trabajadora, solidaria. Les pido que sean hospitalarios, que los abracen, que los entiendan y se pongan en sus zapatos, que está llegando no de manera voluntaria, sino porque fue expulsado de su país, que llega porque no consiguió comida, ni medicina, que fue víctima de la violencia, que se solidarice y que vea al venezolano, en primer lugar como una oportunidad para que su país mejore, porque el venezolano puede aportar mucho a la economía boliviana. 

En segundo lugar, que vea lo que hemos pasado los venezolanos para que preserve su democracia, su libertad, su estado de derecho y para que en Bolivia ni en ninguna otra parte del continente se repita lo que está sucediendo en Venezuela.