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Tapetito tiene una cereza como naricita. Cara sonrojada y de párpados verdes. Su pelo, totalmente desaliñado. Por ahora, esconde la corbata multicolor que todo payasito sabe usar. Ahora utiliza un overol de bioseguridad. Eso sí, de un rojo muy alegre.

Camina incómodo con su tanque de fumigación en la espalda de 20 litros. Sí, lleva un tanque. Porque Tapetito también fumiga las casas donde va. Lo acompaña su hermanita, Perlita (Noemí), de cabello negro largo, adornado con un listón rojo. Como Tapetito (Israel), ella también viste overol rojo, dos barbijos, uno con diseño que caracteriza su personaje y otro quirúrgico para mejorar su seguridad, además de guantes, lentes y máscara. Todo para protegerse en esta pandemia.
 
La escasez

Cuando hacían fiestas infantiles, regalaban alegría a las familias. Les iba bien. Pero desde octubre de 2019, la situación se fue poniendo difícil. Los conflictos les quitaron el trabajo. Tuvieron que devolver parte de los adelantos de los contratos firmados.

La pandemia del Covid-19 fue como la sepultura para su oficio porque se prohibieron las fiestas infantiles. “No sabíamos qué hacer”, recuerda Noemí. Agradecieron el bono Universal que recibieron porque les dio una idea. Con una parte comprarían un tanque de fumigación, para que, al momento de hacer un show, las familias se sintieran seguras. Aún creían que la cuarentena terminaría en cuestión de semanas.

Pero las medidas de aislamiento se fueron alargando y la plata faltaba. “Un verdadero artista nunca se muere de hambre”, animó Noemí y decidieron tocar puertas antes que la desesperación los acometiera. “Iremos a las casas, fumigaremos, cantaremos el Happy Birthday al cumpleañero de casa y les alegramos el día con una gotita de humor”, propuso Tapetito. Ya había un plan.
 
El impulso

Con una foto y un mensaje que dice “Tapetito Show, desinfectando tu hogar”, publicó su número de celular en Facebook. Tocaba esperar a los clientes. Como nadie los conocía, se quedaban esperando en casa, planificando qué más hacer. Decidieron recorrer los barrios, ofreciendo sus servicios por Bs 20. “Ni nos abrían la puerta”, revivieron.

De a poco, la gente se enteró. Al principio, las personas no entendían a los animadores que cargaban su tanque amarillo. “Esas son payasadas”, se burlaban en las redes sociales.
Y otros, los contrataban hasta para que desinfecte cada prenda de vestir. “Este bóxer más fumigámelo, ordenaban”, contó riendo Tapetito, cuando tuvo que desinfectar toda la ropa de una familia. En otra, desinfectaron una casa completa. “Nos vieron la cara de payasos. Era toda una casa con varios cuartos que fumigamos. Y nunca terminábamos”, contó Perlita, con una carcajada.

Pero eso sí, desde hace un mes, la mayoría de las veces, les tocó gente que les paga más por su trabajo, les regalan comida y hasta ropa. Y los niños no quieren que se vayan de sus casas.
Lo más bizarro, fue cuando se sorprendieron dentro de una casa donde había estado un enfermo con Covid-19. “Al darnos cuenta, le pedimos que dejaran protegernos más”, contó Perlita. Necesitaban valor.

“Esa primera vez nos dio miedo. Antes de entrar, nos pusimos a orar. Protegí con film mis chalupas (zapatos de payaso), nos colocamos ponchillos de agua y estábamos listos”, contó. La pareja de animadores conoce que, al salir de una casa infestada, hay que desechar todo lo que llevaban puesto en una bolsa negra con un cinto rojo para prevenir a quienes limpian las calles.

La pregunta más seria fue con qué desinfectaban. “No usamos lavandina. Utilizamos el amonio cuaternario de quinta generación. Es un producto garantizado”, mencionó Perlita. “Hicimos prueba primero con nuestras propias ropas y cama. No arruina las cosas. Es bactericida, virucida, no mancha el piso, ni la pared, es antialérgico y antiséptico”, dijo. “Y si hay una mancha, es porque los dueños no limpiaron bien”, sonríe Tapetito.

Sin maquillaje


Tapetito es Israel Choque (27). Perlita es Noemí Pamela Cáceres (23). Alejados de su profesión, -él estudió Gastronomía y también Informática y ella es comunicadora social-, decidieron comprometerse con el corazón, con las fiestas infantiles.